CAPITULO 38

1910 Palabras
Gawain se encontraba en el patio del castillo en Tiamat, se había sacado parte de su uniforme y solo quedaba esa camisa blanca decorando su cuerpo, que transpiraba a medida que ejercitaba sus músculos. Los apretados pantalones, le ayudaban a moverse más rápido. Wave comía una manzana mientras veía a ese monstruo que poseía una fuerza inimaginable. Le impresionaba los veloces movimientos del chico y se preguntaba si alguna vez iba a poder llegar a ese nivel. Como nuevo guardia de la princesa, Gawain era su modelo a seguir y todo lo que aspiraba a ser. Verlo entrenar era de las mejores cosas que podía hacer. - ¡Ya deja de observarme como un acosador y ven aquí! - le grito, sacándolo de su burbuja. Dejo la mordida manzana sobre una mesa y corrió hasta el lugar donde el chico lo esperaba. - ¿Cómo es que logras moverte tan rápido? - cuestiono. - ¿tienes sangre de animal o qué? ¿Cuál es tu secreto? - ladeo su cabeza. Gawain sonrió y tomo una pequeña botella con agua que vacío al instante. Seco con su mano las gotas que habían caído fuera de su boca y le sonrió al chico. -Son años, Wave. Tranquilo, tienes al mejor profesor. Pronto lograras superarme. - mintió, dándole una palmada en la espalda. -Como si eso fuera posible. - rio. Se colocó frente al tronco que usaban y tomo la espada para comenzar a practicar su defensa. -Bien, ¿planeaste una ruta para recorrer el pueblo? Bevery quiere recorrerlo lo antes posible. - volvió a hablar Gawain. Wave asintió. -Sí, ya conozco el pueblo como la palma de mi mano. - dijo. - Así que, está todo listo. - Gawain asintió. -Perfecto, después hablare con la princesa. - conto. - ¿Viste algo sospechoso? - cuestiono. Wave bajo la espada y se giró para ver al chico de cabellos castaños. - ¿A qué te refieres? -Ya sabes. - soltó sin darle mucha importancia. - Algo fuera de lo común, algo que te haya llamado la atención. Wave se encogió de hombros, realmente había recorrido de punta a punta los alrededores del castillo y no había encontrado nada raro en particular. -No que yo haya visto. - termino por decir. - ¿Algo que tenga que tener en cuenta para la próxima recorrida? - ladeo su cabeza. Gawain lo observo en silencio unos segundos, por lo que habían hablado, eso tenía que quedar en un secreto. No podía decirle a nadie que la princesa Agnes se había fugado, por lo que tenía que mantener su boca cerrada. Negó con la cabeza, poniendo una sonrisa tranquilizadora en su rostro. -Nada en especial. Solo quería saber que tan seguro era el reino. - mintió. Wave asintió. -Totalmente seguro, Gawain. - dijo. - Pero seré más cuidadoso en el próximo viaje, cualquier pequeña cosa extraña te será notificada. -Gracias. - agradeció y volvió a su práctica. Gawain siguió concentrado en su entrenamiento, desabotonando los primeros tres botones de su camisa. Todo eso que estaba pasando en el castillo le parecía tan sospechoso, que la Princesa Agnes haya desaparecido era algo que nunca creyó que iba a ver. Pero ahí estaba su cuarto vacío, ella había escapado. Escucharon ruido de caballos y gritos de emoción, Gawain giro su rostro para ver de qué se trataba tal escándalo. Y ahí estaba él, Dietrich entraba con su traje de príncipe real, saludando a las doncellas con la mano mientras que descansaba sobre su hermoso corcel. Quién sabe dónde había estado toda la mañana, pero ya estaba ahí para dar semejante acto digno de un circo. Gawain rodo los ojos, harto de ver ese rostro y volvió a su entrenamiento. Wave dio una reverencia al ver que los