Leandro se acercó con dificultad a la habitación donde Isabelle dormía, la puerta estaba entreabierta y su mirada viajó a su abultado vientre y la fea mancha que le había dejado la sopa caliente. Por un momento se sintió culpable, no había sido esa su intención, pero las cosas no habían salido como él esperaba. «¿Qué rayos me importa? ¿Por qué debo preocuparme por ella?», pensó. Pues su único deseo real era hacerla sufrir, después de todo era enteramente su culpa el haber terminado casada con él. Isabelle giró su rostro al escuchar el ruido de la puerta y bajó su blusón para cubrir su vientre. —¿Qué haces aquí? —preguntó sin moverse un solo centímetro de la cama. —Lo siento, no fue mi intención lastimarte —dijo el hombre y la chica no pudo evitar verlo con sospecha. —Estoy bien, no t

