CALL
-¿Doctor? – Unos suaves golpes seguido de una dulce voz llaman a mi puerta.
-Puedes seguir, Pamela – Le digo a mi asistente.
La puerta se abre y entra la mujer que me ha acompañado desde hace dos años que llegué a este hospital.
Ser psiquiatra era mi mayor sueño. Claro que no el de mi padre, para él la vida que llevo es un desperdicio, ya que desde pequeño me ha entrenado para seguir con su legado, y reclamar el puesto que me ha sido otorgado por ser el hijo del jefe de la mafia irlandesa.
A decir verdad esa vida la odio, es solo muerte y destrucción, esa vida fue la que se llevó a mi madre, he visto morir a tantas personas, he visto tanta sangre, que me asquea de solo pensar en ella.
Por eso quise alejarme lo mas que pude, aunque no del todo.
-¿Que pasa, Pamela? – Mi asistente me mira con cautela.
La veo moverse de un pie al otro, como si quisiera decirme algo, pero no se atreve.
-Doctor, es que... - Titubea.
-Di lo lo que pasa.
La veo tomar una bocana de aire, Pamela es una chica dulce, educada, debo decir que es muy bonita, su largo cabello rubio, esos grandes ojos café, largas pestañas, es delgada, pero tiene unas buena curvas, tiene aspecto angelical e inocente que volvería loco a cualquiera.
Pero por muy hermosa que sea, no es mi tipo de mujer. No me las voy a dar de santo, he tenido a varias mujeres en calentando mi cama, pero he sido cuidadoso a la hora de manejarlas, soy siempre claro con lo que busco y me encargo de que no solo yo disfrute.
-Hay dos hombres, con armas afuera de su oficina – Su voz es casi un susurro, pero puede escuchar lo que dijo.
Me llevo las palmas de la mano al rostro. Intento tomar aire, y calmar el dolor de cabeza que se me dispara al escuchar esas palabras.
Le he dicho a mi padre que se abstenga de enviar a sus matones a cuidarme, eso asusta al personal del hospital y sobre todo a mis pacientes.
-No te preocupes por ellos – Digo exasperado – Mas tarde me encargo de que se vayan.
No quiero que se enteren que soy el hijo de un maldito mafioso, he intentado mantener un perfil bajo, pero mi padre me pone siempre las cosas difíciles.
Pamela me mira y veo ese brillo en sus ojos.
-¿Algo mas? – Pregunto al ver que no me dice nada.
Se aclara la garganta. Su lengua humecta sus labios y puedo ver el deseo plasmado en esos grandes ojos café.
-Si. Hoy tiene una nueva paciente.
-¿Una nueva paciente?
-Si, es una chica.
-¿Tienes su historial clínico?
Ella siente y me entrega el sobre que tiene en las manos.
-¿A que hora es la cita? – Ojeo los papeles que me acaba de entregar Pamela.
-En unos 30 minutos.
Respiro hondo, me gusta tener tiempo para estudiar primero el historial clínico de los pacientes que son remetidos a mi, asi me puedo hacer una idea de con qué estoy tratando.
-¿Por que me notificas hasta ahora?
Pamela se relame los labios y no me pierdo que desde que ha entrado a mi oficina no me ha quitado los ojos de mis labios.
-¡Lo siento, doctor! – Su voz suena entrecortada – Hasta ahora me llegó a mi correo la notificación. La chica viene recomendada del director del hospital.
Suelto un suspiro, sé que Pamela no tiene la culpa, ya que ella no es la que lleva el control de los pacientes que nos son asignados.
-No te preocupes, Pam. Solo avísame cuando llegué – Ella asiente con la cabeza – Y no te preocupes por los hombres de afuera, me voy a encargar de que se vayan lo mas rápido posible.
Pamela me da una tierna sonrisa y sale de mi consultorio. Me tomo unos segundos para aclarar mi mente y poder tranquilizarme.
Nunca ha sido fácil hablar con mi padre, sé que me quiere, eso nunca lo he dudado, pero tambien sé que quiere controlar mi vida como si fuera uno de sus hombres y eso es en lo único que no pienso darle autoridad.
Tomo el celular, dudo un poco en presionar la tecla, pero necesito que se lleve a sus hombres, no quiero que dañe todo mi trabajo de mantenerme fuera del radar de todos sus enemigos.
Cuando sé que ya no puedo seguir posponiendo esta conversación, presiona la tecla. El tono replica tres veces y luego una voz profunda y ronca se escucha al otro lado de la línea.
-Mac – Escuchar la voz de mi padre hace que mi cuerpo se tense.
Aunque lo quiero siempre lo he culpado por la muerte de mi madre, gracias a la vida que ha llevado ella tuvo que pagar por ello.
