La fiesta seguía, las luces se habían vuelto más tenues, dando por comienzo la verdadera fiesta de compromiso.
Lo cierto era que, en algún momento, los comprometidos se habían separado y ahora cada uno iba por su lado.
Bevery recibía felicitaciones y buenos deseos de parte de cualquier persona que se cruzaba en su camino, luego de inclinarse hacia ella, le regalaban una sonrisa y volvían a desaparecer de su vista.
No reconocía a muchas personas, solo a alguna que otra persona que había conocido en el pueblo y los mismos nobles de siempre.
Por su mente paso Agnes, y se preguntaba si realmente nunca volvería a verla, ya que había pasado un tiempo desde que había abandonado el castillo.
Ni siquiera habían recibido alguna noticia de parte de Smaug, como para saber que ella se encontraba bien.
Lo único en lo que pensaba, era en la salud y bienestar de la princesa Agnes.
Esa noche tampoco había vuelto a Tiamat, y comenzaba a preocuparse.
Los nobles le sonreían y le entregaban caros regalos, que ella inmediatamente se lo pasaba a uno de los sirvientes, agradecía y seguía su camino.
No había vuelto a compartir mirada con Gawain y creía que eso era lo mejor, aunque sea por esa noche.
Nunca olvidaría la sensación de todos esos sentimientos desbordando sus ojos cuando sus miradas se cruzaron.
Sabía que Gawain tenía mucho para decir, pero no quería escucharlo.
No quería seguir lastimándolo.
El anillo de compromiso pesaba en su mano como si fuera de cinco toneladas, aunque solamente tenía una piedra de color rojo muy bonita que Dietrich había conseguido para ella.
Sintió una pesada mirada en su espalda, y un escalofrío recorrió cada centímetro de su cuerpo.
Se puso alerta y sostuvo su vestido fuertemente.
Aquella mirada la seguía a todas partes, y sabía perfectamente a quien le pertenecía.
-Princesa Bevery, al fin puedo encontrarla. - escucho esa tétrica voz sobre su cuello mientras su brazo era agarrado por esas largas uñas pintadas de color violeta.
-Reina Porsha. - pudo pronunciar, luego de tragar saliva.
La vieja mujer apretaba más aun sus uñas alrededor del brazo contrario, guiándola entre toda la gente y sonriendo falsamente.
Pero Bevery no creía nada de lo que la mujer estaba actuando.
Sabía que la quería fuera del castillo y que las cosas no estaban saliendo para nada como ella lo quería.
Debía temerla, sabía que esa reina era peligrosa.
Por otra parte, mientras Bevery era arrastrada por la reina Porsha, Margary caminaba tranquilamente con su vestido de color verde por el palacio.
La cantidad de gente en el salón principal la ponía un poco incomoda, así que pensó que lo mejor sería dar una vuelta por ahí.
Es así como termino nuevamente en los jardines del bello lugar, apreciando como las luces artificiales iluminaban las flores que tanto le gustaban.
Se abrazó a si misma por el frio, pero siguió pensando que sería mejor estar afuera que allí adentro donde todas las personas la juzgaban con la mirada.
Ella sabía que no había nacido como las demás personas, había crecido rodeada de gente que la juzgaba y que se burlaba de ella.
Ya debería estar acostumbrada, pero por más que pudiera esas miradas y susurros la atormentaban.
¿Era tan raro tener el cabello azul?
¿Era tan raro no seguir los códigos de postura y comportamiento como el resto de los nobles?
Ella había sido catalogada como la loca por los nobles sin quiera conocerla.
La enfurecía, por supuesto.
Pero había aprendido a estar sola.
La soledad era su única compañía, y por supuesto, los animales y flores.
¿Qué más podía querer?
Sintió de repente una tela sobre sus hombros y pego un salto en el lugar, sorprendida.
-Ten, hace mucho frio para que estés así. - era la grave voz del príncipe.
Margary lo observo casi muda, el cabello del príncipe estaba perfectamente peinado y ahora que no estaba con su saco, se podía apreciar de mejor manera su amplio torso.
-Soy Margary. - dijo en un tono obvio, pensando que el príncipe se estaba confundiendo de persona y por eso le estaba hablando de esa forma tan dulce.
Dietrich solamente rio.
-Lo se. - soltó. - y te veías con bastante frio. ¿Por qué no entras?
Margary rompió el contacto visual.
-Demasiada gente para mi gusto. - contesto. - Demasiada gente a la que no le caigo bien. - aclaro.
Dietrich arrugo la nariz mientras que unía sus manos detrás de su espalda.
-Cierto que no te llevas bien con los nobles. - soltó.
Margary abrió su boca ofendida, asesinándolo con la mirada.
- ¡Ellos son los que me odian! - exclamo. - Y no tengo idea de por qué. - suspiro.
Dietrich alzo las cejas, cualquiera se podría dar cuenta de por qué la detestaban.
Margary era joven, noble y súper rica.
A cualquier persona le gustaría ocupar su lugar.
Pero, Margary no parecía darse cuenta de lo afortunada que era, en todo sentido.
Era de la familia más cercana al reino y podía hacer prácticamente cualquier cosa que se le antojara.
No había que ser muy experto para saber que la envidiaban.
-No es una buena razón para que estés aquí con el frio que hace. - se removió en su lugar. - ¿Por qué siempre termino cuidando de ti? - cuestiono.
