Capítulo 5. Confesión

1824 คำ
«¿Estás enamorado de alguien?» Marcelo se tensó al escuchar la pregunta de Alessandra, ella lo había tomado por sorpresa, no esperó que se interesara en su vida amorosa; sin embargo, no podía confesarle de su interés por Miranda, no deseaba que se sintiera decepcionada de él, no quería que pensara que era un idiota que se conformaba con ser el otro en una historia de amor a la que llegó tarde. Él apartó la mirada, sintiendo un nudo en la garganta, volvió su atención a Kiara, quien sonría feliz y radiante, sus pensamientos no pudieron ir a Miranda, la mujer con quien creyó que tendría una feliz historia de amor. Marcelo apretó los puños, no deseaba pensar más en ella y, mucho menos, hablar de los sentimientos que albergaba por Miranda desde hace un año, todo lo que quería era olvidarse de ella y continuar con su vida; no obstante, olvidarse de los sentimientos no era fácil y sabía que todo llevaba su tiempo. —Marcelo… —Será mejor que vayamos a nuestras habitaciones y nos preparemos para la cena. El viaje ha sido cansado —musitó, decidido a no responder a la pregunta hecha por Alessandra. Decidido a que ella no conociera su secreto. Alessandra sintió que el corazón se le hundía, sus esperanzas de tener algo con él se rompieron, se mordió el labio y no insistió, le echó una mirada a la pareja que seguía abrazada y feliz, y acompañó a Marcelo. —Espera —le pidió él. Alessandra se detuvo, pero no se giró para verlo. No quería que viera la decepción en sus ojos, no quería que… ella dejó de pensar en el momento en el que sintió el sobretodo cubrirle el cuerpo y las manos de Marcelo sobre sus hombros. —No puedes ir sin esto —le susurró muy cerca del oído, ella no pudo evitar temblar. Lo que estaba sintiendo por Marcelo la hacía vulnerable ante sus pequeñas acciones, eso no era bueno. No podía ser bueno, porque no quería sufrir, sin embargo, su corazón seguía acelerándose ante su cercanía, ante sus pequeñas acciones, pero el corazón no entendía de razones. Marcelo caminó al lado de Alessandra, la acompañó hasta la puerta de su habitación en completo silencio, no sabía qué decir o de qué conversar. —Gracias por acompañarme, te veo en la cena —musitó ella sin verlo, abrió la puerta y la cerró, dejando a Marcelo con la palabra en la boca. Alessandra se sentó en el sillón y miró a un punto en la nada, suspiró y cerró los ojos. No podía esperar una confesión por parte de Marcelo, tenía que ser madura y aceptarlo, quizá su acercamiento de los últimos días no tuviera nada que ver con el amor, sino solo con la amistad que les unía desde que eran niños; sin embargo… El sonido de su móvil la sacó de sus cavilaciones, se fijó en el remitente, respiró profundamente y respondió. —Aló. —Hola, guapa, ¿cómo estás? Alessandra se levantó del sillón y caminó hacia el balcón, mientras meditaba para responderle a su hermano. —Bien, me he tomado unas vacaciones. —Algo me dijo mamá, ¿qué tal todo? —preguntó Fabio. —De maravilla —mintió, su corazón estaba dolido por la falta de respuesta de Marcelo, pero Fabio no tenía por qué enterarse. —Me alegro, cariño, ¿cómo sigue Pat? —Tiene una férula debido a su lesión, pero va recuperándose —le contó—. Astrid debe estar triste de no poder estar con él y no poder cuidarlo como es debido. Tal vez, esto la haga volver. El silencio se apoderó de la línea telefónica. —¿Fabio, sigues allí? —preguntó. —Sí. —¿Qué pasa? —Astrid y Patrick terminaron su relación. Alessandra abrió los ojos con sorpresa. —¿Qué? —Ellos solo son amigos, Alessa, no hay ningún otro tipo de relación entre ellos. Alessandra recordó el día que visitó a Patrick, el día del accidente y le preguntó por Astrid, sus mejillas se tiñeron de rojo por la vergüenza. Había sido indiscreta sin saberlo. —Vaya, no me lo esperaba —musitó Alessandra sin saber qué decir. —Te dejo, cariño, solo quería saber cómo estabas, nuestros padres han regresado de sus cortas vacaciones y Nicole estará a cargo de la agencia mientras vuelves. Alessandra asintió como si su hermano pudiera verla, al darse cuenta, se apresuró a responder. ­—Gracias, me fui tan repentinamente, que no pude avisarle a Nicole, voy a disculparme con ella cuando vuelva —dijo. —Nicole es parte de la empresa, sabe que es ella quien debe tomar la responsabilidad cuando uno de nosotros no esté, no podemos esperar a que Adriano se inmiscuya, su interés es la producción de chocolate y ocupar el lugar del tío Renato en la fábrica. Alessandra lo sabía, Adriano había heredado de su padre la pasión por el chocolate, Renato era quien había sido y seguía siendo el brazo derecho de Ricardo. Dos hermanos del corazón. Ellos se despidieron luego de unos minutos más de conversación. Alessandra se dio un baño, se secó el cabello y se recostó sobre el sillón, cogió su libro y se puso a leer, esperando el momento de reunirse para cenar. Dos horas más tarde, bajó para reunirse con la familia. La cena transcurrió sin ninguna novedad, todos lucían muy contentos y ni hablar de Kiara, que no apartaba la