-Athair – Aprieto con fuerza el aparato.
-¿A que debo el honor de esta llamada? – Noto el leve sarcasmo en su tono.
-Necesito que te lleves a tus perros del hospital – Contesto tajante.
La línea se queda en silencio por unos segundos, pienso que me ha colgado cuando un suspiro me avisa que aun sigue allí.
-No puedo – Otro silencio – No, puedo.
Es lo único que repite.
-¿Por qué no?
Vuelve a quedarse callado y eso es lo que me caga de mi padre, siempre ha querido que forme parte de su vida, pero tambien ha luchador por mantenerme alejado de todo. Es como si tuviera una batalla entre el mafioso que quiere que su hijo se haga cargo de su puesto cuando este tenga que jubilarse y el padre que lucha a toda costa por mantenerme a salvo.
Mi madre murió en medio de una emboscada hace unos 10 años. Estábamos en casa, cuando un grupo de mercenarios tomaron la casa y comenzaron a eliminar a todos los que allí estaban.
Buscaban a mi padre, pero este había salido a un viaje y no se encontraba. Mi madre logró esconderme en unos de los pasadizos secretos que teníamos, pero ella no pudo seguirme. Por lo que vi como le metían un tiro en la cabeza.
-Coileán – Su voz ya se siente cansada – Solo acepta mi respuesta.
Me levanto rápidamente de la silla y camino por todo el consultorio.
-¡No! – Grito – No voy aceptar esa estúpida respuesta. Quiero saber que pasa ¿Por que diablos no puedes quitarme a esos dos tipos de allí? He tratado de mantenerme fuera de tu maldito mundo, y hasta ahora lo he hecho bien. Quiero que me digas que demonios hiciste para que otra vez me pongas seguridad.
-Call – Puedo imaginarlo ya pasándose las manos por el cabello – Estoy en una guerra.
-¿En una guerra con quien? – Inquiero.
-Con la mafia rusa y la mafia de Londres.
Suelto una carcajada. Aunque no viva en ese mundo, todo aquel que ha crecido en las mafias sabe bien quienes son ellos. El Pakhan o Boss de la mafia rusa es el líder de una organización donde tiene acuerdos con el resto de la mafias para que no entorpezcan los negocios, el segundo al mando fue un fantasma por mucho tiempo, pero todos sabia lo loco que estaba, el hombre era un psicópata que mataba a todo aquel que no hiciera lo que dijera, era un sádico que no sentía respeto por la vida de nadie. Lo único que se rescata, es que odian la trata de personas y a los pedófilos. Nadie sabe muy bien por qué, han habido muchas historias alrededor de esto, pero ninguna es confirmada.
Solo sé la historia, pero nunca me esforcé por saber el nombre de dichas personas. Ya que ese mundo me repugna.
-¿Por que tienes una maldita guerra con ellos?
-Porque quiero llevar la trata de persona a Londres – Me dice como si eso fuera normal.
Un nudo se me forma en la garganta, la bilis se me sube y me quema. El dolor de cabeza comienza a matarme.
-¿Que quieres hacer que? – No puedo creer lo que escucho.
Mi padre resopla.
-Es un negocio lucrativo, uno de los que hacían parte de la organización lo manejó por un tiempo, claro está sin que el Pankhan lo supiera y ganó mucha dinero, yo quiero retomarlo y para eso, necesito muerto al Boss y al underboss, pero tiene a una perra, si no estoy mal es su hija que es mucho peor que el padre y la madre juntos. Por eso necesito mantenerte a salvo, necesito eliminarla a ella para poder tener vía libre con los planes que tengo.
Suelto una carcajada incrédulo.
-Esto tiene que ser una maldita broma – Tengo que sentarme, la cabeza comienza a darme vuelta.
-Coileán – Intenta suavizar el tono.
-No – Lo detengo – No me interesa saber tus planes, no me interesa saber de tu asqueroso mundo, solo quiero que te mantengas alejado de mi y que te lleves a tus perros, aterrorizan a mis pacientes y al personal del hospital.
-Ese tema no está en discusión – Usa el tono autoritario en mi.
-O te los llevas o los echo yo – Respondo en el mismo tono – Tu decides.
-No puedo dejarte sin seguridad, van a ir por ti – Grita.
-Me importa una mierda – Ladro – Yo no tengo nada que ver con tu mundo y tampoco quiero ser parte de él. Ese maldito entorno fue el que me quitó a mi madre y mientras tu te ibas de viaje a hacer negocios y follarte a quien sabe quien, mi madre y yo éramos atacados y ella era masacrada. Asi que ahora no quieras venir a protegerme cuando ni siquiera fuiste capaz de mantener viva a tu mujer.
