«¿Miranda?» La mujer se giró para encontrarse con el rostro serio de Larissa, ella le sonrió. —Señora Lowell —saludó con falsa cortesía, sus ojos eran una clara demostración de lo que guardaba su corazón. Larissa la observó sin apartar la mirada. —¿Qué es lo que haces en la habitación de mi hija? —le cuestionó, deseando que le diera un solo maldito motivo para sacarla de allí de las greñas. Contenerse le estaba costando toda su fuerza de voluntad, pero no era tonta y dar el primer golpe solo iba a convertir a Miranda en una víctima a ojos de quienes las vieran en el pasillo, sin entender el contexto de lo que ocurría, por lo que esperó a que la mujer se dignara a responder. —Una visita de cortesía, no podía dejar pasar este momento para demostrarle mi pesar y preocupación a Marcelo,

