La verdad nunca he tenido suerte, ni en el amor, ni en la escuela, ni con el dinero… en fin, soy un manojo de nervios y saco de sal.
Lo perdí todo, solo me quedaba la dignidad y mi hermana, y la primera quedó en duda luego de que empecé a trabajar para un imbécil narcisista; les cuento, es el típico idiota que se cree ser dueño del mundo y tener todas las mujeres besando sus pies, y la segunda es cierta (es la viva reencarnación de Eros), además de lo bueno que esta… volviendo al punto, me niego a caer en su juego frívolo.
En la vida suceden cosas que nos marcan para siempre y nos hacen cambiar. Es la historia en que un mujeriego cambió mi vida.