Elena ElenaTane frunció el ceño estudiando el micrófono de alta tecnología que acababa de colocarle en su palma. Cuando era una bestia, sus expresiones eran mucho más difíciles de descifrar. ¿Estaba enfadado? ¿Conmocionado? ¿Decepcionado? ¿Nervioso? ¿Asustado? No. Los dos últimos eran lo que yo sentía. Temblaba tanto que no sabía cuánto tiempo más podría soportar estos tacones. Tane levantó el diminuto objeto a la altura de sus ojos y observé, fascinada, cómo algo que parecía un código de computador plateado, o rayos de electricidad, se veía en sus ojos. Sabía, razonablemente, que Tane venía de la Colonia. Había leído que los hombres, los extraterrestres, que vivían allí habían sido capturados por el malvado Enjambre, el enemigo de toda la Coalición y la razón de su trato con la Tierra

