​CANTO III

882 Worte

​CANTO III Así que hubo las almas dispersado La subitánea fuga en la campaña, hacia el monte que purga del pecado, yo me estreché contra mi fiel compaña. ¿Cómo sin él habría yo corrido? ¿Quién me habría llevado a la montaña? Me pareció de sí desavenido: ¡Oh, conciencia tan digna como pura! ¡Cómo tan leve falta te ha dolido! Al verle detenerse en la premura que despoja la acción de su nobleza, mi mente, en un principio algo insegura, se dilató, volviendo la cabeza al monte que mi vista concentraba, y que en la tierra sube a más alteza. El sol, detrás de mí, rojo flameaba, y, rompiendo sus rayos mi figura, adelante mi sombra proyectaba. Yo me volví hacia un lado, con pavura de abandonado estar, cuando veía delante mí sólo la tierra oscura. Mas, confortándome, dijo mi gu

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