— ¿Me vas a contar que pasa o voy a tener que adivinarlo?
Adri se detuvo. Ya caminaba hacia la salida, después de recoger el local con Isabel. Cerraban dos horas al mediodía. La verdad es que estaba ya tardando en decirle algo, desde esa mañana no hacía más que lanzarle miraditas reservadas, donde la curiosidad y el escrutinio se mezclaban. Estaba claro que había esperado a que la cafetería estuviera vacía de clientes para tener la tranquilidad y la intimidad necesarias para someterla a su particular tercer grado. Adri se sentó en una de las sillas e invitó a Isabel a hacer lo propio.
— Mejor te lo explico yo que tú eres muy mala adivinando.
— Hija, pero lo suficientemente buena como para darme cuenta de que te traes algo con el chico ese…Leo. Así que desembucha que para eso soy tu amiga.
— Bueno, es que el chaval está un poco agobiado.
— Cuéntame algo que no sepa, guapa. Se ve a la legua que está hecho polvo ¿es por tu culpa?
— No seas boba…
— Ya me imaginaba, no te ofendas pero no te veo yo rompiendo corazones entre los clientes ¿entonces?
— Si te lo cuento júrame que se queda aquí. Él confía en mí…
— La duda ofende Adri…contestó Isabel con un tono y una pose falsamente afectada que las hizo sonreír a las dos…
— No, en serio. Júramelo.
— Que sí, pesada…respondió impaciente.
Adri respiró hondo. Algo tenía que contarle a Isabel, pero ¿hasta dónde convenía informarla?
— Tiene novia y la relación está mal. La pilló con otro.
Isabel no pudo evitar poner cara de satisfacción…la historia era más jugosa de lo que parecía…
— Fiuuuuuu un tema de cuernos… ¿Cómo de mal está la cosa?
— Fatal. Está hecho un lio. Ella trata que la perdone.
— Y no sabe qué hacer ¿verdad? Eso es porque aun la quiere, claro.
El comentario no sentó nada bien a Adri, pero procuró que no se le notara.
— Lo primero que tiene que hacer es tranquilizarse. Que deje de hervir la olla y luego decidir cuando pueda verla sin que le vengan ganas de darle una patada en el coño.
— Posiblemente se lo merezca la tipa. Igual esa patada le venía bien a los dos, jajajaaaaa…
— Estamos de acuerdo, pero no quiero meterme demasiado. No me atrevo a decirle que decisión debe tomar, es una responsabilidad. Si la caga, que la cague solo.
— Claro, claro, si sale mal que no te pueda echar nadie el muerto encima.
— Pues eso es todo…
Isabel levantó una ceja y frunció el ceño…
— Y una mierda “eso es todo”…dijo en falsete burlándose de su amiga ¿te crees que me he caído de un guindo? Explícame por qué te cuenta todo eso precisamente a ti.
Adri comprendió que iba a tener que soltar más de lo que ella pensaba. A partir de aquí tendría que andar con pies de plomo y pensar cada palabra que dijera.
— Has prometido que esto quedaría entre las dos…
— Que siiiiiii…
— No es un cliente normal. Este chico es distinto.
— Distinto…claro que sí, no te creas que no me he dado cuenta como lo miras ¿Desde cuándo te gusta?
— No he dicho que me guste, solo es que entre nosotros hay confianza…
— ¿Confianza? ¿Ahora se llama así?
— No seas bruta…hace tiempo que lo conozco, por eso me cuenta todas estas cosas. Necesita hablar con alguien.
— Lo conoces desde el mismo tiempo que yo, guapa, desde que abrimos la cafetería hace dos años, y sin embargo a mí no me cuenta sus intimidades…y eso que le he servido tantos o más cafés que tú. ¿Me lo vas a contar todo o te lo tendré que sacar a latigazos? Respondió mientras la golpeaba con el tirante de su bolso…
Adriana puso los ojos en blanco y resopló…
— Leo fue mi primer novio. Nos conocemos desde el instituto.
— ¡Toma ya! Ahora sí que te explicas. Nunca me lo habías dicho. Joder que calladito te lo tenías…así que te estrenaste con un cliente…
— Cuando salíamos no era un “cliente”, so lista, que eres tú muy lista…además, estuvimos menos de un mes juntos y no “me estrené” con él…
— Pero tú ya has follado ¿no? ¿O sigues virgo?
Las dos se rieron a carcajadas. Aquellas salidas de Isabel la mataban. Era con la única que se permitía aquellas confianzas sobre su intimidad.
— Eso ya me lo has preguntado muchas veces y sabes que no.
— Hija es que a veces lo dudo…te veo tan…entera…
— Mira que eres cabrona…sabes perfectamente que ya no estoy entera. Una cosa es que sea seria y no vaya contando por ahí mis intimidades, sabes que solo confío en ti…y a veces no demasiado. Lo que pasa es que no todas tenemos tu facilidad para las relaciones sociales…y de las otras...
— ¿Me estas llamando puta?
Nuevas risas…
— Hija es que eres tan reservada, hay que sacarte las cosas con sacacorchos… ¿Quieres saber cómo perdí yo la virginidad?
