1. La iniciación.
Primero toco la puerta del director, entonces cuando escucho un "pasa", entro a su despacho. Me sorprendo bastante cuando veo a un adulto joven, que no podrá superar los 35 años. Creía que todos los directores era gente canucia que llevaba miles de años de vida con sus gatos, pero no, este es un director joven y guapo para su edad.
Él me sonríe y me invita a pasar.
—¿Sheidy Cassie? —El hombre toma un archivo con papeles, lo que seguramente vendría siendo mi expediente anterior en mi anterior escuela—. Mi nombre es Eric Wensell y estoy asombrado, tiene calificaciones increíbles. —Le doy mi mejor sonrisa—. Sólo quiero darte la bienvenida a tu nuevo segundo hogar, por más dividido que esté y espero que puedas hacer una diferencia.
—¿Cómo? ¿Usted sabe que los estudiantes están divididos? —Alzo una ceja. ¿Lo sabe y no hace nada? El director asiente con una sonrisa triste y se rasca la nuca, nerviosamente, como si no supiera qué decirme.
—Sí, bueno... Yo estudié aquí. —Abro mis ojos, completamente sorprendida, pero a la vez fascinada. Debió tenerle mucho cariño a esta escuela para volver aquí—. Yo era un rojo, aunque nunca me gustó el sistema. Traté de hacer como una "revolución", ¿sabes? —Él suelta una pequeña risita con nerviosismo. Luego, niega con la cabeza—. No lo logreé, pero soy un hombre que cree en el cambio. A cada estudiante que llega le digo que él puede hacer el cambio, esperando que alguien lo entienda y lo haga.
¿Saben?, este director me agrada. Le doy una enorme sonrisa, me levanto y asiento energéticamente con la cabeza. No sé qué puedo hacer, ni si siquiera sé si tengo el poder, pero de que lo intentaré, lo intentaré. Cuando él me da su mano para que la estreche, lo hago.
Salgo del despacho del director animada, él también me dijo dónde podía recoger mi horario. Voy a donde me indicaron y la joven señorita de ojos soñadores me lo entrega con una sonrisa.
—Tú puedes hacer el cambio. —Ella también me lo dice.
Esto me parece cada vez una historia de Ciencia Ficción, que una historia acerca de la nueva que llega a una escuela normal.
Mi horario indica que mi primera clase es Historia. Suspiro, aliviada. Una clase que me gusta y en la que soy buena. Solía ser la mejor estudiante en esa clase en mi escuela anterior, y de verdad espero que en esta escuela no haya ningún usurpador.
Aunque si lo ves desde otra perspectiva, yo sería la usurpadora.
Toco la puerta que veo que tiene la palabra "Historia" y abajo "Profesor Scott". Unos segundos después, un hombre de mediana edad y sonrisa contagiosa me abre la puerta.
—¿Es usted la nueva? —cuestiona con una ceja alzada, aun sin perder su sonrisa.
Asiento.
—Me avisaron que llegaría tarde. —Me abre la puerta completamente, dejándome ver a unos aburridos estudiantes. Recorro el lugar con la mirada, tratando de buscar un asiento. El único que veo disponible es al lado de una chica de cabello n***o como la noche y cara de amargada total. No parece emo, pero es como si quisiera serlo.
Trago saliva y camino hacia ese asiento.
La chica me lanza una mirada llena de indiferencia cuando me siento a su lado. Espero poder pasar desapercibida, pero no, hoy es el día de Miren A Sheidy, y cuando el profesor nota toda esa curiosidad en mí, me llama para que vaya a presentarme. Bufo, pero obedezco y me dirijo hacia donde se encuentra el profesor.
Sonrío inocentemente, pero no digo nada.
—Disculpa, chica —El profesor se acerca para susurrarme lo suficientemente alto como para que todos lo escuchen—. Si aún sufres el cambio de voz, yo puedo...
Abro mis ojos sorprendida, me giro hacia mis compañeros y comienzo mi boba presentación que mi papá me hizo ensayar con Ethan de espectador.
—Me llamo Sheidy Cassie, y tengo 18.
Termino, pero todos aún parecen curiosos y yo alzo una ceja. ¿Qué más quieren que les diga? Buff, mi espectador anterior, el pequeño Ethan, se mostró menos interesado.
