Bevery se había despertado con una extraña sensación en su pecho.
Quizás le pareció raro que ese día nadie había venido a despertarla, dejándola dormir hasta que el sol tocaba el punto más alto del cielo.
No podía culpar a los rayos de luz por despertarla, siendo que el cielo estaba completamente n***o, lleno de nubes que traerían una fuerte lluvia.
Trago saliva, recordando aquel último beso que Gawain y ella habían compartido cuando estaban a las afueras de la cuidad.
Pero cerro los ojos y se recostó mejor sobre las almohadas, era muy temprano como para empezar a pensar en esas cosas.
Y su pecho seguía doliendo inexplicablemente.
Suspiro.
Quizás se sentía así porque tenía que hablar con Dietrich sobre todo el asunto de Gawain y cómo no iba a permitir que vuelva a amenazarlo con despedirlo, aunque él no podía hacer eso.
Dietrich tenía que vivir con la idea de que Gawain los rodearía por años, aunque no le gustara.
Su padre había tenido el mismo guardia real toda su vida, incluso estaba con él en la guerra.
Ella no lo volvería a defraudar haciendo que su guardia renunciara, tendría que aprender a sacar esos tontos pensamientos que rondaban por su cabeza y seguir adelante con su matrimonio.
Ya no había más espacio para Gawain en su cerebro, no importaba que tan lindo se veía cuando sonreía.
Finalmente decidió levantarse e ir a ver qué era lo que sucedía en el castillo, por qué había tanto silencio y por qué nadie había ido a despertarla.
El pasillo hacia el primer piso se le hizo eterno, mas con todos los empleados dando una silenciosa reverencia larga cuando pasaban por su lado y no se atrevían a verla a la cara.
¿Acaso lucia tan mal sin maquillaje y en su pijama? No, no podía ser eso.
Debía tratarse de otra cosa.
Al llegar al salón pudo identificar la espalda de Dietrich y comenzó a acercarse en silencio.
-Bien, encárguense de hacer todo lo más tranquilo posible y de cambiar la bandera por la de duelo. - explicaba, inmediatamente Bevery frunció el ceño.
-Príncipe Dietrich, su traje de luto está listo. - apareció otra voz.
El príncipe asintió, apenado.
- ¿Atrasaran el casamiento?
Dietrich tomo aire.
-Sé que esto es una gran, gran noticia para todos. - hizo un silencio. - pero no podemos desviarnos de lo que es lo que está sucediendo en Amaru y todo lo que eso conlleva, así que no, no atrasaremos la boda. - todos asintieron. - aunque aún tengo que hablar con la princesa, pero estoy seguro que ella pensara igual que yo.
Bevery dio tres pasos más cerca del príncipe, dándose cuenta las personas que lo rodeaban de quien se trataba.
Todos le dieron una larga reverencia, observándola en silencio y con algo de pena.
El nudo en su pecho se iba agrandando a medida que Dietrich se daba vuelta hacia ella.
Sus ojos estaban algo tristes y cansados, parecía como si no había dormido en toda la noche, pero igual lucia bello.
Dietrich le regalo una pequeña sonrisa mientras que terminaba de acercarse a ella.
- ¿Que está sucediendo aquí? - cuestiono Bevery, frunciendo aún más su ceño cuando Dietrich tomo sus manos entre las de él.
-Princesa, ¿no quieres desayunar primero? - pregunto, evitando hablar del tema.
Bevery negó con la cabeza, soltándose del agarre del más grande.
-Dietrich, dime que está pasando. - repitió, poniendo más énfasis en su pregunta.
Algo estaba pasando y el príncipe estaba escondiéndoselo, sea lo que sea, ella tenía que saberlo.
Más si era algo que trataba sobre Amaru, era la princesa y futura reina. era su derecho.
-Bien, te lo diré. - tomo aire. - No son noticias que me hubieran gustado darte, Bevery… Pero creo que es mi responsabilidad como príncipe y como tu futuro esposo, decírtelo. -
Bevery asintió, lista para cualquier mala noticia que saldría de los labios de Dietrich.
-Very…- volvió a hablar. - El Rey Michael falleció en batalla.
-Oh…
Esa fue la única expresión que pudo salir de su boca, y se sintió algo estúpida por haber dicho eso, fue como si hubiesen dicho ¨no queda más sopa¨ o ¨el caballo se lastimo una de sus patas¨
Realmente no sintió fuerza como para poder decir más que esa sola palabra.
Había mil pensamientos que inundaron su cerebro en una milésima de silencio, muchas preguntas y muchos comentarios.
Tenía tantas cosas para decir, pero su boca no podía moverse.
Su cerebro era incapaz de mandar alguna orden para que pudiera hablar.
Sus ojos se llenaron de lágrimas, el dolor en su pecho incrementaba cada segundo que pasaba y no sabía cuánto tiempo pasaría hasta que se desplomara en el piso.
-Los soldados de Kreston estaban metidos en la batalla, nos llegó la información de que usaron nuevamente la tecnología en armas y que tu padre fue víctima de la pólvora que manejaban. - explico, tratando de que la princesa estuviera al tanto de todo.
Pero la pobre Bevery ya no podía verlo a los ojos, porque creía que iba en romper en llanto en cuanto viera los tristes ojos del mayor.
-Él…- susurro. - ¿Él realmente se fue? - sus murmuras habían puesto a todo aquel presente a sufrir junto a ella, los empleados del palacio intentaban esconder sus lágrimas mientras que la princesa caía al piso en un grito de dolor que paralizo a todo aquel a la redonda.
