Mansión Mancini

1960 Words
Dos meses después de la muerte de Dante. Mientras tanto en Italia. Se había desatado una guerra por la muerte de su líder, el Diablo de la mafia italiana. Iván y sus amigos estaban furiosos y querían dar con el enemigo. Se enteraron de ello, cuando Enzo volvió a Italia, con ayuda del Árabe. Después de que los habían emboscado en el desierto, Enzo buscó e intentó comunicarse con Dante, pero nada, no había señal de él, ni de Franco. Habían sido los únicos desaparecidos, ya que todos los cuerpos del escuadrón se habían encontrado tirados en el desierto. Enzo, con ayuda del Árabe, volvió al mismo sitió, en busca de su jefe, pero no había rastro alguno de él. Fue ahí cuando recogieron y limpiaron toda la masacre que se vivió allí. Estando él ya con sus amigos, les explicó lo sucedido y también que buscaron por todos rincones y no había señales del Diablo. Para Iván era difícil creer que su hermano del alma estuviera muerto, también le preocupaba la organización y quién también estaría a cargo ese tiempo mientras aparecía Dante. Él, definitivamente no lo quería dar por muerto, por eso intentó esconder eso con los demás socios, no quería que se enteraran de ello. Y es que si sucedía se iba a armar una revolución por el puesto de Dante, ya que ese lugar necesitaba ser ocupado. Iván ordenó al los guardias que trabajaban para ellos, que siguieran buscando. Mando a otro escuadrón a Marruecos, y que revisaran cada ciudad, pueblo, todos los sitios de ese lugar y sus alrededores. Pero que no regresarán hasta encontrar a su Líder. Jamás se daría por vencido, hasta no ver su cuerpo. Iván no tenía cabeza para liderar con otras cosas, por esa razón en esos momentos no recordó a la fiera del Diablo, si no se acordaba de su morena despampanante, mucho menos de otras mujeres lo iba a hacer. Él lo único que quería era encontrar a su amigo, y mientras los hombres que mando lo hacían, él se puso a cuidar de la organización en Italia, era lo que hubiera querido Dante, por eso lo dejaba muchas veces a cargo. Pero él no se sentía bueno para ello, así que llamó a su padre para que viajara a Italia y lo ayudará. Él sabía más de ello, y era bueno dirigiendo y dando órdenes, Iván servía más para asesinar y contrabandear. Eso era lo suyo. Para los negocios definitivamente el perfecto era Edgardo. Su padre había llegado una semana después de que se enteró de la desaparición de Dante. Solo él, Edgardo, Enzo y Leo, sabían de eso. No querían que nadie más lo supieran. Y también el Árabe, que se había ofrecido ayudarles, estaba apenado por lo que había sucedido, y sentía que debía ayudar, aparte que le tenía un gran apreció al Diablo. Pero cuando creían que tenían todo bajo control y que nada, ni nadie llegaría a meterse. Se habían equivocado, pues no era así. Bruno Mancini, primo de Dante, había entrado por la puerta grande como un gran triunfador, como si se hubiese sacado la lotería. Venía por el puesto de su primo, se había enterado de su supuesta muerte, porque los que se enteraron así lo dijeron. Con una gran sonrisa y con arrogancia se dirigió a Edgardo y los otros, que se encontraban reunidos en la sala de la mansión Mancini. La servidumbre le recibió y lo dejó pasar. No era bien recibido, pero, aun así, nunca no le prohibieron el paso, más bien él les amenazó. — Lo que nos faltaba, la peste — dijo entre dientes Leo, cuando Bruno entró a la estancia. — Recuérdame más tarde de sacar la suciedad de aquí. — comenta Bruno a su hombre que lo acompaña a su lado derecho. Llega hasta ellos y les sonríe falsamente. — ¿Qué quieres? — masculle Iván molesto. Edgardo, intenta calmar a su hijo cuando le palmea con su mano en el hombro y niega con la cabeza. Él suspira en respuesta y prosigue — ¿A qué has venido? — preguntó, intentando sonar calmado. — Por mi trono — respondió como si nada. Leo comienza a carcajear, Iván no hace nada más que solo mirarlo mientras lo asesina con su mirada, Enzo también se encuentra molesto y Edgardo intenta analizarlo con su mirada. Por supuesto no estaban contentos con ellos y mucho menos con su presencia. — Por favor, no nos hagas reír — dijo Leo — Esto es una broma ¿verdad?, porque eres pésimo haciéndolas. — No hablo con los perros — le responde Bruno. En eso Leo se encamina para acercar a él y golpearlo, pero Iván lo detiene, lo agarra fuerte del brazo para evitar que su amigo haga una estupidez. — Solo ignóralo — le dice Iván, a Leo, él gruñe molesto, pero intenta controlarse, deshace el puño que había hecho y solo asiente. Más tranquilo, se aleja un poco para acercarse a la chimenea y se queda ahí — No sé quién demonios te dijo que podías venir aquí como si nada y tomar el lugar del Diablo, ese sitió solo le corresponde a él y a nadie más. — finaliza Iván. — Yo no necesito que me lo digan. Todos los que estamos aquí sabemos que yo soy el sucesor de la familia, si él falta, el lugar me correspondería a mí. Por ser un Mancini. Iván resoplo furioso, ciertamente tenía razón en sus palabras, y no era de dudar de que tarde o temprano vendría por lo que supuestamente le correspondía. Pero lo que él se preguntaba era ¿cómo se había enterado?, se suponía que solo sabían él y los otros que se encontraba en esa habitación, a excepción del primo. — Él no