A Adri no le pareció mala idea desviar un poco la conversación. Además, le picaba la curiosidad.
— Sí, venga cuenta.
— Fue con el hermano del chico del que estaba enamorada.
— Yo creía que fue con Julián, tu primer…
— No, ese ya me pilló con el precinto quitado. Esto no se lo he contado a nadie, hasta Julián cree que fue el primero, para eso los tíos son muy torpes y se les engaña con facilidad. Eso para que veas que confío en ti.
Lo cierto es que mi primer amor fue un chico cinco años mayor que yo. Estaba loquita por él, pero claro, yo jugaba en una división muy inferior, me veía todavía casi como a una cría. Yo no sabía cómo llamar su atención. Y cada vez que intentaba un acercamiento, metía la pata. Quedaba como más niñata de lo que era aún. Todavía no me manejaba bien con los hombres. Decidí que la mejor estrategia era la cercanía. Si estaba a su lado, igual al final conseguía que me mirara con otros ojos. Así que me hice novia de su hermano pequeño, que ese era de mi edad.
— ¿Te hiciste novia de un chaval para ligarte a su hermano?
— Lo que fuera para entrar en su casa y tener excusa para verlo. ¿Qué otra cosa se te hubiera ocurrido a ti? No iba a llegar a su pandilla a ver si me dejaban entrar. Eran ya tíos y tías de veintitantos años largos. En fin, yendo al grano. La cosa sucedió un sábado que los padres se fueron de viaje. Su hermana y el novio, mi amor platónico y mi pareja de circunstancias, aprovechamos para pedir unas pizzas y pasar el día de juerga en la casa. Tenían una piscina en el patio. La mano se nos fue un poco con el alcohol y acabamos en la piscina jugando a perseguirnos con una pelota.
Yo iba en plan lolita, a ver si él se fijaba. Un bañador tanga que me dejaba todo el culo al aire y la parte de arriba dos tallas menos. Con cada movimiento brusco se me salían fuera las tetas. En una de las peleíllas, me subí a caballito suyo para evitar que cogiera la pelota. En el forcejeo se me salieron los pechos y tuvo que notar como se los restregaba por la espalda. Yo me puse a mil, la verdad, pero Manolo (así se llamaba) seguía sin darse por enterado. Luego nos pusimos a tomar el sol. Él en una tumbona y mi novio y yo en el suelo en las toallas. Su hermana dijo que se subían a echar la siesta a su dormitorio. Todos tuvimos claro que iban a follar, lo cual me encendió aún más. Ese día, te lo aseguro, estaba muy perra. Tenía claro que iba a pasar algo porque no me controlaba las ganas. Si no era con Manolo, con Jaime, pero alguien tenía que calmarme los picores.
Así que me puse encima de mi novio y con la excusa de echarle crema, empecé a darle un masaje en la espalda. Luego, se dio la vuelta y yo seguí sentada sobre su paquete. La tenía para reventar chica. Y yo dándole crema en el pecho y moviendo la cintura para refregármela bien con todo mi coño, que a esas alturas estaba chorreando y no precisamente del agua.
— Que bruta ¿no?
— Mira, yo tenía claro que aquella era mi oportunidad. Si ese día no aprovechaba, mejor ocasión no iba a tener. Yo estaba poniendo cardiaco al pobre chaval, pero su hermano solo me miraba con el rabillo del ojo y soltaba alguna que otra risita. Como que era cosa nuestra y le hacía gracia sin más. En fin, que de pronto, se levantó y se fue para dentro. Yo aguanté un minuto más y le dije a mi novio que iba al servicio y a cambiarme el bañador, que estaba mojado.
— Uyyyyy que te veo venir.
— A ver hija, ¿qué otra cosa podía hacer más que intentar que Manolo reaccionara?
— Me di cuenta que estaba en el aseo, así que esperé un poco y cuando oí la puerta, me quité la parte de arriba y con ella en la mano me fui por el pasillo. No se lo esperaba, se quedó con los ojos como platos mirando mis tetas que botaban al andar.
Voy a cambiarme el bañador que lo tengo chorreando, le dije…ah…contestó sin saber que más decir. Cuando me crucé en el pasillo, se pegó a la pared como una lapa, no fuera a rozarse conmigo.
— Pero en la piscina…
— Ya, pero aquello fue jugando y con los demás. Aquí estábamos solos y se ve que no quería equívocos. Salió huyendo como alma que lleva el diablo. Ahí ya me di cuenta que no había nada que hacer. Si ni por esas, ya solo me faltaba tirarme en pelotas encima suya.
— ¿Y qué hiciste?
— Me subí a cambiarme el bañador, tenía mi mochila en el cuarto de Jaime. Y ¿qué te crees que me pasó? Como si ya no tuviera bastante, al pasar por el cuarto de su hermana la oí follar con el novio. Se oían los golpes secos de la cama dando en la pared y ella a grito pelado. Le estaban dando bien fuerte. Para una vez que los padres no estaban se aprovecharon. Me quedé como hipnotizada. Había visto pelis porno, pero nunca había escuchado en directo follar así a nadie. Al momento ya estaba el pavo también resoplando. En menos de dos minutos ella se corrió como una loca. Empezó a decir guarrerías y a pedirle a su novio que se corriera también, para coincidir los dos. No veas que polvazo se pegaron. Lo que me faltaba a mí, que tenía el subidón desde hacía una hora.
