Pov Luciana El sonido de las olas reventando en la orilla me hace abrir los ojos. Me restriego el rostro somnolienta y busco a Ángel a mi lado pero no está; no me preocupo, estuvimos toda la mañana y la tarde en la cama comiéndonos sin descanso hasta quedarnos completamente dormidos. Una siesta extraña ya que, aunque a mí me encanta dormír sola y sin nadie pegado a mi cuerpo hoy fue distinto, me agradó la sola idea de sentirlo cerca, de escuchar su respirar pesado producto del cansancio y los golpes en el pecho de su corazón bombeando sangre. Me siento en la cama y estiro la mano para tomar el móvil de Ángel que reposa en la mesa de noche junto a su arma y a la mía; detallo la hora y son más de las siete de la noche y me lo confirma el sonido fuerte de mi estómago. Intento colocar el mó

