El duro m*****o de Levka penetraba la húmeda boca de Deborah. Para satisfacer uno de los fetiches de Levka, la amarró a la cama por las rodillas, tobillos, manos y parte del estómago. Era una cruz, igual que la mujer que colgó para que sus perros la violaran hasta que no fue más que un pedazo de carne. Deborah lo disfrutaba tanto que cuando el semen salió, lamió la cabeza hasta donde su lengua alcanzó. Levka miró a la mujer derrotada en la cama, completamente a su merced, tal como le fascinaban. —Jugaremos —articuló Levka. Aun con su pene erecto, caminó hasta una pequeña caja en su armario. Era un dildo eléctrico. Era exclusivo. No lo usó con nadie más. Fue fabricado especialmente para él. No era rudimentario como los normales. No pesaba, el dildo era enorme y usaba un control para la

