Pero yo no era un macho. Y yo no pertenecía a este planeta. Miré con furia a Rachel. —Solo necesitaba diez minutos más para acabar con ellos. Ella sonrió y me ofreció un encogimiento de hombros tímido. —No quería que resultaras lastimada. Miré al techo y suspiré ante esa remota posibilidad, sin embargo, permanecí en silencio. —Los hombres mostraron un gran respeto al negarse a luchar contra ti —por desgracia, la voz de Maxim transmitía tranquilidad dado que los otros hombres sentados alrededor de la arena pisotearon y aplaudieron en señal de acuerdo con sus palabras. El gobernador se cruzó de brazos y me miró. Él era grande, de más de dos metros de alto, su piel era de color cobrizo, su cabello y ojos marrones oscuros me recordaban a una taza de mantequilla de maní Reese. Por supuest