ojos del príncipe estaban sobre ellos dos, mejor dicho, sobre el chico de cabellos largos que estaba a su lado. Dietrich bajo de su caballo y le hizo una seña para que los demás guardias lo abandonaran mientras que caminaba a paso decidido hasta donde estaban esos dos. Con el mentón alto, aclaro su garganta. -Cuando un príncipe llega a un lugar, los plebeyos deben dar una reverencia. Creí que te habían enseñado modales básicos, Gawain. - sonó seco, cruzándose de brazos. Wave codeo al castaño que parecía no tener intenciones de hablar con el príncipe. -Gawain, te habla a ti. - le susurro para que él escuchara. -Por supuesto que él sabe que le estoy hablando. Solo que prefiere hacerse el imbécil. - escupió. Gawain bufo y se dio finalmente vuelta. Sus ojos se conectaron con los del pelinegro y sonrió lleno de burla. -Veo que se levantó con el pie izquierdo hoy, su majestad. - y como un acto lleno de sarcasmo, inclino levemente la cabeza. -Maldito mocoso. - pronuncio. Wave trago saliva y los miro una vez más. -Iré por la princesa. - murmuro para sí mismo y salió corriendo. Si no se apuraba e iba por ayuda las cosas se iban a salir de control entre esas dos bestias que estaban por lanzar llamas por los ojos. Dietrich y Gawain seguían manteniendo la mirada fija en el otro, esperando no ser el primero en romper el contacto visual. Pero al parecer ninguno iba a dar a torcer el brazo y mucho menos el chico de pelo largo que tenía en peligro su orgullo. - ¿Por qué no va a darse un baño relajante de burbujas o alguna cosa de príncipe? Tengo cosas que hacer. - pregunto mordaz. -Extrañaba mucho escuchar tus ataques pasivos a la realeza. - alzo las cejas, peinando su sedoso cabello color n***o. - en realidad, no lo hacía. - arruga la nariz. -Tampoco extrañaba verte. - negó con la cabeza. - ¿Qué quieres? - cuestiono. Dietrich suspiro y se sentó en el pequeño banco frente al menor. Ladeo su cabeza y sonrió sínico. - ¿Por qué me miras como si intentaras coquetear conmigo? No te ofendas, no eres mi tipo. - se burló Gawain. Dietrich sonrió más ampliamente, sin dejarse afectar por lo que decía. -De hecho, me he dado cuenta que ambos tenemos el mismo tipo. - soltó. - Que coincidencia. Gawain alzo las cejas, entendiendo perfectamente a que se refería. Pero igual que Dietrich, no iba a dejar que le afectaran sus palabras. -No sé a qué te refieres. - modulo, dándole la espalda. Dietrich soltó una carcajada. -Debo admitir que siempre sentí esa extraña forma en como la miras. Siempre has respirado únicamente para ella…- alargo. - pero ahora es diferente, ahora no puedo quitar la mirada y fingir que no me doy cuenta, porque se trata de mi futura esposa. - formulo. Gawain rodo los ojos, sintiendo una extraña ira acumularse en su interior. Le parecía un mal chiste que Dietrich estuviera asumiendo sus sentimientos por Bevery cuando ni siquiera él sabía que era lo que estaba sintiendo. Pero definitivamente no se trataba de amor, no se podía tratar de eso. Un escalofrió paso por su cuerpo de solo pensarlo. -Si estas insinuando que yo siento algo por Bevery, definitivamente te volviste loco Dietrich. - giro su cabeza. El príncipe se levantó de su lugar y se acercó hasta él lentamente. -Espero que eso sea así. - hablo lentamente. - Sino, no encontraría otra razón por la cual te meterías en su habitación en el medio de la noche. - alzo una ceja. Gawain sonrió de lado, así que de eso se trataba. -Soy su guardia real, por si lo habías olvidado. - repitió, Dietrich negó con la cabeza. - ¿Y eso te da