CAPITULO 42

1864 Palabras
Las puertas del palacio habían sido abiertas, cualquier persona que quería podía acercarse y disfrutar de la fiesta que el castillo había armado. El compromiso entre los dos príncipes había sido aceptado positivamente por las personas de Tiamat, que llegaban vestidos con sus mejores ropas y con regalos para la pareja real. Todos sabían lo beneficiados que iban a ser cuando los dos reinos se unieran, serian más fuertes que cualquier otro y las riquezas de Amaru pasarían a ser parte también de ellos. Y eso también incluía a la bella Bevery, que, a partir del casamiento, pasaría a ser su nueva reina. La princesa de Amaru, se encontraba en su enorme habitación, dejando que las damas reales llenaran su cuerpo con joyas preciosas y con el vestido de color rosa que ella misma había elegido. La enorme corona estaba sobre su cabeza, dejando en claro lo importante que era este momento para ella. Bomi la observaba desde la cama, no sabía por qué había tantas personas tocando a su dueña. Por lo que se acomodó mejor sobre la almohada y se quedó dormido. -Quisiera poder ser tú, Bomi. - susurro Bevery observando a su gatito por el espejo. De repente comenzó a sentir algo de nervios, era la primera vez que Dietrich y ella se mostraban oficialmente como una pareja. Se casarían, formarían una alianza y recuperarían Amaru. ¿Pero luego qué? Ella se haría cargo además de su propio reino, ahora pasaría a ser reina de Tiamat y tendría que estar bajo toda esa responsabilidad. Mientras que estaba casada con una persona que no estaba segura si amaba. Trago saliva ante su propio pensamiento. Desde pequeña había estado segura de cuáles eran sus sentimientos hacia Dietrich, ella sabía que era el único hombre que la merecía y que estaban destinados a formar una familia. Y era cierto, Dietrich siempre había sido el hombre de sus sueños, su príncipe ideal. ¿Porque ni siquiera podía sentir mariposas en su estómago? Sacudió su cabeza levemente, concentrándose en su reflejo, que la estaba dejando sin aliento. Se veía poderosa… Asombrosa. No importaban sus sentimientos en ese momento, lo que su corazón tuviera para decir, iba a tener que esperar. Ahora el asunto era salvar a la gente de Amaru y recuperar su trono. No importaba lo que tenía que hacer. Podía aguantar ese matrimonio por conveniencia si eso significaba acabar con el infierno que Kreston estaba haciendo en su reino. Las damas abandonaron su habitación, dejándola sola con sus pensamientos. Suspiro y acomodo su vestido rosa. Aquel vestido tenia mangas largas, y una enorme falda, dejando al aire sus hombros y cuello, en el cual descansaba una hermosa piedra preciosa. Dos toques en la puerta la distrajeron, pensando que se trataba de Dietrich que venía a buscarla, se acercó hasta ella y la abrió. -Gawain…- susurro al ver al chico en traje frente a ella. Gawain lucia completamente extraño esa noche. Bevery no podía recordar la última vez que lo había visto con traje y moño, tampoco recordaba ver aquellos mechones sobre su rostro sin ser atados por la tela. El castaño le sonrió y Bevery creyó sentir sus piernas temblar. Todo en él era perfecto, todo hacía que las alarmas de su cabeza se prendieran y quisiera salir corriendo y gritar contra alguna almohada. Le parecía injusto que Gawain fuera tan precioso, no podía existir una persona con tantas buenas cualidades. ¿Que quedaba para los pobres normales? -Princesa. - inclino su cabeza, saludando a la rubia. -Debe ser importante esta fiesta para ti, incluso te bañaste. - Bevery arrugo la nariz mientras se burlaba del mayor y salía de su habitación. Gawain ofreció su brazo para escoltar a la princesa hasta el primer piso donde se estaba llevando a cabo la fiesta. La miro con los ojos brillando, ella era la verdadera estrella de la noche. Lucia hermosa. Era muy afortunado de poder observarla desde esa distancia. - ¿Esa es tu forma de decirme que me veo bien? - cuestiono elevando una ceja. Bevery sonrió y asintió. -Te ves bien, Gawain. - soltó. El chico freno el paso de ambos y Bevery algo sorprendida lo observo con el ceño fruncido. Aun sus brazos estaban unidos. Gawain sonrió de lado y le guiño el ojo. -Tu no estas nada mal. - dijo en tono seductor. Bevery rodo los ojos y lo obligo a comenzar a caminar nuevamente. -Gracias por tan dulces palabras. - rodo los ojos. Después de todo, Gawain seguía siendo Gawain. ¿Que esperaba ella? Esperen… ¿Porque ella estaba siquiera esperando algo de parte de Gawain? No tenía sentido. Estaba yendo a su jodida fiesta de compromiso, no podía parar y pensar en los brillantes ojos que tenía el muchacho o como su hermoso cabello se movía por el poco viento que pasaba por el pasillo. O lo lindo que se veían sus labios. Volvió a sacudir su cabeza. Gawain tomo su brazo y la hizo girar sobre su cuerpo, pegándola a él. - ¿qué haces? - susurro, intentando apartarse mientras miraba por todos lados. No sería nada bonito si la gente los veía en esa situación. El chico paso su mano por el cabello rubio de la menor y sonrió débilmente. - ¿Qué quieres que te diga? Sabes perfectamente que eres una belleza con lo que sea que te pongan. - susurro sobre sus labios. Bevery sentía que apenas podía respirar. - incluso con o sin esa corona que tienes