CAPITULO 44

1857 Palabras
Blueberry descendía de su vuelo directamente al brazo de su dueña. Sabina acariciaba al pájaro mientras que observaba por la ventana, soltando un suspiro. La razón de sus suspiros apareció detrás de ella, alcanzándole una manzana acompañada de una linda sonrisa. Sabina tomo la fruta y la compartió con su mascota. - ¿Has visto a Bomi intentar cazar a Blueberry? - pregunto Wave entre risas. - Es un pequeño gatito intentando agarrar a un enorme pájaro. Sabina sonrió sin mostrar los dientes, no sabía que tan a gusto estaba con los sentimientos que Wave estaba provocando en su interior. Algo había nacido entre los dos, Wave era tan amable con ella y siempre encontraba la forma de sacarle una sonrisa, incluso cuando su mente estaba pensando en mil cosas a la vez. - ¿Está todo bien? - volvió a hablar Wave al ver que la chica tenía su mirada perdida en el paisaje que la ventana dejaba ver. Sabina se abrazó a sí misma y giro su cabeza para tranquilizarlo. -Está todo bien. - contesto. - Es solo que extraño un poco a mi familia…- mintió. -Oh, ¿es de ahí de donde viene Blueberry? - cuestiono. Sabina asintió. -Hay tranquila, pronto podrás volver a verlos. - soltó, pasando una de sus manos por los hombros de la pelirroja, pegándola a él. Sabina sonrió contra el cuerpo de Wave, sintiendo aquel cálido contacto. -Gracias Wave. - susurro contra él. Wave se separó y la observo fijamente a los ojos, sintiendo miles de cosas al verla. ¿Esto era lo que llamaban amor? Su corazón latía a mil por horas y no quería abandonar aquel cómodo lugar donde podía apreciar las largas pestañas y las pecas en el rostro de la chica. Cuando acerco su rostro al contrario para unir sus labios, Sabina corrió su rostro, dejándolo algo incómodo. Dio un paso atrás, sintiendo el rechazo. Quizás no era mutuo. Quizás ella no sentía nada, al contrario de lo que había imaginado. -Mira la hora, tengo que ir a entrenar. - dijo todavía nervioso. - nos vemos luego, Sabina. - la despidió con la mano y se retiró de su campo visual. Sabina no pudo decir nada, solo negó con la cabeza y suspiro. En otra parte del reino, Bevery montaba su caballo y sentía el viento golpear su rostro mientras que cabalgaba por el largo camino. Había tomado ese pequeño momento para olvidarse de todas las cosas que la estaban molestando, de todo lo que no la había dejado dormir en toda la noche. La gente la felicitaba por la fiesta de compromiso, les decía que ella había estado hermosa y que había sido la estrella de la noche. El pueblo no podía esperar para coronar a esa hermosa princesa como su nueva reina, estaban orgullosos del movimiento del príncipe Dietrich. Bevery solo podía recordar las palabras de Porsha y como había sido acusada de asesina. Los pensamientos de que quizás ella si había matado a su padre no la habían dejado pegar un ojo en toda la noche. Bevery había sido toda una mocosa malcriada por diecisiete años, y su padre había sido la victima de eso. Pero cuando decidió seguir con la fiesta de cumpleaños aquella noche, había puesto en peligro a cada uno de los invitados y ahora Amaru seguía pagando el precio de su decisión. ¿Qué clase de princesa era ella? ¿Qué clase de reina seria después de cargar con todas esas cosas? Dejo al caballo blanco en la entrada del bosque y se metió, necesitaba despejar un poco la cabeza, rodeada de esos grandes árboles y de los pequeños animales que se escondían cuando ella pasaba. Solo escuchaba su respiración y el sonido de la naturaleza. Era hasta casi mágico. Se recostó contra un árbol frente al pequeño arroyo y tomo asiento sobre el verde pasto. Cerro sus ojos y dejo su cabeza caer hacia atrás, soltando un gran suspiro. -Vamos Bevery, ¿desde cuándo dejas que unas palabras te afecten así? - se hablaba a sí misma, intentando solucionar sus problemas sola. - Porsha solo está furiosa porque ahora yo seré la dueña de la corona de reina, ella solo quiere sacarme del mapa antes de que asuma como monarca de Tiamat…- alargo. - No dejes que te derribe. – se auto dijo. - Haces esto para recuperar Amaru, haces esto por papá… Una pequeña lagrima rodo por su rostro ante la mención del rey, había estado aguantando mucho su llanto, pero tampoco tenía más lagrimas que soltar. Debía mantenerse fuerte. Estaba recibiendo el suave y cálido calor de los rayos de sol, pero abrió un de sus ojos cuando sintió una gran sombra poniéndose frente a ella. Gawain se encontraba algo agitado frente a la princesa, acomodaba su cabello con una mano mientras que intentaba regular su respiración. Bevery inclino su cabeza, frunciendo el ceño y limpiándose rápidamente esa lagrima que había abandonado sus ojos. - ¿Gawain? ¿Qué haces aquí? - cuestiono, parándose de donde estaba. El muchacho volvió a pararse con normalidad y observo a la princesa. -Vi a tu caballo a la salida del bosque, escuché el sonido del agua y pensé que quizás habías vuelto a caerte. - expreso. - ¿Te encuentras bien? - puso sus manos sobre los hombros de la menor, revisando que no tenga ni un mínimo rasguño Bevery sonrió débilmente y se acomodó el cabello. -No soy tan tonta como para volver a caerme. - rio, sintiendo el ambiente incomodo que había entre