Me cambié y me bajé a la piscina. Mi novio estaba esperándome para seguir jugando. Lo tenía cachondito perdido, pero era un paradete. No se atrevía a pedirme que nos quitáramos de en medio, ni a hacer nada más estando allí su hermano. Y yo, que ya me subía por las paredes, me decidí. Si no con uno, con otro, pero yo tenía que desahogarme como fuera. Así que en voz alta, para que lo oyera bien Manolo, le dije: vamos a tu habitación, a dormir también la siesta…Isabel pronunció las últimas palabras con tono de cachondeo, indicando que le había mandado un mensaje claro a su cuñado. Si no me prestas atención, peor para ti. Tú te lo pierdes.
Cuando llegamos a su habitación se quitó el bañador para no mojar la cama. La verdad es que Jaime, como premio de consolación tampoco estaba mal. En unos años seguramente sería muy parecido a su hermano. Físicamente, porque luego era muy paradete como ya te he contado.
Me quité el bikini que me había puesto y me quedé yo también en pelotas. Entonces nos echamos en la cama y como siempre, tuve que tomar yo la iniciativa. Hasta entonces habíamos hecho poca cosa, lo justo para tenerlo controlado, porque yo a quien quería tener en mi cama era a su hermano. Normalmente se la chupaba un poco y luego, cuando estaba ya que no podía más, acaba masturbándolo. El me tocaba a mí, pero no sabía hacerlo bien, así que casi siempre tenía que terminar yo sola.
Esta tarde, lo había puesto tan cachondo que apenas empecé a chupársela ya se corrió. Me dio el tiempo justo para sacármela de la boca antes de que se vaciara entero dentro. También es que yo le puse mucho énfasis, puedes imaginar que estaba muy subidita.
Visto lo visto, me eche a la cama y empecé apretarme las tetas y a masturbarme. Me metió la mano entre los muslos, pero como siempre, me causaba más molestia que placer. Así que me abrí de piernas y le dije que probara a chupármelo. Él, todo obediente, lo hizo. Aquello me puso como una moto, aunque tampoco es que lo hiciera muy bien. Pero el sentir una lengua dándome ahí...ufff.
Yo ya estaba a punto de caramelo y en esa situación pensé, que sería todo un desperdicio tener que hacerme yo misma una paja. Quería más. Así que lo atraje hacia mí y metí la mano entre sus piernas para agarrársela. La tenía un poquito morcillona, pero en cuanto la cogí y le pegué dos meneos, se le puso dura de nuevo. Me la froté un poco contra mi coñito y probé a meterme la punta. La verdad es que entró sin mucha dificultad. Hubo un momento en que me dolió pero luego, ya despacito, metiéndola y sacándola, al final me desvirgó.
Yo estaba muy excitada. Cerré los ojos y pensé que era Manuel el que me la estaba metiendo. Fue una mezcla rara de dolor y placer. Como ya se había corrido, yo supuse que aguantaría, así que me la dejé dentro y me masturbé mientras él se quedaba quieto sobre mí. Me costó un poco de trabajo pero al final me corrí yo también.
La verdad es que el segundo polvo fue mucho mejor. Ese ya lo disfrute más.
— ¿Volvisteis hacerlo enseguida?
— No, qué va, esta tarde después de follar ya se me bajo el subidón y me puse un poquito melancólica. Me vino la resaca de todo. Ya me di cuenta que con Manuel no había forma. No obstante, seguí saliendo con Jaime unas semanas más. Ya que había perdido la virginidad, pues había que aprovecharse. No es que fueran unos polvos antológicos, pero era algo nuevo y desde luego mucho más placentero lo que habíamos hecho hasta entonces. Luego, ya corté con él. Me empezó a gustar otro chico.
— Vaya tela, exclamó Adri, anda que no tienes curriculum tú.
— Pues sí, pero mira, si mientras me lo voy pasando bien... Pero oye, volvamos al asunto: ¿Qué pasa con este? ¿Te gusta o no te gusta? Igual ahora tienes el campo libre.
— Es pronto para hablar. Igual al final sigue con su novia. Además, no sé si quiero volver a intentarlo con él. Lo que pasa es que cuando salimos nos cogimos mucho cariño y todavía me acuerdo.
— Pero ¿Por qué lo dejasteis?
— Bueno, ya sabes, éramos unos críos y nos daba miedo el compromiso. No estábamos preparados aun para una relación seria.
— Joder, hija vaya respuesta de manual, contestó una Isabel que no parecía nada convencida con esa explicación.
— Bueno, venga que se nos echa la hora y en un rato otra vez aquí, cortó Adri, que no quería profundizar. Demasiado había contado ya.
— Vale, pero esto no se queda aquí guapa, me lo tienes que contar todo.
— Que sí…