Capítulo 3: Giro inesperado.

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Narra Emily Abro mis ojos con pesadez, a los segundos suena la alarma, ya me he acostumbrado a despertarme a la misma hora por tanto tiempo que el despertados quedó en el olvido. El olor intenso del café me hace saber que mi madre también se prepara para salir. Entro al baño y veo como mis ojos están hinchados, quisiera dormir un poco más, pero debo llegar temprano porque pediré permiso por la tarde; tengo más paquetes listos con mi información profesional para llevarla a otros lugares. Busco la camiseta de mi uniforme y con ella una chaqueta, el clima está amenazante, mi ciudad es un poco fría y en las mañanas es alimento para la pereza. —Emi, hice chocolate caliente, ¿quieres que te sirva un poco? —Si mami, por favor. Salgo de mi habitación ajustando la coleta que hice en mi cabello. Miro la hora en mi reloj de mano y frunzo mi ceño al notar que mamá está aun en casa, hace veinte minutos debió irse a su trabajo. —Mamá ¿ya viste la hora? —Sí, sé que es tarde. —Entonces, por qué… ¿está todo bien? —Me despidieron Emi. —¿Qué? Pero ¿Qué pasó? Hace unos días me dijiste que todo estaba bien. —Es que hubo un pequeño incidente y me despidieron —es todo lo que responde. —Cuéntame que sucedió —digo poniéndome de pie y caminando hasta ella. —A la señora Vélez se les extravió un collar de oro, dijo que lo había dejado en su habitación por la noche y que luego de hacer la limpieza, se extravió. Abro mis ojos sorprendida. —Mamá… —No lo tomé, nunca tomaría algo que no me pertenece. La señora estaba enojada, estaba muy dolida y me gritó hasta el cansancio. El esposo de la mujer al volver del trabajo se encontró con el caos, al final les dije que no fui yo, que era una equivocación y el señor Vélez prefirió despedirme antes de llamar a la policía. De verdad, no hice nada que no fuera limpiar, en esa habitación no había nada. La voz de mi madre se quiebra, lo que hace que me duela el corazón, confío en ella y sé que sería incapaz de hacer algo como eso. La abrazo y siento como su pecho se agita, ver llorar a mi madre por tener que pasar por una situación así me hacen sentir mal. —¿Qué le dijiste? Dime que te defendiste. Ella niega con su cabeza y seca sus lágrimas. —¿Por qué eres así? ¿Por qué dejas que te pisoteen? Ya estoy cansada de esto, ya no quiero vivir más así. Salgo de mi casa pensativa por lo que ha pasado, por lo menos ahora estará en casa, creo que ya debería mantenerse en su hogar. No quiero que vuelva a un lugar donde lastimarán sus sentimientos, ella no lo merece. Camino un par de calles antes de llegar a la estación de buses, meto mis manos a los bolsillos de la chaqueta por el frío. Doy cada paso pensando en muchas cosas, en lo que pasó y en lo que tengo que hacer durante el día. Voy distraída sintiendo como muchas personas al igual que yo se apresuran para ir a sus trabajos. Levanto mi vista al infinito para saber cuanto me queda por caminar, pero en vez de fijarme en eso, me doy cuenta de algo particular. Un auto de color n***o se salía de su carril por momentos, desde lejos se vía venir que no terminaría bien, era algo extraño, muchas personas se percataban de lo que sucedía; de un momento a otro aumenta su velocidad y más de uno se queda congelado. Ese auto n***o perdió el control, todos los que pasábamos cerca de la vía fuimos testigos de una escena terrible. Observamos como el auto se volcó y revotó en la carretera destrozándose con cada golpe, esas imágenes pasaron frente a mis ojos en cámara lenta; el estruendo y los gritos de los expectantes eran horrorosos. El vehículo queda con sus cuatro llantas hacia arriba. Miro a los lados esperando que alguien haga algo, pero nadie se mueve de sus lugares, solo se lamentan o graban con sus móviles. —¿Nadie hará nada? —pregunto en medio de mi shock. Con mi respiración agitada, llena de susto y de impotencia, veo como todos observan sin hacer nada, ¡¿por qué nadie hace nada?! Mi corazón golpeando con fuerza mi pecho, me hace pensar que si yo estuviera en ese auto esperaría que alguien fuera por mí, quisiera ser salvada, por lo que no espero a que nadie más lo haga y salto a la autopista; corro a pesar de sentir que las manos me temblaban. Me doy prisa cuando veo que del auto empiezan a salir nubes de humo. —¡¿Qué haces muchachita?! ¡Sal de ahí! ¿Quieres morirte también? Las personas gritaban al ver lo que pretendía hacer, esos gritos no me hicieron dudar, todo lo contraría, sentía que la persona que estaba en el auto estaba con vida. Me tiro al piso intentando romper lo que quedaba de la ventanilla del auto. Uso mis codos para golpear el material, desesperada y con mucha fuerza, logro quitar los trozos de vidrio y me introduzco al vehículo. Allí estaba una mujer, su rostro no pude verlo porque había sangre corriendo por su cara. —Estarás bien, lo prometo. Te sacaré de aquí —eran las palabras que le repetía. Suelto el cinturón de seguridad y cae, la tomo de su ropa y de cualquier parte de su cuerpo para sacarla de allí, hasta me aferré a sus brazos para arrastrarla conmigo. En mi cabeza pasaron horas, largas horas de agonía, pero al sentir que mi cuerpo pudo salir del auto, me pongo de pie y me inclino para arrastrar con todas mis fuerzas a la mujer. Lo que pensé que sería el final de una pesadilla, me confunde al escuchar un fuerte estallido, en ese momento un zumbido y un extraño mareo se apoderó de mí. —¿Que sucede?
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