Las sonrisas de los niños rompían el silencio en el campo, mientras corrían de un lado hacía el otro, felices. —¡El tiempo pasa volando! —Verónica sonrió mientras sus gemelas corrían tras la pelota que Matías les había lanzado. —Es realmente increíble, Anabella cumplirá ocho el próximo mes, siento que su niñez está pasando demasiado rápido, temo cerrar los ojos y al abrirlos sea todo una señorita —Me asustaba tanto como me emocionaba la idea de ver a mi hija crecer. —Estoy temiendo ese momento Sandro es posesivo y que decir de Alejandro y Matías, mis pobres hijas tendrán que tener mucho cuidado —sonreímos —Anabella tampoco la tiene fácil, Matteo es difícil si por el fuera encerraría a Ana en la bodega de Vinos —Cielos no exageres —comentó, pero no era ninguna exageración, Matteo era