está muerto — dijo Iván. — Eso no lo sabes tú, pero si sabes que está desaparecido, hace más de dos meses más o menos, ¿no? — cuestiono Bruno. Iván estaba enfureciendo más, ese sujeto había dado en el clavo, quien sabe cómo estaba al tanto, pero lo que más le preocupaba era que tenía razón, y él podía aclamar por el lugar de Dante, si no lo aceptábamos, podría ir a pedir ayuda a los otros líderes y asociarse a las mafias que tenían alianzas con la del Diablo. Tenían que resignarse y aceptar al tal primo, solo sería por un tiempo mientras regresara Dante, Bruno no era el correcto para tomar el puesto, pero no había otra salida, no había otro heredero, ni nada que los salvara de eso. Edgardo asintió resignado, no quedaba nada más que decir. Les hizo seña a los demás para que también aceptaran, pero Leo solo los ignoró y salió de ahí furioso, Enzo negó con la cabeza y suspiro, asintió y se marchó por donde se fue su amigo. Solo faltaba Iván, su padre toco su hombro en señal de que todo estará bien. Inhalo aire y después lo expulsó, de un largo momento asintió por igual. Bruno seguía sonriendo y después volvió a hablar. — Así me gusta, que vean quién manda. Además, por el momento los necesitaré, ya más tarde quizás haga unos cambios, no confío en la gente del Diablo, no creo que muchos me vayan a tener lealtad, aunque otros tal vez sí lo hagan. — dice. — Mañana regreso para tomar posesión de lo que me pertenece, mandaré a que traigan mis cosas, así que vayan sacando todas las cosas de mi querido primo. Termina de decir para girarse e irse con su guarura. Iván estaba que no lo calentaba ni el sol, no sabía cómo iban a salir de esto y deshacerse de ese imbécil. — Deseo matarlo — dice entre dientes. — Calma hijo, debemos tener la cabeza fría y concentrarnos en que debemos de hacer. — Pensé que te habías rendido cuando aceptaste a tu nuevo líder — dice Iván, confundido. — Eso jamás, si tenemos esperanzas de encontrar aún a Dante, no debemos tirar la toalla. — Pero… ¿Y si esta…? — no quiso terminar su pregunta, no es algo que pensara o deseará que fuera, pero también le había cruzado por la mente esa opción desagradable. — No hijo, tú más que nosotros, presientes que él sigue con vida, yo también lo presiente. Solo hay que seguir buscando, hasta encontrarlo. Iván estaba completamente de acuerdo con su padre, sabía que era lo que tenían que hacer hasta dar con él, en algún lado del mundo tenía que estar, vivo o muerto… Pero querían encontrarlo. Al igual iba a intentar investigar cómo fue que Bruno se enteró de la desaparición de Dante, tenía que llegar a la verdad de todo y si averigua que él tenía algo que ver con ello, se las iba a pagar, iba a vengar la pérdida de su amigo a cualquier costa. Mientras tanto en la mansión Mancini nada iba por buen camino. Después de unas semanas más, Bruno se había encargado de cambiar personal de casi todo el equipo que en algún momento trabajaron para el Diablo. No confiaba en nadie que haya servido a su primo y mucho menos los hombres de confianza de Dante. Por esa razón tenía muy vigilados a Iván, Leo, Enzo y Edgardo. Mientras se encontraba sentado en el lugar del Diablo, su despacho, su asiento. Uno de sus hombres llegó. Era un tipo tatuado, tenía un aspecto que daba miedo y con su oscura aura cualquiera podía sentir escalofríos por lo que provoca terror. — Jefe — dice el tipo tatuado — ¿Me mando a llamar? Bruno no respondió en seguida, solo se limitó a mirar por la ventana. — Necesito que hagas otro trabajito — respondió Bruno. — ¿A quién tengo que cargarme? — Sonó malicioso. Bruno niega con un dedo mientras fija su mirada en él. — A nadie. Por el momento solo será un secuestro. — informa. — Tú dirás, yo solo te obedezco. Junta sus manos y apoya sus codos en el escritorio para inclinarse un poco hacía enfrente. — Iras a Dresde Alemania — prosigue — Y me traerás a la hija de Lionel Bachmann. — Pero… Que no habías dicho que querías unir las mafias. Si haces eso, lo único que querrá ese viejo de ti será tu cabeza. — Así es, pero tengo un plan. Y necesito deshacerme primero de los estúpidos amigos de mi primo. — dice Bruno — La única forma es secuestrando a esa niña y después haremos creer que fueron los hombres del Diablo. Y así serán dos pájaros de un solo tiro. — ¿Luego la matarás? —. Preguntó. — No, su destino será mucho mejor — responde — La haré mi mujer. La puta de del Diablo será mía. El hombre tatuado se carcajea. — Tú sí sabes. Fuera el Diablo de la organización, ya te puedes quedar con el lugar que te corresponde, y no solo eso, sino que también te quedarás con su mujer. — sonríe con malicia. Bruno había hecho un plan para que culparan a los amigos de Dante, y así pudiera deshacerse de ellos. — Ella será mía, a cualquier costa. Todo lo que era del Diablo será mío. — asegura con su tono de voz serio. — ¿Cuándo será el día del atraco? — La madrugada de su cumpleaños. Me enteré de que Lionel dará una fiesta por sus vente años. Que mejor regalo para ella que secuestrarla. — sonríe malévolamente. Pero para él su gran plan era acercarse al líder de la mafia Alemana y hacer alianza con él, para después destruirlo y quedarse con su imperio, su organización y con su mayor tesoro su hija.
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