CANTO XX Cuando el astro que al mundo todo alumbra, del hemisferio nuestro ya desciende, y se consume el día en su penumbra, el cielo, que antes él tan sólo enciende, aparece alumbrado de repente por muchas luces, en la que una esplende. Este aspecto del sol vino a mi mente, cuando el signo del mundo y de sus Duces, quedó en silencio el pico reverente. ¿Por qué todas aquellas vivas luces, más brillantes, estallan en un canto que tú, memoria mía, no produces? ¡Oh, dulce amor, de sonriente manto! ¡Cuál ardían tus chispas inmortales, que anima un solo pensamiento santo! Cuando las bellas gemas celestiales de que la sexta luz está incrustada apagaron sus sones divinales, de un río de corriente despeñada, claro el rumor, me pareció que oía, indicando su fuente bien colmada

