Camille
Hace ya varias semanas que Leonardo está a cargo de la empresa y se nota un aire de frustración por parte de todos en mi equipo o por lo menos casi todos, ya que Lina por su parte ha tratado de acercarse mucho a él y lo ha logrado. Gracias a ella he tenido algunas discusiones con Leonardo, quien parece que dudar de mi capacidad, algo que nunca sucedió con su abuelo. Él siempre confió no solo en mí, sino en todos sus trabajadores.
Leonardo
Estoy tan perdido en mis pensamientos que no escucho lo que mi secretario Mateo me está comentando sobre las nuevas colecciones. Hay tantas cosas por resolver en la empresa que no sé por cuál comenzar.
—Leonardo, ¿me estás escuchando? —me cuestiona una vez más Mateo.
—Sí, digo no. Disculpa, estaba pensando en otras cosas —me excuso.
—Al parecer hay un problema con unas de nuestras diseñadoras en la línea de vestidos de novia —me informa con un suspiro.
—¡Maldita sea! Lo que me faltaba, ¿quiénes son? —lo increpo con molestia.
—Camille Dumont y Lina Álvarez, al parecer, están discutiendo de nuevo. Como por milésima vez en esta semana —replica igual de fastidiado que yo.
—Esta mujer, otra vez, no es la primera vez que tengo un problema con ella en estos días, es más problemática de lo que pensé, Lina tenía razón.
—Si me permites, creo que no deberías de creer todo lo que esa mujer te diga, hay que ver el panorama completo —me aconseja antes de salir de mi oficina, pero igual que siempre lo ignoro, y nos dirigimos al piso de novias. Si no fuese por el gran éxito de nuestra diseñadora estrella, ya le habría pedido a Mateo deshacernos de esta línea de ropa.
Estamos por entrar, cuando detrás de la puerta se escucha un alboroto y dos mujeres peleando.
—Carajo Lina, siempre debes de estar peleando con todo el equipo, por tu culpa vamos atrasados con la nueva colección —la riñe Camille.
—¿Por mi culpa? ¿Quién es la que está de malas todo el tiempo? Nada te gusta, con nada estás contenta, tal parece que estás amargada. Yo no tengo la culpa de lo de Iker.
—¡Cállate, Lina! No digas tonterías —la reprende Valeri, una de las asistentes de Camile.
—Eres una maldita Lina, no te permito que…
—¿Qué no le permite Camille? —siseo con frialdad—. Usted aquí no tiene derecho a maltratar a mis empleados y ponerlos unos contra otros.
—Señor Leonardo, no sé qué es lo que le ha dicho Lina, pero yo no maltrato a mi equipo, como puede ver…
—Como pude ver —la corto con indiferencia—, si no interfiero, hace un momento hubiese sido capaz de golpear a Lina, solo por decir verdades.
—¿A qué se refiere con verdades? —inquiere, lanzando chispas por los ojos.
—Si usted tiene problemas de recién casada con el tal Iker, le sugiero que los arregle con su marido y que no se desquite con mis empleados, ninguno de ellos tiene la culpa de sus problemas maritales.
Camille
En cuanto este hombre termina de pronunciar el nombre del infeliz que me dejó plantada en el altar, mi furia alcanza tal nivel que empiezo a sentir un odio profundo hacia él. Este tipo me ha humillado frente a todos, sus palabras son tan hirientes que, cuando menos me doy cuenta, levanto mi mano y le suelto una cachetada tan fuerte que le dejo marcada mi mano.
—¡Váyase a la mierda, es una basura! —chillo con todo el odio con el que soy capaz de impregnar cada una de mis palabras—. Y no se preocupe, inmediatamente tomo mis cosas y me voy, no quiero estar en un lugar de mierda como este. Debería de aprender de don Xavier, pero no le llega ni a la suela de los zapatos. Él siempre fue un líder de verdad, no como usted que juega a serlo.
Estoy a punto de dar media vuelta cuando siento cómo me jala de mi muñeca en un apretón tan fuerte que me hace daño y, aunque intento soltarme, no me lo permite.
—Está despedida y espero no se le ocurra ponernos como referencia después de lo que acaba de hacer —me advierte, acercando tanto su rostro al mío que soy capaz de verme reflejada en sus fríos ojos azules.
—Creo que es bastante lento o idiota. Como le dije, tomaré mis cosas y me voy, eso significa que renuncio; y no se le ocurra volver a ponerme una mano encima.
Con una fuerte sacudida, logro liberarme de su apretón, el cual me deja la muñeca adolorida. No cabe duda de que es una bestia. Alcanzó a ver con el rabillo del ojo como se queda mirando hacia donde me dirijo, así como también puedo ver una sonrisa de triunfo en Lina. Por fin consiguió lo que tanto había deseado.
—¿Qué están esperando? Pónganse a trabajar o ustedes serán los siguientes —los amenaza con un tono bastante brusco y sale de la oficina con Lina detrás de él, siguiendo con su llanto sobreactuado.
Mientras comienzo a recoger mis cosas, lo más rápido posible trato de aguantar las lágrimas que están a punto de desbordarse. Todo mi equipo se acerca a mí y comienzan a ayudarme, dejando para después todos sus pendientes.
Cuando pasó a R.H. a entregar mi renuncia, la encargada se sorprende, ya que todos en Maya's Fashion saben que don Xavier nunca me hubiese dejado ir así, sabiendo que yo soy su mejor diseñadora.