CAPITULO 35

1835 Palabras
Habían pasado dos días desde la competencia entre Gawain y Dietrich. Todo el pueblo hablaba y hablaba sobre cada uno de los duelos y como aquel guardia de cabellos largos había vencido al príncipe con completa facilidad cuando de la espada se trataba. Ellos siempre habían creído que su príncipe era un muy buen espadachín. Pero claramente no conocían a Gawain. Verlo pelear era una experiencia completamente nueva. El muchacho se movía como si la espada era una extensión más de su mano, nada fuera de lo normal. Era una parte de su cuerpo y se había acostumbrado a manejarla como él quería. El príncipe estaba perdido si creía que alguna vez iba a superar esas habilidades. Pero no le importaba mucho a Dietrich otra pelea perdida contra su buen amigo. Lo que le importaba, era que ahora todo el reino sabía que la princesa estaba alentándolo a él y que, entre ambos hombres, Bevery ya había hecho su elección. Con el casamiento tan cerca, tenía que mostrarle a su pueblo que ella era parte de ellos. Que nada había cambiado y que, si Bevery tuviera que quedarse con alguno de los dos, seguramente elegiría al príncipe. Y eso, para Dietrich, contaba como una victoria mucho más importante que la de los duelos. Por otra parte, Bevery agarraba su vestido y posaba para el pintor que estaba retratando su rostro. Habían elegido ese día para que la pintura fuera hecha porque las flores estaban en su máximo esplendor, y aquel bello pulido por las diosas del amor, era digno de ponerse junto a esas bellezas. Pero Bevery ya sentía su cuerpo medio duro, estaba forzando su postura para salir lo mejor posible pero ya habían pasado tres horas desde que el viejo señor había empezado con su arte y ella comenzaba a tener ganas de llorar. -Princesa, quédese quieta. - pidió por quinta vez el artista. -Lo siento, los músculos de mi cara están por quedarse duros. - se quejó. -Ya casi termino. -Lo mismo dijiste hace una hora y media. - lo fulmino con la mirada. El señor sonrió y negó con la cabeza, sosteniendo la paleta con las diferentes mezclas en su mano. - ¿Se ha visto por el espejo hoy? Luce radiante, tengo que plasmar en mi pintura cada uno de sus rasgos que la hace la mujer más hermosa de todos los reinos. Bevery sonrió, bastando ese simple cumplido para que su postura vuelva a ser la correcta y su mentón este elevado una vez más. Escucho el ruido de unas pesadas botas acercarse, y se dio cuenta que se trataba de Gawain, que la estaba buscando. -Aquí estas. - dio una reverencia, sin soltar la espada que descansaba en su cintura. -Llegaron noticias, tienes una junta urgente. - se acercó a ella para tomar su brazo. - ¡Pero estoy en medio de una pintura! - volvió a quejarse. Gawain le lanzo una mirada de odio y luego observo al viejo que lo miraba furioso. -Lo siento, tengo que llevar a la princesa a la sala. - se disculpó, inclinando su cabeza. - estoy seguro que esto puede esperar. Y sin esperar respuesta, continúo escoltando (a la fuerza) a la princesa hasta dentro del castillo. - ¡El arte no espera, muchacho! - escucho exclamar a ese loco, pero lo ignoro. Bevery soltó un bufido, soltándose del agarre del mayor. Gawain se giró al no sentir el cuerpo de la chica. -Puedo caminar sola. - le dijo de mala gana, tomando el vestido y comenzando a caminar elegantemente. -Bien. - soltó, siguiéndola. - ¿Que ha pasado? - cuestiono. -No lo sé, Dietrich dijo que te trajera urgente. - ¿Desde cuándo le haces caso a Dietrich? Y es Príncipe Dietrich para ti. - corrigió. -No es mi príncipe. - se defendió, pero volvió a hablar. - Y le hice caso, porque parecía algo grave. - Bevery rodo los ojos, volteando su cabeza para enfrentar al mayor. - ¿No es que te sientes culpable por haberlo humillado frente a su pueblo? - cuestiono. Gawain dejó escapar una risa burlona y se cruzó de brazos. -No lo humille. - fingió modestia. - Él gano uno de los duelos. -Sí, y tú lo aplastaste en los otros dos. - agrego, exaltada. - ¿No podías dejarlo ganar, aunque sea una vez? - cuestiono. Gawain suspiro. Como si él hubiese sido el verdadero ganador… -No podía perder en el duelo con espadas. Me conoces, nadie creería que él pudo ganar contra mis habilidades. - dijo orgulloso. Tenía un punto. Gawain era el mejor espadachín de todos los reinos, Dietrich nunca podría ganarle. - ¿Y eso de tirar el tronco? Por Dios Gawain, nunca te intereso usar tu fuerza de esa forma. - le saco en cara. - ¿Y ahora eres un monstruo de la fuerza? Gawain dejó escapar una carcajada. -No soy solo una cara bonita. - se encogió de hombros. - también puedo usar a estas bellezas. - dijo coqueto mientras que mostraba los músculos de sus brazos. Bevery no pudo aguantar y se rio de Gawain, mientras que negaba con la cabeza. -Ojalá tuvieras algo de cerebro además de todo ese músculo. - se quejó, volviendo a caminar. -Sí que lo tengo. - se defendió, alcanzándola. - En fin, ¿no me felicitaras por ganar? Escuche que le horneaste un pastel de consolación a Dietrich. - alzo las cejas. Bevery lo observo incrédula. -Sí, porque Dietrich es mi prometido. - le recorto, rompiendo la burbuja. Gawain asintió en silencio, se escuchaba mucho más real cuando salía de los labios de la princesa. Bevery