Oh, ya entendí.
Antes de que me puedan preguntar otra cosa, el timbre suena, indicando que la clase ha terminado. Suspiro, aliviada. Voy por mi mochila y camino a mi siguiente clase, que según el horario es Inglés. El salón de Inglés está lleno de frases gramaticales y el abecedario, como si estuvieran lidiando con niños pequeños. Entiendo que por qué está así cuando veo a una señora mayor con canas y lentes bifocales sentada en el escritorio.
—¡Shey! —Poso mi mirada en la castaña que me sonríe agitando su mano. Camino hasta aquella mesa y me siento a su lado.
—Me alegro de tener una clase contigo, Cindy —Suspiro y saco mi libro de Inglés.
—Lo sé, es hermoso —ella me sonríe, pero no tenemos tiempo para decir más porque la profesora de Inglés comienza a dar su clase. Habla realmente lento, tanto que aburre, pero no digo nada y trato de mantenerme despierta haciendo dibujos en mi libreta.
Así transcurren las clases; algunas las compartía con Cindy, en otras estaba sola, hasta que por fin llegó el primer receso.
No estaba muy segura exactamente de qué hacer, así que fui hacia las puertas del comedor interior y esperé ahí hasta que vi a Cindy. Ella parecía nerviosa. Cuando me ve, me sonríe, pero es una sonrisa nerviosa y se muerde la uña.
—Shey, yo... —Le callo con una seña de la mano, cualquier cosa que me quiera decir la puede decir mientras comemos, que yo me muero de hambre. No le hago caso a lo que ella me dice y abro la puerta del comedor.
—Vamos, Cindy, no puede ser tan malo...
Me quedo estática mirando adentro del comedor. Cindy se sitúa al lado mío y suspira negando con la cabeza. Pero no me explica nada, no me dice nada, hace como que no me conoce y pasa de largo. Yo no sé qué decir, tampoco hago esfuerzos para seguirla.
Todos y cada uno de los estudiantes que están sentados en las mesas rojas están de pie, no hay nadie sentado comiendo, a excepción de los azules. Tiene posturas rectas, como si se tratara de solados. Observo las mesas. Las centrales son las azules y están rodeadas por las demás rojas. Es una ridícula forma de opresión.
Tú puedes hacer el cambio.
Carraspeo, esperando que todos vuelvan a sus asuntos, pero no lo hacen, y se quedan ahí mirándome como si tuviera algo bonito que lucir.
—Mi parte favorita de cuando llega un nuevo —Se escucha que se dice en una de las mesas azules. Recorro la mirada y me doy cuenta que es Sharpay, que está sentada en la mesa con las piernas cruzadas, dejando ver más allá de su minifalda—: La iniciación.
Los de las mesas azules vitorean, y los rojos se quedan sin decir nada. Algunos con los puños apretados, otros ruedan los ojos.
Sharpay se acerca a mí, meneando sus caderas.
—Nos vemos de nuevo —me sonríe demasiado cerca de mi círculo personal.
—Sí, pobres de mis ojos —respondo. Los de las mesas azules sueltan un "uuh" enorme, y los rojos, de nuevo, permanecen callados, pero algunos sueltan pequeñas risas y sonrisas.
—Mira, chica, déjate de decirme esas cosas —me amenaza ella señalándome con un dedo. Pongo mis manos en jarras y alzo una ceja.
—¿O sino qué?
Veo como aprieta su mandíbula.
—Por mí te mandaría al rojo ahora mismo, pero tengo un espectáculo que dar, ¿entiendes, bicho? —Ella rueda los ojos y chasquea los dedos. Al momento, dos chicas pelirrojas que parecen ser gemelas están al lado de ella con dos cajas en mano.
—¿A qué te refieres? —cuestiono viendo las cajas.
—La iniciación, amiga, la iniciación.
Por alguna razón no huelo eso demasiado bien. Trago saliva con fuerza y me busco a Cindy con la mirada. La encuentro sentada en una mesa al lado de aquella chica con ganas de ser emo, un chico pelinegro y otro rubio. Los cuatro parecen estar nerviosos.
—¿La qué?
—¡La iniciación! —chilla ella. Se nota que la he sacado de quicio. Suspira, se abanica con las manos y entonces vuelve a chasquear los dedos. La pelirroja de la izquierda —le diremos pelirroja 1— abre su caja y saca seis revistas y las pone frente a mí.