los dos. Habían pasado unas noches desde que se ató al pecho de Gawain para llorar desconsoladamente durante su fiesta de compromiso. Eran contadas con una mano las veces que Bevery había llorado frente a su guardia real, esto le indicaba a Gawain que la princesa estaba llegando a un nivel donde no sabía qué hacer. Bevery tenía mil cosas en las que pensar, y que a eso se le sume una suegra malvada que buscaba herir sus sentimientos, realmente era algo que no podía soportar ver. Pero la princesa le había pedido por favor que no hiciera nada, que ella se encargaría de todo. ¿Que podía hacer? Las ordenes de la Princesa de Amaru, seguían siendo las únicas ordenes que podía obedecer. - ¿Por qué no te quedas un rato aquí conmigo? - pregunto Bevery, volviendo a sentarse sobre la hierba. Gawain puso sus manos en jarra y la miro con una ceja alzada. -Debo trabajar, ¿sabes? No tengo tiempo para apreciar el paisaje contigo. - respondió. Bevery soltó una carcajada. -Pero si tu trabajo es cuidarme a mí, ¿a dónde más irías? Gawain rodo los ojos y termino sentándose junto a la princesa, que sonreía satisfecha. El muchacho saco de su bolsillo dos brillantes manzanas rojas y le tendió uno a la mejor. - ¿Descubriste algo sobre Agnes? - cuestiono la princesa, dándole el primer mordisco a la sabrosa fruta. Gawain negó con la cabeza. -He recorrido todo el reino y nadie pareció verla. - soltó. - Es como si se hubiese tele transportado o algo así. - se encogió de hombros. - Mi gente en Smaug tampoco la ha visto. - frunció los labios. Bevery asintió, sintiendo su mirada perdida en el arroyo. - ¿Crees que este en Kreston? - volvió a preguntar. Gawain volvió a negar mientras que le regalaba una pequeña sonrisa a la princesa. -Debe haber una buena razón de su desaparición, la princesa Agnes nunca nos traicionaría. Confió en ella. - soltó. La princesa giro su cabeza y frunció el ceño. - ¿Confías en ella? - quizás eran sus celos hablando, no podía decirlo con certeza, pero tenía una extraña sensación en el medio de su pecho que la estaba molestando bastante. - Te dije claramente lo que vi esa noche. - repitió. Gawain suspiro. -No llegaste a leer lo que había en esa carta, quizás era algo de lo que Agnes se avergonzaba y no quería que tú lo vieras. - explico. - Realmente creo que ella no sería capaz de traicionarnos. Bevery rodo los ojos y se cruzó de brazos, sintiéndose repentinamente más molesta que antes. -Exacto, me había olvidado que siempre te ponías de su lado. - rio histérica. - ¡Ah vamos Very! - exclamo en forma de quejido. - Solo estoy diciendo que hay que confiar un poco más en la realeza de Smaug. - volvió a explicar. -Siempre fue así, de pequeños siempre le creías a ella en vez de creerme a mi. - se señaló. Gawain alzo las cejas. - ¿Es esto alguna clase de escena de celos? - pregunto más gracioso que enojado. - ¿Desde cuándo sientes celos tú? Por favor. - rodo los ojos. - ¡No son celos! - exclamo casi ofendida. - Solo estoy diciendo los hechos. - esquivo la mirada del chico y siguió comiendo su manzana mientras que intentaba enfocarse en cualquier cosa menos en la boba y burlona mirada del mayor a su lado. Mordió el interior de su mejilla mientras contenía las ganas de estampar su puño contra el rostro del mayor. ¿Celos? Ja, ¿porque ella tendría celos? Era imposible. Para sentir celos tenía que tener sentimientos por esa persona, y ella no sentía nada por Gawain. Se negaba a admitir que sentía algo por aquel tipo de sonrisa burlona. Sintió unos dedos posarse en su mentón, y su rostro siendo movido hacia el lugar donde Gawain estaba. Abrió sus ojos sorprendida ante la cercanía con el mayor, aquella sonrisa seguía incrustada en su rostro y no parecía querer cambiar. -No tienes que ponerte así, sabes que tú eres mi princesa favorita. - susurro en un tono tan íntimo que no podía salir del circulo en el que ambos estaban metidos. Bevery pestaño dos veces, sintiendo aquellos dedos en su rostro como caricias a su alma. Tomo aire y permaneció quieta, buscando la forma correcta en la que debería reaccionar a esas palabras, a ese intimo momento y a esa forma tan cálida que tenía Gawain de mirarla desde esa casi escasa distancia. -No te creo. - escupió, también en un hilo de voz. Gawain alzo una ceja divertido. - ¿Acaso tengo que demostrártelo? - dijo, mojando sus labios con su propia lengua, cosa que atrajo la atención de la princesa, que ya estaba perdida en esos rosados labios. -Hazlo. - más que una orden, fue una súplica. Suavemente, Gawain elimino cualquier espacio entre ambas bocas y conecto sus labios, moviéndose lentamente y encargándose de saborear cada mínimo segundo de ese beso. Bevery subió sus manos hasta la camisa del chico y la apretó, impidiendo que el chico se moviera. Como si él quisiera hacerlo de todos modos… Una de las manos de Gawain termino en la nuca de la princesa, intensificando el ahora no tan inocente beso. Bevery ladeo su cabeza y soltó un pequeño suspiro. Sabía que estaba mal. Sabía que estaba moviéndola como mil demonios. Pero en ese momento, no había otro lugar al que quería estar. Y por primera vez, siguió a su corazón. (...) 
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