Su padre… El Rey Michael había muerto tratando de salvar a Amaru.
¿Cómo iba a seguir? ¿Cómo iba a recuperar fuerzas?
Si su padre, que era la persona que más admiraba en la tierra, no había logrado recuperar a Amaru, y había perdido contra las armas del enemigo, ¿cómo iba ella a seguir? ¿Cómo iba a pretender ser lo que en realidad no era?
Su llanto en el piso puso a llorar a más de uno, mientras las primeras gotas de lluvia caían en el reino.
La bandera se alzó y les hizo a saber a todo el reino que el luto había empezado, que Amaru ahora no contaba con un Rey y que la princesa Bevery había perdido a su padre.
El pueblo salió rápidamente a responder ante el anuncio del palacio, las velas aparecieron en cada una de las ventanas y los pueblerinos comenzaron a caminar hacia el castillo en silencio, recordando todo lo que el Rey Michael les había dado a través de los años y como la noticia era devastadora para cada uno de los ciudadanos.
Las tristes músicas de un instrumento acompañan el silencio, los vacíos corazones de la gente que había conocido al rey y que ahora lamentaba su temprana partida.
Y los que se ponían a pensar que era lo que iba a suceder con el futuro de Amaru ahora que su rey había muerta.
De vuelta en el castillo, la princesa miraba por la ventana de su habitación la lluvia caer, y como la gente caminaba abajo de sus paraguas hacia la puerta del castillo con flores y regalos para su difunto padre.
En su mente se recopilaban los recuerdos que guardaba con su padre, como desde pequeña él había sido todo lo que ella tenía, desde que su madre había muerto.
Michael había cuidado de la princesa con sumo cuidado y cariño, enseñándole paso a paso todo lo que necesitaba para convertirse en una increíble reina, pero, además, para que su hija fuera la más feliz de todas.
Porque eso era lo que todos los padres querían al pensar en sus hijos.
Pero habían pasado meses desde la última vez que lo vio, y ni siquiera se había podido despedir correctamente.
La guerra contra Kreston le había sacado a su padre, y era algo que nunca iba a poder perdonar a esos desgraciados.
Las lágrimas ya no salían de sus ojos, había llorado demasiado hasta quedarse dormida y ahora ya no podía producirlas.
Escucho la puerta abrirse a su espalda, sin fuerzas para girarse, espero a que el príncipe Dietrich llegara hasta su lado.
-Hola pequeña. - susurro.
Bevery lo observo e intento mostrarle una pequeña sonrisa.
-Hay. - le salió como un sonido inexplicable.
- ¿Estas seguras que quieres hacerlo? Podemos esperar hasta que te sientas mejor. - dijo, viendo como todo su pueblo se posicionaba bajo el balcón de la princesa.
Bevery negó con la cabeza, pasando las manos por su n***o vestido.
-No, es algo que mi padre hubiera querido que hiciera rápidamente. - informo. - No puedo hacer esperar al pueblo, ¿no? - sonrió, pero le salió más como una mueca llena de tristeza.
-Debemos anunciar el compromiso también, no podemos hacerlos pensar que Amaru no tiene reyes. - Bevery asintió.
- ¿Donde esta Gawain? - había esperado horas para poder verlo, pero no había aparecido y realmente necesitaba verlo.
Necesitaba sentir sus brazos alrededor de ella, no importaba lo que significaba eso.
Solamente estaba esperaba poder verlo rápidamente.
Dietrich acomodo un mechón de la princesa tras su oreja.
-Él tuvo que ir rápidamente a encargarse algunos asuntos del reino, pero tranquila, volverá en dos días. ¿Si?
Dos días.
Eso era una eternidad.
Era mucho más tiempo del que podía esperar.
Pero no podía decirle eso a Dietrich, por lo que solo asintió.
Tomo aire y finalmente salió al balcón, donde todo el pueblo la recibió con unos memorables cinco minutos de silencio.
Fue algo que ella nunca podría olvidar, jamás en su vida, aunque lo quisiera.
No iba a olvidar lo que sintió al ver todos esos rostros levantando las velas hacia ella, y como luego de que el silencio termino, comenzaron a aplaudirla y a expresarles toda su lastima y tristeza hacia ella.
Tuvo que morder el interior de su mejilla para no llorar, porque realmente había algo dentro de ella que dolía y ardía muchísimo.
Mantuvo su cabeza en alto y se acercó al balcón, regalándole una pequeña sonrisa a los presentes.
-El Rey Michael siempre vivirá en nuestros corazones, porque era de esas personas que no podían olvidar fácilmente. Porque era del tipo que nunca se rendía hasta hundirse en tu corazón y estoy segura que cada uno de ustedes fue testigo de eso.- pauso.- Este momento también vivirá dentro de mí por mucho tiempo, es muy importante para mí que el pueblo de Tiamat este acompañándome en este momento.- mantuvo su voz firme.- Es por eso que quería que fueran los primeros que se enteraran el hecho de que Amaru tendrá una nueva reina, y esa seré yo.- la gente aplaudió, festejando la noticia.- Pero también tendrá un nuevo rey…- alargo.- A partir de ahora, puedo contarles que el Príncipe Dietrich y yo estamos comprometidos.
Y así fue, como el matrimonio de Bevery y Dietrich, que uniría a Tiamat y a Amaru fue declarado frente a toda esa gente, el día que Bevery perdió a su padre.