Una es una revista de modas, literalmente, vestidos, diseños y opiniones. La otra es una de chismes y cotilleos. La que sigue es de deportes. Después va una de robótica. La siguiente sobre libros, lectura y escritora. Y la última es de música.
—Si vieras estas revistas en una tienda, ¿cuál comprarías? —Ella se mira las uñas, de forma aburrida. No sé por qué respondo, pero lo hago:
—La de lectura. Y la de música, también.
Ella alza una ceja, dejando de ver sus uñas.
—He dicho SÓLO UNA.
Quiero decir que realmente no lo dijo, pero decido que esta ocasión es mejor callar.
—Y yo he dicho la de lectura y música —le digo lentamente, como si le estuviera explicando a un pequeño—. De verdad, tengo un tío que puede ayudarte con tu problema auditivo, ¿sabes? Sería mi buena acción del día.
Ella se pone roja de furia y me fulmina con la mirada. Entonces toma una libreta de la caja de la pelirroja 1 y empieza a escribir cosas en ella con más fuerza y presión de la que debería.
—Siguiente —gruñe ella.
Un chico se levanta de la mesa azul. Me doy cuenta que es el tipo que estaba besuqueándose con ella hace unos minutos. Tiene una sonrisa prepotente plasmada en el rostro. Se está acercando demasiado a mí.
Demasiado.
Demasiado.
Demasiado.
Me quedo ahí, parada, sin saber muy bien qué hacer. Entonces cuando veo que sus labios están buscando los míos, lanzo un rodillazo y le golpeo sus partes no-golpeables.
Él gruñe y cae al suelo, retorciéndose de dolor. Alzo la mirada Sharpay que tiene sus ojos abiertos como platos y su cara roja de furia de nuevo. Aprieta demasiado la pluma que tiene en sus manos.
Vuelve a chasquear los dedos y ahora se levanta un pelirrojo, también de la mesa azul. Este chico parece más nervioso de lo que estaba el chico anterior, a quien, por cierto, ya se habían llevado. El pelirrojo sigue los mismos movimientos, también quiere besarme. A este chico decido encajarle mis uñas en sus brazos y dejarles rasguños.
Él también gruñe de dolor y fulmina a Sharpay con la mirada. Ésta vuelve a estar furiosa. La estoy sacando de quicio, y lo sé. Y es genial.
Para variar, la chica vuelve a chasquear sus dedos, pero esta vez se levanta un chico pelinegro, con lentes. Este es de la mesa roja. Está temblando de los nervios, pero usa los mismos movimientos con los demás, pero él es más gentil cuando quiere tirar de mí. Él me agrada, sin embargo, no pienso dejar que me bese, así que a este lo alejo con amabilidad.
Alzo mi cabeza y veo a los rojos sonriendo mientras asientes, contentos. Los azules bufan.
Sharpay niega con la cabeza con esa molesta sonrisa y escribe algo en su cuaderno.
—Última fase.
Entonces se levantan cinco porristas de la mesa azul. Ellas se acercan a mí con sonrisas burlonas, como si supieran que harán alguna maldad. Sharpay suelta una risa malévola y ella y sus otras copias pelirrojas se alejan. Entonces alguien pone música.
Es música jazz. Las chicas se ponen a bailar frente a mí, casi pareciera que me están retando. Pero no entiendo lo que quieren que haga, ellas sólo están siguiendo muy buenas coreografías bien practicadas. No sé qué hacer, estoy entrando en pánico. Odio no saber qué hacer, soy una chica demasiado perfeccionista, y el no saber qué debo hacer me frustra. Los rojos se están mordiendo las uñas y los azules tienen sonrisas burlonas.
¿Qué están haciendo? ¿Acaso me están apareando?
Entonces escucho que alguien grita:
—¡Baila, nuevita! ¡Baila!
Y entiendo lo que debo hacer.
El baile siempre me ha gustado, solía practicarlo con Vanessa, y aunque ella se fue y me dejó con el corazón roto, no he dejado de practicarlo. Comienzo a bailar una pieza que ensayé hace poco con Lindsay, ella es una buena maestra de baile. Creo que es una de las razones por las que nos llevamos tan bien. Sigo bailando, retándolas.
