Capítulo 8

2204 คำ
Lia no pudo evitar vibrar cuando se bajó de esa limusina. El aire cálido que golpeó su rostro la ayudó a respirar mejor, ahora mismo solo caminaba sin parar, sintiendo esos ojos negros encima de ella detrás de su espalda. No giró, ni vio de reojo si el auto y todo el comité de seguridad del jeque había arrancado, su único objetivo era medio saludar en la entrada, sacar su llave electrónica e ir a ascensor para llegar rápidamente a su habitación. “Lia… es un lindo nombre”, recordó esa forma de pronunciarlo en esa boca gruesa y después que las puertas del ascensor se cerraron, sus ojos se reprimieron. —Dios… ¿Qué voy a hacer con mi vida? Sus labios hicieron una especie de movimiento por lo que tuvo que apretarlos duramente. ¿Sabría Mila lo guapo que era ese hombre con el que iba a trabajar?, no pudo evitar reírse sola al pensar que había imaginado a un viejo de 50 años. ¡Vaya viejo! Entró a su habitación, se quitó el hiyab y la chaqueta para ir a abrir rápidamente la laptop que tenía en su bolso. También marcó varias veces a Mila, pero parecía que estaba en otra llamada. Solo en ese preciso momento se dio cuenta de que no había un Almer en su puerta, y esto hizo que soltara el aire del alivio. Lia se acomodó todo lo que pudo para luego comenzar a detallar la información por la que Mila había trabajado, y abrió el archivo que le había mencionado que debía decir “Almer”. Allí se encontraba todo tipo de información de Kuwait que él había enviado para ella, sobre todo una nota donde decía qué proyectos estaba activos y por los cuales debía trabajar para impresionar al hombre. —¿Construcción de resort para el turismo? —se preguntó la chica en voz alta sin gustarle mucho la idea, no era una novedad, y estaba segura de que había muchos mercados que de verdad requerían la inversión. Sus ojos se abrieron mucho al saber que Kuwait no contaba con ninguna reserva de agua natural, pero a la vez fue impactante entender que eran muy buenos en la desalinización del agua. —Esto es impresionante… no hay ríos, ni mar, pero aun así construyeron zonas que lo simulan… El petróleo era el top número uno de sus ingresos, luego le seguía los petroquímicos, cemento, reparo y construcción de navíos, desalinización de agua, procesamiento de alimentos, y materiales de construcción… Miles de ideas se le cruzaron en la mente, pero antes de esto, por supuesto debía llegar a Kuwait y ver qué cosas ya estaban en proceso para no perder el tiempo. Por supuesto usaría todos los contactos de Mila para las proyecciones, y junto con ella crearía un buen plan para presentárselo al jeque. Por un instante mordió su uña imaginando que, por la conversación de Almer y David, debía contar con alguien de Kuwait para cuando su tiempo terminara, la persona encargada siguiera con los planes, pero luego las palabras de jeque, inundaron su cabeza. “Hay miles para este trabajo… yo solo quiero confiar en usted, Lia” «¿Sería pertinente ahora mismo hablar sobre el hecho de la confianza con Mila?», ahora ni siquiera sabía por qué quería mantener las palabras del jeque en secreto, como si de alguna forma se sintiera responsable de guardar todo lo que él le dijera. Lia pasó las manos por su rostro lanzándose hacia atrás y cayendo a la cama boca arriba. Estaba nerviosa, muy temerosa, pero la sensación de su vientre solo le indicaba que parte de esto de cierta forma la hacía sentir… extasiada. Reprimió sus ojos al recordar ese olor por todo el auto mientras iban al hotel en silencio, y su mirada penetrante como si estuviese hurgándola todo el tiempo. No pudieron compartir una palabra más porque un hombre que hablaba en árabe no paraba de decirle cosas a su aparente jefe, y aunque Said contestaba con monosílabos, supo que se trataba de algo importante. También se preguntó cómo un completo desconocido podía hacerla tan vulnerable, y a la vez como ese momento en la mesa donde quería contarle toda su vida. —Concéntrate