un pase gratis a su habitación? -Digamos que la princesa confía lo suficientemente en mi como para poder entrar en la noche. - se encogió de hombros. - Algún día quizás puedas entenderlo. Dietrich paso la lengua por el interior de su mejilla, comenzando a enojarse. -No vuelvas a hacerlo. - ordeno. - ¿O si no qué? - frunció el ceño, Dietrich siempre intentaba ordenarle como si fuera a quien tenía que obedecer, pero Gawain solo seguía las ordenes de una sola persona. - No estoy bajo tus ordenes, príncipe. - escupió. Dietrich paso una mano por su cabello y se paró más firme. -Ahora estas en mi reino y a mi es a quien obedecerás. - dijo. - Pronto seré rey también de Amaru, así que quizás debas acostumbrarte a estar bajo mis órdenes. - coloco su mano sobre el hombro del contrario. El labio de Gawain tembló, con ganas de estampar su puño contra el bello rostro del príncipe. -Nunca obedeceré ni una palabra que salga de tu boca. - escupió. - ¿Ese no es tu trabajo? ¿Acaso no eres otro sirviente de la corona? Gawain rio histérico, llevando sus mechones de pelo para atrás, tratando de contar hasta diez para no perder toda la calma que estaba conteniendo. - ¿Un sirviente de la corona? - inclino su rostro. - Me gusta más el título de mejor espadachín de los reinos. - se encogió de hombro. - pero eso tú lo debes saber perfectamente, seguro es lo que no te deja dormir por las noches. Dietrich rodo los ojos. - ¿Intentas ser gracioso? - frunció la nariz. - Empieza a mostrarme respeto Gawain, tu estadía en este reino cuelga de mi humor. Aléjate de la princesa, mantén tus sentimientos de lado. - lo señalo. - Mantente en tu lugar de sirviente. Gawain mantuvo la mirada, frunciendo el ceño. Ya se estaba cansando de esos numeritos del príncipe. -Vuelvo a repetirte, ¿y si no que? - arqueo una ceja. - Estoy aquí por la princesa, y solamente por ella. Sus órdenes son las únicas que escuchare. -Entonces prepárate porque la primera decisión que tome cuando sea Rey de Amaru será despedirte y nunca más volver a ver tu tonta y fea cara. Gawain apretó el puño y lo levanto, pero antes de que pueda moverlo o hacer algo, escucho la voz de Bevery. - ¡Alto! ¡Los dos! - exclamo, poniéndose entre los dos. Con sus dos manos separo los dos cuerpos y les dedico una mirada llena de furia. -Very…- susurro Gawain. - ¿Qué demonios les pasa? - frunció el ceño. - ¿Por qué pelean como si tuvieran diez años? Gawain trago saliva, dando un paso atrás y manteniéndose firme. -Pregúntale a tu prometido. - señalo. Bevery lo observo extraña y giro su cabeza para dirigirse a Dietrich. - ¿Qué pasa? - cuestiono. - ¿Está todo bien Dietrich? El príncipe alzo la cabeza. No podía decirle a Bevery lo que estaba pensando. Pero Gawain sí. -El príncipe de Tiamat…- comenzó a decir. - Dijo que cuando sea rey de Amaru, me despedirá como tu guardia real. - Bevery alzo las cejas, sin poder creer lo que estaba escuchando. Soltó una pequeña risa nerviosa. -Eso no puede ser. - rio, no podían apartar a Gawain de su lado. - no puedo despedirlo. Nadie puede despedirlo. - recordó. - Él es el único que puede decidir cuándo terminar de trabajar para la corona. Gawain sonrió enormemente, la princesa por primera vez se había puesto de su lugar. -Lo lamento, Dietrich. Tendrás que seguir viendo mi tonta y fea cara por mucho tiempo más. - se burló, dando una reverencia. - Nos vemos, altezas. Y desapareció. Dietrich y Bevery se miraron por un segundo. Había muchas cosas que tenían que hablar. (..)
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