se casaría… Wow. Realmente eso iba a pasar, no era parte de alguna pesadilla que su mente podría crear. -Cierto. - un ambiente incomodo se formó entre los dos cuando llegaron a la enorme puerta de la sala de conferencias donde el príncipe y otras personas los estaban esperando. Bevery sintió sus manos húmedas, ¿que pretendía Gawain con ella? Habían prometido parar ese juego extraño que había entre los dos, ¿porque su corazón se aceleraba al ver la sonrisa de Gawain? Debían parar, antes de que fuera demasiado tarde. Antes de que todo empeore. Aclaro su garganta y miro al frente, esperando que la puerta se abra para ella. -Felicidades por tu victoria. - susurro, solo para que él la escuchara y luego la puerta se abrió. Una vez dentro de esa tan bien decorada habitación, Bevery inclino su cabeza hacia los presentes, que se pararon de sus lugares para reverenciarse, menos Dietrich que se encontraba a la punta de la enorme mesa rectangular. Detrás de ella, Gawain se reverencio y la siguió hasta su sitio en la mesa. Ni bien Bevery tomo lugar a la derecha de Dietrich, este coloco su mano sobre la de ella, y comenzó a trazar pequeños círculos con su pulgar, intentando tranquilizarla y preparándola para la noticia que tenían que dar. -Coronel Mark, si quiere…- invito Dietrich, ya que estaban todos los presentes, la reunión podía dar comienzo. Bevery llevo su mano libre para acercar la copa de agua a su boca. Sabia por el rostro de cada uno de los presentes que se trataba de malas noticias, incluso el aire era diferente, y no era solo por el hecho de que era la única mujer en la sala (sin contar a la princesa Agnes) -Altezas.- dio una reverencia, parándose con todos los documentos que habían sido enviados al reino esa mañana.- Lamentablemente, hoy estamos aquí para poder compartir las malas noticias que llegaron hoy.- Bevery trago saliva.- Como ya saben, el compromiso entre la princesa de Amaru y el príncipe de Dietrich tenía que ser de carácter secreto entre unas pocas personas, incluyendo el circulo de la Princesa Bevery y el castillo de Tiamat. -Más las personas a las cuales la reina Porsha les envió una ¨invitación¨ no autorizada. - se metió Dietrich, recordando la actitud de su propia madre. -Exacto. - siguió Mark. - Lo cierto es que Kreston ya se enteró del compromiso, por lo que sus tropas están multiplicándose para poder enfrentarse a nosotros. - Bevery cerro sus ojos con fuerza y bajo su cabeza. No había pasado ni una semana desde que había llegado a Tiamat, y ya tenían un problema. Un gran problema. -Sus tropas no pueden seguir multiplicándose, ya son significantemente más que las que tenemos nosotros. - hablo Bevery. - ¿Cómo podremos frenarlos? Era cierto, a este ritmo, Kreston sería mejor que ellos en todos los sentidos. De todas formas, ya los habían derrotado una vez en el gran baile que Bevery había organizado. Si seguían así, en desventaja, nunca podrían recuperar Amaru, no importa con quien se casará. Estaba comenzando a sentirse mareada. -No lo sabemos, pero por ahora debemos adelantar el casamiento. - anuncio. - Ya que saben lo que estamos planeando, no podemos darles más tiempo para que piensen una forma de frenarnos. Bevery sentía su corazón acelerarse, la boda se adelantaría… Si había algo que podía faltarle, era eso. -Bien, hagamos eso. - respondió, dándose un masaje en la sien. - Adelantemos la boda y consigamos más soldados. - determino. -Pero su alteza, ¿de dónde sacaremos más soldados? - cuestiono uno de los sirvientes. -Somos tres reinos contra uno, tenemos que encontrar una forma de sacarles ventaja. - todo ese tema la estaba volviendo loca. -Sí, pero es un reino que maneja pólvora, armas peligrosas, y otras formas de aniquilarnos fácilmente. - ahora era Agnes la que hablaba. - ni siquiera tus soldados en Amaru aguantaron más de diez minutos de guerra contra ellos. No es tan fácil como ¨ver quien tiene más soldados¨, su alteza. - dijo. Bevery mordió el interior de su mejilla, volviendo a llevar su cabeza contra el respaldo de su silla. -Tienes un punto Princesa Agnes. - Gawain se metió. - Pero cuando Kreston llego a Amaru, estábamos indefensos, no sabíamos a quienes nos enfrentábamos y llegaron cuando el castillo estaba lleno de nobles, incluido el Príncipe Dietrich. - señalo. - creo que ahora podría funcionar de alguna forma la unión entre los reinos. - aclaro su garganta. - tendrán mejores armas que nosotros, pero aun somos mejores luchando. Todos asintieron, el mensaje de esperanza del mejor espadachín de los reinos había sembrado un poco de buenas vibras en todos, que pensaban que quizás y solo quizás si podían ganarle a Kreston, aunque supieran cada uno de sus planes. Por otra parte, Bevery se removía en el asiento, había algo que estaba rondando por su cabeza desde que había escuchado esas malas noticias. ¿Cómo se habían enterado de la boda? ¿Quién estaba atrás de todo eso? ¿Y si había una persona que estaba delatándolos? Su mirada se posó en la persona que estaba lanzándole dagas con la mirada desde el otro lado de la mesa. Bevery abrió su boca sorprendida. ¿Acaso la Princesa Agnes los estaba traicionando? (...) 
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