-Aun asi, no puedo dejarte sin seguridad – Otra vez me baja el tono.
Aprieto las palmas de mi mano contra mis ojos, la luz está hacienda que el dolor empeore.
-No los quiero aquí – Demando – Los quiero a ellos y a ti a metros de mi.
-Voy a matar a esa perra y adueñarme de la organización, asi no tendré que estar cuidándote porque ya no tendré enemigos que quieran ir por ti.
Otra carcajada sale de mi.
-Suerte con eso. Si no estoy mal hace muchos años intentaron matar al segundo al mando y su mujer masacró a todos los que participaron en eso. Ambos son unos psicópatas, pero les envido que por lo menos saben como mantener a sus familia a salvo.
-Callahan.
-Solo espero que no mueras en el proceso.
Antes de que diga algo le cuelgo. No quiero escucharlo, tampoco quiero saber sus planes ya que me repugnan.
¿Trata de personas?
Es lo peor que se le ha ocurrido.
Estoy sentado en el sillón que hay en mi consultorio, tengo la cabeza apoyada en el espaldar y un brazo sobre mis ojos. Cada vez que hablo con mi padre siento que me roba la energía y me deja exhausto.
Mi puerta se abre, pero aun no quiero mirar, debe ser Pamela. Aunque es raro que no haya tocado. Unos pasos se acercan, aunque no veo a quienes pertenecen se siente firme y decididos.
El ambiente en mi consultorio se pone un poco extraño, es como si la temperatura hubiera bajo, un escalofrío recorre mi espina dorsal, los bellos de mi nuca se erizan un aroma a infierno y pecado invade mis fosas natales, mi cuerpo se tensa y el corazón comienza a latirme tan rápidamente que siento como choca con mis costillas.
Siento en mi una mirada fría y penetrante que me hace abrir los ojos de golpe y cuando veo a la persona que tengo adelante la respiración se me corta. No puedo pronunciar ni una sola palabra, la garganta se me seca.
¿Pero, qué mierda?
¿De donde ha salido?
Unos hermosos ojos grises me miran con fascinación, pero además de eso, puedo ver que aunque sean grises son como la entrada al infierno. El cabello n***o le llega hasta la cintura, lo tiene ondas, su piel es blanca como la nieve, parece tersa y como si fuera porcelana, unos labios carnosos, unas largas pestañas, es delgada, pero puedo ver por encima del pantalón de cuero y la ajustada camisa que lleva que tiene curvas, el ángel que tengo delante de mi, ladea la cabeza y el atisbo de una sonrisa se le dibuja en el rostro.
Que cosita mas hermosa.
¿Qué me pasa?
¿Por que no puedo moverme?
Siento que he sido hechizado.
Lo odio.
Odio como me siento ahora.
Me obligo hablar, a salir de este trance en el que la creatura que tengo delante de mi me ha sometido.
-¿Quien eres? – Mi tono sale mas tosco de lo que he querido.
No dice nada, solo me mira y me mira, y no puedo decir que me hace sentir tener esos ojos en mi. hace que mi cuerpo reaccione de una manera que jamás pensé.
-Le hice una pregunta. Señorita – Me levanto.
Comienzo a caminar y Pamela entra apurada al consultorio, la respiración la tiene agitada y es como si hubiera corrido una maratón.
-¡Lo siento, doctor! – Dice entre jadeos – La señorita no espero a ser anunciada. Ella es la nueva paciente.
Miro a la diosa que tengo detrás de mi, sigue sin decir nada, solo mira a Pamela y después a mi, y veo como frunce el ceño.
¿Qué diablos?
-No te preocupes – Le indico a Pamela que puede irse.
Me giro y le indico a la mujer que no ha dejado de verme que puede tomar asiento. Camino hacia la silla y me dejo caer.
-Buenas tardes. Mi nombre es Callahan – Intento que su intense mirada no me afecte – Voy a ser tu psiquiatra ¿Puedes decirme tu nombre?
Ella sigue de pie, la veo caminar lentamente hacia mi. Cada musculo de mi cuerpo se tensa, la respiración comienza agitarse y me toma todo mi autocontrol no moverme, cuando la tengo cerca se inclina y puedo sentir su aliento fundiéndose con el mío.
-Eres la cosa mas hermosa que he visto en mi vida – Su lengua se remoja los labios – Y por lo general no sé que hacer con ellas.
-¿Eh? - Inquiero atónito.
-¿Doctor? - Su rostro está demasiado cerca al mío.
-¿Si?
-¿Usted cree en el destino?
No entiendo sus palabras, pero siento que penetran cada parte de mi. se clavan en mi cabeza y tengo la certeza de que esto no es nada bueno.