Lia… Llegaría el momento en que le diría la verdad a ese hombre, necesitaba hacerlo, por su salud y tranquilidad, y también porque de cierta forma él merecía saber que esto no fue una mala artimaña. Solo era una buena causa. Mentira, es mentira, Lia, las advertencias de su padre sonaron en su cabeza. Su móvil comenzó a titilar y ver el contacto de Mila parpadear la hizo sentar de golpe. —Mila… Ella le sonrió a la cámara, mientras la vio sentarse en una silla del hospital donde se encontraba. —Estaba hablando con Almer… no fue fácil. —¿Está todo bien? —preguntó con preocupación. —Por ahora se vio obligado a aceptar la propuesta, David cree que puede irse a la mierda si a estas alturas le dice la verdad a nuestro jefe, el jeque… Lia se mordió el labio y bajó la mirada. —Sé que no es fácil para ti mentir, y entiendo la magnitud de lo que estás haciendo, no sabes lo agradecida que estoy por ayudarme en esto. Lia volvió a centrar su mirada en ella con los ojos nublados. —Solo pienso en lo que dirá, Anne… ella se volverá loca, también he pensado en el señor Linkins, creo que esta decisión desajustará su rutina… yo estaba pensando, en enviarle algunas cuentas por correo, mientras busca una persona, y… —Lia… —Mila la frenó—. Trataré de buscar a una persona para él, no te preocupes… Aunque trató, Lia no pudo evitar las lágrimas a lo que su amiga Mila se preocupó. —Siento tanto… miedo… —confesó por fin. Mila pasó su mano por la cara y se levantó del puesto. —Por favor, Lia, perdóname… yo, no quería perder esta oportunidad, ahora creo que he echado todo a perder, Almer está furioso y… —No —Lia se limpió las lágrimas—. No pienses en eso ahora, Frank es lo principal, y debes centrarte en su recuperación. Mila asintió con un nudo en la garganta. —Establezcamos horarios, y nunca llames, a menos que te diga que lo hagas —instituyó Lia sabiendo que no podía hablar con ella abiertamente mientras estuviera en Kuwait. —Eso es sensato, así que siempre manejaremos el chat para imágenes, archivos y notas de voz. Lia asintió. —¿Has leído el archivo de Almer? Hay mucha información de su comercio. —SÍ, estoy en eso, ahora me daré un baño y leeré hasta que no pueda del cansancio… —Recuerda, Lia, puedes escribirme a cualquier hora. —Lo sé —ambas se sonrieron—. Mila… —ella se sintió insegura por un momento—. ¿Tú has visto a nuestro jefe? Me refiero, ¿conoces su apariencia? En el momento en que Mila arrugó el ceño negando, alguien dijo su nombre cerca y ella se precipitó. —Debo colgar Lia, nos escribimos, más tarde te envió algunas notas importantes, te quiero. Lia se despidió de ella con un saludo desanimado y dejando su móvil hacia un lado, observó hacia esa lámpara de lujo que colgaba del techo. Lealtad… conocía la palabra, y deseo que pudiese ser lo más transparente que pudiese en este proceso… ***   Con los ojos puestos en la vista desde su enorme ventana, Lia negó pensando que todo era ilusorio. Había planificado un viaje de ensueños con su mejor amiga, y a duras penas salió del hotel. Desvió su mirada hacia su reloj, y luego comprobó que todo su equipaje estuviera cerrado y listo. Después de que Amid la buscó como se había planificado, bajaron a lobby del hotel, donde dos hombres en traje ya estaban esperándola. Ella se despidió de Amid dándole las gracias con una sonrisa, y agradeció al hotel por su estadía y unos minutos después aquellos hombres la guiaron a un auto n***o, en el que ingresó en cuestión de minutos. —¿Alguno de ustedes habla inglés? —ella no pudo evitar preguntar, no podía con tanto suspenso de antesala. Uno de ellos manejaba, pero el otro que estaba a su lado, se giró hacia ella completamente serio. —Perfectamente. ¿Desea algo? Lia negó. —¿Vamos al aeropuerto? —No precisamente al aeropuerto principal señorita James… nuestro mandatario se encuentra en uno privado. Lia parpadeó varias veces, debía saberlo, era el presidente de una nación. —Sí… debí imaginarlo. Sin alguna