mirada de Harrison y qué decir de él, miraba a Kiara como si fuese su joya más preciada. Alessandra desvió la mirada a Marcelo, él había estado en silencio durante toda la cena y, de alguna manera, le preocupó, no podía evitarlo. —Me gustaría estar más tiempo con ustedes, pero Mía necesita descansar, así que, nos retiramos —se excusó Patrick, mirando a Meghan y a Mía. Ellas asintieron y se pusieron de pie cuando Patrick lo hizo y lo acompañaron a la habitación. —Supongo que debes hacer lo mismo —musitó ella, al ver que Marcelo seguía en la mesa. —No, no vamos a encerrarnos en nuestra habitación, vayamos a divertirnos —propuso Kiara—. Vamos a bailar, ¿qué dices, Marcelo? Marcelo se levantó y miró a Alessandra. —¿Quieres ir? —le preguntó. Ella asintió y los cuatro se dirigieron a Mai Tai Bar, una de las discotecas más famosas de la isla. Marcelo pareció olvidar la pregunta de Alessandra y disfrutó de la noche, bailaron y bebieron hasta el amanecer… La invitación se repitió las cuatro noches siguientes y fueron las mejores para Alessandra, Marcelo no la dejó ni un momento sola a excepción del amanecer, porque dormían en habitaciones separadas, pero no podía quejarse, él había estado pendiente de ella, lo que hizo resurgir sus esperanzas y el deseo de confesarle sus sentimientos fue tomando más y más fuerza. Tal vez, solo necesitaba ser un poco más atrevida, perder el miedo y plantarse delante de él para decirle que estaba enamorada. No era normal que una chica diera el primer paso, pero ahí estaba Kiara, era un buen ejemplo a seguir. Esa mañana, Alessandra se levantó con el valor y la decisión de hablar con Marcelo. Estaba a poco de volver a Nueva York y una vez de regreso, podía ser que se separaran y que tuviera que pasar muchas semanas para volver a verse, así que, se arregló los cabellos, se puso su traje de baño, un sobretodo de maya sobre el cuerpo y salió. Hoy era el día e iba a tomar ventaja de que estarían toda la mañana en la playa. Marcelo tenía la mirada puesta sobre las olas del mar, sus manos descansaban sobre sus rodillas y sus gafas protegían sus ojos. Sus pensamientos se movían al igual que las olas del mar, iban y venían entre ilusiones perdidas y falsos momentos de felicidad vividos junto a Miranda, pues cada momento feliz, ahora era un castigo. —Lamento llegar tarde —dijo Alessandra, mientras llegaba a su lado y lo sacaba de esa marea de pensamientos. Él se giró para verla llegar y no pudo evitar que sus ojos viajaran por el cuerpo de ella, el sobretodo no le cubría casi nada y no pudo negarse que se veía atractiva en exceso, lo que lo hizo tragar saliva. —He llegado hace unos minutos —dijo, tratando de ignorar el deseo que despertó en él, mientras Alessandra se sentaba a su lado. —Esperaba que pasaras por mí —pronunció ella. —Lo siento, creí que ya estabas aquí, venía tarde —se disculpó. Marcelo se sintió culpable, pues por andar pensando en Miranda, la mujer que había despreciado su amor, había olvidado a su invitada, que no merecía recibir sus desplantes. Alessandra le sonrió. —No importa, ya estamos acá —dijo ella, mirando a Meghan y a Mía interactuar. La niña sonreía de algo que Meghan había dicho y, por un momento, se sintió celosa. Ella llevaba conociendo a la pequeña toda la vida, sin embargo, por trabajo y por la edad que las separaba, no había llegado a ese grado de complicidad con ella. —Parece que Meghan es muy cercana a tu hermana —señaló. Alessandra no esperó una respuesta por parte de Marcelo, se concentró en las caricias que las pequeñas olas dejaban sobre sus pies, pensando en que no debió hablar… —Meghan es una chica genial, se ha ganado no solo el cariño de Mía, sino el de toda la familia —expresó y había un deje de… ¿admiración? Un nudo se instaló en el pecho de Alessandra, teniendo la sensación de que era Meghan la dueña del corazón de Marcelo, tenía que saberlo y así retirarse a tiempo, para no seguir por el camino equivocado. —¿Te gusta Meghan? La pregunta hizo que Marcelo girara el rostro y le sonriera con un poco de diversión. —Si tuviese algún tipo de interés sentimental en ella, estaría tratando de tener su atención, Alessa —dijo. Ella sintió algo extraño en el pecho, a lo que no pudo ponerle nombre. —Supongo que tienes razón, si fuese así, yo no estaría aquí contigo —señaló con un nudo en la garganta. —En eso tienes razón, pero no es el caso —dijo, sin saber que su respuesta hería el corazón de Alessandra, sin embargo, ella no podía culparlo, Marcelo no tenía idea de sus sentimientos. —Entonces… —Alessandra se detuvo, buscó las palabras adecuadas para confesarle su amor. —¿Sigues interesada en saber si tengo un amor secreto? —preguntó él. Alessandra sintió que el nudo le subía la garganta. —No debería interesarme, pero… —ella se mordió el labio y Marcelo le prestó toda la atención—. Me gustas, Marcelo, me gustas y no como amigo —confesó…
อ่านฟรีสำหรับผู้ใช้งานใหม่
สแกนเพื่อดาวน์โหลดแอป
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    ผู้เขียน
  • chap_listสารบัญ
  • likeเพิ่ม