«Alguien se niega a recibirme». Al escuchar esas palabras, sintió como si se le clavara una espina en su corazón, y no pudo evitar lanzar una carcajada de amargura. «Así que Frederick ni siquiera quiere verme». Pero, al pensarlo mejor, decidió consolarse. ¡Eran los obstáculos que debía enfrentar! En vez de seguir insistiendo en entrar, se alejó de la discoteca caminando, se recostó a un poste de metal y se puso en cuclillas. «Está bien. Si no quiere verme, lo esperaré aquí. ¡Tarde o temprano, tendrá que salir!». Pero no contó con que la espera sería de varias horas. Richard se estaba divirtiendo tanto que había perdido la cabeza, y había olvidado a Sheryl por completo. Por su parte, Frederick continuaba sentado bebiendo en una esquina, observando callado y aburrido cómo los demás s