Escucho jadeos de sorpresa en las mesas; en ambas, no puedo identificar si son de alguna mesa en especial, pero todos parecen estar algo sorprendidos.
Bailar es algo que simplemente, me gusta hacer y se me da bien.
Cuando la canción se acaba, las azules me fulminan con la mirada y se alejan, moviendo exageradamente sus no-existentes caderas. Sharpay vuelve a estar sorprendida, y furiosa.
—¡¿QUIÉN FUE?! —chilla mirando hacia las mesas. Parece un animal buscando a su presa—. ¡¿QUIÉN LE DIJO LO QUE TENÍA QUE HACER?!
Un azul de grandes músculos va y toma al rubio que está en la mesa de Cindy. Los chicos que están en su mesa parecen estar realmente nerviosos, como si estuvieran a punto de contemplar el asesinato de su amigo.
—¡Él fue, Sharp! —dice el chico azul apuntando al rubio. Sharpay rueda los ojos y niega con la cabeza. Le da órdenes de que siente al chico de nuevo, y se gira hacia mí de nuevo.
Realmente es sorprendente que no lo haya asesinado ahí mismo, Sharpay parecía bastante furiosa cuando preguntó por el culpable.
—Louis —gruñe la azul reina, y un delgado chico se levanta de una mesa roja. Tiene acné por toda la cara y usa lentes.
El chico se acerca a mí y coloca frente a mí problemas matemáticos.
Suelto un suspiro de alivio al ver que son matemáticas y no química o historia. Me da un lápiz, así que entiendo que debo responderlos. Son cinco sencillos problemas que respondo velozmente. Le devuelvo la libreta al chico con una sonrisa. Él me devuelve el gesto y comienza a revisar los problemas. Con los ojos abiertos con sorpresa, se dirige a Sharp y le muestra el cuaderno. Ella gruñe y hace anotaciones en su cuaderno.
Después sólo quedamos Sharpay y yo en medio de la cafetería.
—¿Cómo te llamas pequeño bicho?
—Ya te lo había dicho, sorda con pecho falso.
Ella abre sus ojos sorprendida y me apunta con el lápiz que tiene en manos, como si con él pudiera dispararme.
—¡Dime tu nombre! ¡Ya! —ordena en un grito exasperado.
—NO.
—¡Dilo!
—NO.
La pelirroja gemela —no sé si es la 1 o la 2, lo siento— se acerca a ella y le muestra una libreta. Sharpay cierra los ojos y asiente.
—Sheidy Cassie. —Sharpay escribe algo en su libreta de notas—. Eres una roja.
El lugar se queda en silencio. Veo que los rojos bajan la cabeza, los azules tiene sonrisas burlonas en sus rostros.
—Genial.
Eso digo, y por enésima vez en el día, parece molestar a Sharpay.
—No quería estar con hipócritas, igual —le sonrío.
Sharpay se acerca a mí con mirada amenazante. Me apunta con su lapiz, tocando mi pecho.
—¿Te hiciste amiga de una roja, verdad? —No respondo, sólo trago saliva. No sé si será buena idea decirle que estaba con Cindy—. ¡¿Alguien vio la roja con la que estaba esta cosa?! —pregunta ella hacia las mesas. Nadie dice nada—. ¡A quien me respondo, lo asciendo una mesa! —Entonces un rojo de las mesas de más al frente se levanta y señala a la mesa donde están Cindy y los demás.
—¡Cindy Stevens! —acusa el chico.
Sharpay sonríe.
—Eres un azul, chico. Felicidades.
El odioso sonríe y se acerca a las mesas azules, dejando a los demás de la mesa roja en la que se encontraba anonados, como si acabaran de ver un muerto. Supongo que realmente acaban de ver muerto a su amigo, ahora un azul.
—¡Mesa roja número 14! —Sharpay se gira hacia ellos y pone sus manos en jarras. Lo está disfrutando la muy mendiga—. ¡Todos ustedes y la nuevita han pasado a ser rojos número 20!
Se oyen jadeos de sorpresa.
El problema no es que yo haya sido degrada a mesa 20, el problema es que a mi única amiga hasta ahora también le ha ido mal por mi culpa.
Es mi primer día y ya estoy arruinada.