Margary soltó una carcajada y se abrazó aún más al saco del príncipe.
-Porque eres un buen príncipe, pero también eres una buena persona. - le sonrió. - por más que intentes parecer duro. - lo señalo.
Dietrich alzo una ceja.
- ¿Y cómo sabes tanto de mí?
Margary tomo aire y suspiro, comenzando a caminar en dirección al castillo.
-Te he estado observando. - dijo. - Estabas tan desesperado por mi pobre yegua que comencé a sospechar que quizás podías robármela. - reconoció.
- ¡Oye! Yo no soy un ladrón. - se defendió.
Margary solo una carcajada.
-Ahora lo se. - anuncio. - Y también sé que eres bastante amable.
Fue el turno de Dietrich de reír.
-Bueno, gracias por dejar de pensar que soy un monstruo. - dijo con sarcasmo.
Se quedaron en la puerta del castillo, compartiendo miradas y sonrisas tontas por largos segundos que los dos dejaron pasar en paz.
Un sonido desde adentro los hizo salir de su burbuja.
-Sera mejor que te devuelva esto. - soltó tímidamente Margary, devolviéndole la prenda. - Gracias por esto, Príncipe Dietrich. - se inclinó.
-Cuando quieras. - le sonrió y luego Margary se fue. Dietrich se quedó mirando la puerta solo, junto a sus tontos pensamientos. - ¿¿Cuando quieras??- repitió. - ¿Eres estúpido Dietrich? ¿Qué te sucede? - se dijo a sí mismo, volviendo a ponerse su saco, que ahora estaba empapado de la natural fragancia de la peliazul.
Suspiro.
¿Qué sucedía con él?
La reina Porsha observaba a la princesa frente a ella, los nobles las rodeaban y le hacían preguntas sobre el futuro del castillo.
Porsha sonreía, era lo que estaba acostumbrada a hacer, tenía que fingir que estaba a gusto con todos esos seres inferiores y que le ponía feliz el hecho de que una mocosa esté a punto de tomar su puesto.
-Sera la reina más bella que Tiamat haya tenido en siglos, sin ofenderla Reina Porsha. - hablaba uno de los condes, claramente intentando ofenderla.
Bevery alzo una ceja, viendo como la reina se ponía nerviosa de solo escuchar ese comentario.
Ella, por su parte, sonrió y dio una leve inclinación.
-Es muy amable de su parte. - soltó. - Además de mi belleza, planeo traer muchos beneficios a Tiamat, así como podrán contar con Amaru para cualquier cosa que necesiten. -
Una risa histérica salió de la boca de la Reina, ganándose la mirada de todos los presentes.
-Si es que alguna vez puedes recuperar tu reino. - lleno de veneno el salón.
Bevery la observo enfadada, sentía la vena de su frente palpitar.
-Reina Porsha…- susurro, intentando que esos comentarios no volvieran a salir de la boca de su alteza.
Pero esta solo la observo amenazante, mientras las miradas de todos aún seguían sobre ellas.
-Por favor, todos aquí sabemos perfectamente que es lo que pasa con Amaru. - rio. - Kreston ataco el reino cuando estabas festejando tu gran baile por tu cumpleaños mientras que tu padre estaba por ahí afuera enfrentando una guerra. - la solo mención de su padre hizo que Bevery se quedara petrificada en su lugar y que el aire le empezara a faltar.
-No te atrevas a nombrar a mi padre. - le murmuro entre dientes, enfrentándola.
Pero Porsha aún tenía esa muestra acida en su rostro, lista para seguir bombardeándola.
-No culpo a tu pobre padre, pobre Rey Michael…- estiro. - murió sin poder decir que su hija servía para algo. - rio.
Los presentes comenzaron a mirarse entre ellos y a apartarse de los dos monarcas que soltaban chispas de furia por los ojos.
La joven princesa tenía su mano temblando, pero de igual forma no apartaba su mirada de la Reina Porsha.
-Dije que no mencionaras a mi padre. - repitió, cerrando los ojos con fuerza y tomando una gran bocada de aire.
La reina se acercó hasta el rostro de la menor y posiciono sus labios contra la oreja contraria.
-Espero que no termines matando a mi hijo también. - dijo en un hilo de voz, para luego apartarse y sonreírle de lado.
Bevery apretó el puño entre sus manos, estaba más que furiosa pero también tenía algo de miedo.
Todos la estaban observando esperando su siguiente movimiento, cuál era la reacción de la persona que se casaría con su príncipe y que luego los gobernaría
Sus ojos se llenaron de lágrimas, manteniéndole la mirada a la reina que la veía triunfante luego de haberla hecho sufrir como había planeado.
Abrió y cerró su boca varias veces con la intención de poder decir algo, pero nada salía.
Sintió una mano rodear su brazo y se giró con los ojos llenos de lágrimas, ahí estaba él, la persona que siempre iba a salvarla incluso cuando ya no esperaba que nadie la salvara.
Ahí estaba quien siempre iba a llegar para agarrar su brazo y sacarla del lugar donde estaba sufriendo.
Miro a la ancha espalda del castaño mientras que la arrastraba fuera del palacio, y cuando estuvieron lo suficientemente apartados, se tiro a sus brazos y sintió el cálido pecho de Gawain contra su cuerpo.
Y solo pudo romper en llanto, en las manos de la persona que le gustaba.
(...)