seña el hombre se sentó recto, y ella supo que era una perdida de tiempo saber alguna cosa más en este auto. El viaje no fue largo, eran aproximadamente las 8 de la mañana en Riad y las 6 en Londres. Antes de que el auto se detuviera, pudo observar desde lejos como un avión estaba en su frente con algunas rayas de colores: n***o, verde blanco y rojo. Y muy en grande unas letras que decían: “Kuwait”, junto con letras árabes debajo. Un nudo se apretó en su estómago, y que el auto se estacionara muy cerca revolvió todos sus nervios. Ni siquiera se dio cuenta cuando la puerta fue abierta, ella solo escuchó una voz seca que la hizo salir de su ensoñación. —Señorita, James… El hombre que estuvo a su lado en el viaje no ofreció su mano, pero le indicó que se bajara y siguiera su camino, detrás del hombre que anteriormente manejaba. Había una semi fila de más hombres en traje casi llegando al avión, y por lo que veía, todos parecían estar esperándola solo a ella. Subió las escaleras comprobando que había gente que se encargó de su equipaje, y no tuvo otra opción de tomar parte de su hiyab en un puño contra su pecho mientras subía escaleras arriba. El cambio de temperatura fue rápido, el aire acondicionado del avión de cierta forma hizo que se tensara un poco más entre tanto pasaban un detector de metales por su cuerpo, para que luego una azafata la condujera a su asiento. Jamás en su vida había entrado a un avión presidencial, pero decir que esto parecía una casa enorme por dentro, era quedarse corto. Sin mencionar el lujo. Ahora estaba en una especie de sala de estar, donde había solo dos sillones enormes, que se adaptaban a los puestos de avión. La mujer le indicó en perfecto inglés que, si deseaba tomar algo, pero una voz las interrumpió para que toda su piel se encogiera. —Buenos días, Lia… Said… Su mente registró el nombre y su lengua solo saboreó las ganas que tenía por decirlo en voz alta. Él parecía recién salido de una ducha, con un traje n***o, y perfumado. —Buenos días, señor, —se fue a levantar, pero él se lo impidió. —Puede traernos un desayuno… —dijo en forma de orden hacia la mujer de servicio, pero a la vez como una petición, por lo que la azafata asintió para desaparecer en cuestión de segundos. El gran sillón frente a ella fue ocupado totalmente por él. Claro, a diferencia de su cuerpo ese sillón quedaba a la perfección en esa anatomía grande, pero ella se sentía como una talla S metida en talla XL. «¿Por qué estaba tan nerviosa?» —¿Cómo se encuentra? —su pregunta fue suave y lenta, pero como no era cosa rara, un hombre llegó al lugar para posicionarse y decir algo muy cerca del jeque, y por supuesto, interrumpir su contestación para él. Lia solo lo vio asentir, y antes de que el hombre se retirara, Said lo llamó de nuevo para ordenarle al hombre. —Nuestro vuelo durará alrededor de una hora, desayunaré con la señorita James, y tendré una conversación privada con ella. A partir de ahora, que solo informen por el auricular de vuelo las indicaciones del avión, y si es muy urgente… interrumpes. El hombre que tenía todos los cables de seguridad en sus orejas, asintió sin refutar alguna cosa, para salir cerrando una puerta tras sí. —Espero que no haya desayunado, así no me sentiré incómodo comiendo como un desesperado… hoy amanecí con mucha hambre. Lia llevó sus ojos a esas piedras negras que la desnudaron entera. «Es ahora o nunca Lia, dile la verdad de tu trabajo o lo lamentarás». —Señor, usted no tiene que retenerse por mí… Y que bien… —su voz vibró demasiado nerviosa—. Que bien que no probé bocado… antes de venir… Su coordinación se fue a la mierda, junto con su supuesta cordura, cuando vio esa boca torcerse mostrándole una hermosa sonrisa, una demasiado para ella, y ni siquiera parecida a todas esas revistas de sus hombres árabes con la que una vez suspiró… Esta era una mezcla entre luz y… oscuridad.    
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