sobre tu bonita cabeza, eres la más bella de todos los reinos. - cada palabra servía como caricia contra su rostro y sentía que en cualquier momento comenzaría a ruborizarse. -Deberías dejar de acariciarme de esta forma. - sentencio, manteniéndole la mirada al mayor. - Estoy a punto de ir a festejar mi compromiso con un príncipe, no tengo tiempo para estos juegos contigo. Bevery pensó que, con esas palabras, Gawain dejaría de acariciar su rostro y finalmente dejaría de atormentarla. Se equivocaba. El chico paso su mano libre por la cintura de la princesa y la pego más a su cuerpo, sin permitir la mínima gota de aire entre ambos. - ¿Juegos? ¿Ese nombre le pusiste a lo que pasa entre los dos? Bevery rodo los ojos, intentando de que de esa forma Gawain no notase su nerviosismo. Sus manos temblaban sobre el pecho del más alto. Pero había cierta conexión casi magnética, no podía despegar sus ojos del rostro del mayor y mucho menos de su cuerpo. - ¿Es mi deber aclararte que entre nosotros no hay nada? - arqueo una ceja. - Aleja esas ideas de tu cabeza antes de que salgas lastimado. - palmeo su pecho, liberándose finalmente de su agarre. - ¿No eres tu también la que esta lastimándose de esta forma? Bevery suspiro. -Soy una princesa, Gawain. - sonrió nostálgica. - He renunciado a mis sentimientos hace muchísimo tiempo. - tomo aire. - Pero no quiero que tú te veas arrestado a esto, no quiero que sufras. - mordió su labio. - ¿Eso sonó raro? - ladeo su cabeza, intentando aligerar el ambiente. Gawain negó con la cabeza, estirando su brazo nuevamente hacia ella. - ¿Vamos? - esa simple pregunta le hizo entender a Bevery que Gawain estaba de su lado y que ya no intentaría avanzar esa extraña relación entre los dos. O bueno, eso fue lo que ella pensó. Gawain estaba más decidido que nunca a recuperar a la chica. Porque ahora sabía que, aunque sea un poco, una posibilidad de un tamaño de granito de arena… le importaba a la princesa. No eran solo ideas suyas. Él tenía asumido cuales eran sus sentimientos por la princesa, y como se fueron desarrollando poco a poco. Sabia también que no era algo que pudiera terminar bien. Él era un soldado y ella una princesa comprometida con un gran príncipe dueño de todo un reino. ¿Que tenía él para ofrecerle? No es que se sintiera en desventaja con Dietrich, él sabía que podía ganarle en todas las áreas. Menos en el área de a quien le pertenecía el corazón de Bevery. La princesa siempre había soltado suspiros en presencia del pelinegro, y nada había cambiado en todos esos años. ¿Realmente había una posibilidad de que ella prefiriera a Gawain? Lo deseaba desde el fondo de su corazón. Algo en el dulce sabor de los labios de la princesa le decía que si había posibilidades de que él fuera el ganador. Por más que de la boca de Bevery solo salgan señales para que se rinda, él no lo haría. Gawain lucharía hasta el final por su bella princesa. Escucharon pasos en las escaleras, y reconocieron al príncipe algo agitado parado frente a ellos. -Al fin de encontré. - dijo llegando a donde la princesa lo miraba con una pequeña sonrisa. -Estas preciosas. - dejo un beso sobre su sien, alejándola del cuerpo del soldado. -Lo siento por retrasarme. - contesto la princesa. - También te ves muy bien. Y era cierto. Dietrich llevaba su traje de gala real, con todas sus medallas sobre su pecho y había un pequeño mechón oscuro sobre su frente que Bevery quería acomodar con su mano. Además, su corona terminaba aquel look de Príncipe. -Los invitados nos están esperando, vamos. - tomo su mano entre las de ellas y unió sus dedos. Gawain trago saliva al ver esa escena, se la estaban arrebatando de las manos. Literalmente… -Alteza. - se reverencio ante el príncipe, quien apenas le había dado una mirada de odio. -Gawain, también te esperan abajo. - aviso. El recién nombrado asintió de mala gana, pasando por el lado de los dos príncipes y soltando un suspiro. Estaban hechos el uno para el otro. La princesa y el príncipe habían nacido para este momento, para su casamiento, para unir ambos reinos. Y ahora estaban a punto de hacerlo realidad. Frente a sus ojos. La chica a la cual comenzó a amar, iba a casarse con otro hombre. Gawain desapareció por el pasillo y ambos príncipes se miraron. - ¿Estas nerviosa? - cuestiono Dietrich, mientras que comenzaban a caminar con dirección a las escaleras. -No por ahora. - confeso. - Pero supongo que una vez que este abajo con todos, mis nervios crecerán. Dietrich sonrió. -Recuerda que la corona esta en tu sangre, que nadie a parte de ti podría ocupar tu lugar. - susurro, mientras llevaban a la parte más alta de la escalera y la música se detenía. La luz de un reflector se posó en los dos y mantuvo su sonrisa. Todo paso en cámara lenta. Uno de los sirvientes anuncio al Príncipe de Tiamat y la Princesa de Amaru y luego dijo que eran los futuros reyes de ambos reyes. La gente aplaudió, comenzó a tirar pequeños papeles, y a gritar el nombre de las dos altezas. Todo era felicidad, su mano se movía de un lado a otro saludando a todo el mundo. Pero su mirada se cruzó por un segundo con la de Gawain, que estaba entre el público sosteniendo una copa de campaña hacia ella. Y su corazón dolió. 
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