CANTO II Ya estaba el sol al horizonte junto, que cubre con su cerco meridiano Jerusalén en su más alto punto. La noche, opuesta en círculo lejano, sale del Ganges con la fiel Balanza, que al levantarse el sol cae de su mano; y del blanco y del rojo la semblanza, marcando el paso de la bella aurora, pasa al fin del dorado a la mudanza. Aun cerca de la mar estamos ora, tal como aquel que piensa en su camino con deseos, y el cuerpo se demora; y como vese en cielo matutino, de Marte, entre el vapor, la luz rojiza, al ocaso bañar campo marino, así me pareció venir de prisa una luz por el mar, y que volaba, tal que un ala veloz fuera remisa. Y mientras al maestro interrogaba, apartando mi vista, al remirarla vi que con más fulgor la luz brillaba. Por ambos lados puede con

