—Debes quitarte esta ropa… —cuando Enzo dijo las palabras, Gianna lo miró fijamente mientras negó. —Era mejor irme a casa, señor… —Tus padres pensarán que somos inhumanos si llegas en estas condiciones, y la verdad es que si… ¿Has pensado en que vas a enfermarte con esta lluvia y este frío? —Enzo le quitó la chaqueta, y la arrimó hacia la chimenea de la sala, que anteriormente había encendido—. Buscaré algo para ti… —Por favor… —ella lo detuvo en forma de súplica—. No me dé nada de su esposa… la conozco. El hombre apretó los dientes, y luego asintió para subir a su habitación. La mayoría de sus empleados no estaba, y era que él acostumbraba a que todos se fueran a casa, o terminaran su jornada finalizando la tarde. Casi nunca cenaba con Antonella allí, así que no era indispensable

