El pequeño animal ahora tenía un nombre: Bomi.
Nombre por el cual Gawain se había encargado de inventar sobrenombres como: Bobo, Bobito, Bobobito… Recibiendo como respuesta siempre un golpe de parte de la princesa y un maullido enojado de ahora su nuevo mejor amigo.
El castillo repentinamente se había llenado de juguetes para el gato, o cualquier objeto que tocaba las garras del felino pasaba a ser un nuevo entretenimiento para él.
Y por supuesto que nadie decía nada, la sonrisa en el rostro de la princesa había vuelto a aparecer y es por eso que todos juraron dar lo que fuera necesario para que se mantuviera, incluso si tenían que cambiar las alfombras una vez por semana por los molestos pelos del gato.
Bomi y Bevery se habían convertido en uno, en donde estaba la princesa… Estaba el gato y viceversa.
Dormían, comían, paseaban… Todo lo hacían juntos.
Incluso el gato se había acostumbrado a andar en caballo junto a la princesa.
Realmente Bomi estaba viviendo la vida de lujo.
Aquel blanco gato había significado la salvación para el pueblo de Tiamat que no soportaba la ausencia de la Princesa de Amaru y de su brillante aura. Todo había vuelto a la normalidad.
Sin embargo, no todo era tan perfecto.
Bevery había vuelto a salir al pueblo y había confirmado sus sospechas: la clase baja no la estaba pasando del todo bien.
Según le había contado unas señoras con las que había podido hablar, no era tan fácil vivir cerca del castillo con los impuestos tan altos y la alta demanda por parte de los nobles. De alguna forma habían terminado arrinconados en una pobreza inexplicable y luchando día a día para poder llevar algo de comida a sus hogares.
Bevery había estado algo desconcertada cuando oyó todo eso, pensaba que Dietrich era un buen monarca, pero ¿porque estas cosas se le había pasado por alto?
Había intentado varias veces charlar con el príncipe, pero por supuesto, estaba demasiado ocupado arreglando asuntos de la boda y encargándose de los asuntos que la muerte del Rey de Amaru había dejado.
Porque Bevery aún no tenía el suficiente valor para hacerse cargo de esas cosas.
Pero ahora podía decir que conocía a cada parte del reino de Tiamat, y que entendía la necesidad de cada pueblerino.
Por lo que nuevamente, sin rendirse, se dirigía a la oficina de Dietrich para poder finalmente charlar.
Pero aquel cabello azul apareció frente a su camino con una sonrisa.
-Su alteza. - se inclinó ante ella.
-Margary, ¿cómo estás? - cuestiono, debía admitir que Margary era una de las personas que mejor le caían en el castillo, siempre tenía una muy buena energía y una sonrisa amigable en su rostro.
Realmente esperaba poder volverse cercana a ella una vez que Dietrich y ella se casaran.
Sería bueno tener una dama de compañía tan alegre como Margary.
-Muy bien, Princesa Bevery. - asintió con la cabeza. - Estaba buscándola. - reconocí.
Bevery alzo las cejas, sorprendida por las palabras de la peliazul.
- ¿A mí? - se señaló.
Margary asintió y saco de su espalda las manos que tenía escondidas.
Entre sus dos manos se encontraba un pequeño collar de color rojo, que se lo entrego con cariño.
-No creo que esto me quede. - se rio, sosteniéndolo ahora entre sus manos.
-Es para Bomi. - explico y Bevery asintió soltando un pequeño grito de ternura de solo imaginarse a su pequeño hijo con ese collar color rojo que tenía un cascabel en el medio. Movió la pequeña bola para escuchar su sonido, pero se sorprendió al no oír ruido alguno. - Creo que está roto, no suena. - frunció el ceño.
Margary negó con la cabeza y le saco el collar.
-Es solo una pequeña decoración. - dijo. - El sonido de los cascabeles puede volver locos a los gatos, y no queremos herir a Bomi. - sonrió. - Es por eso que se lo saque. - asintió.
Bevery abrió su boca, soltando una exclamación sorprendida.
-Wow, muchas gracias. - le volvió a sonreír. - Estoy segura que a Bomi le encantara. - volvió a fruncir el ceño cuando una pregunta llego a su cabeza. - Te deben gustar mucho los animales, ¿no?
Margary soltó una pequeña carcajada, mirando hacia la ventana. Suspiro y se giró nuevamente hacia la princesa.
-Antes de tener este título de nobleza solo era una simple chica que cuidaba a los animales en mi hogar. - conto. - Era muy feliz rodeada de tantas pequeñas criaturas. - suspiro. - Pero bueno, ahora tengo que encargarme de todos esos asuntos que mis padres dejaron cuando murieron, y ahora soy duquesa. - se encogió de hombros. - Gawain y yo solíamos salir a buscar animales en el bosque cuando éramos solo niños. - rio melancólicamente.
Una extraña sensación recorrió a Bevery.
Pero, como todo lo que relacionaba a Gawain, prefirió ignorarlo.
-Aun tienes lindos caballos. - agrego la princesa, recordando el hermoso animal que descansaba en los establos.
-Sí, mi única amiga en todo este mundo. - bufo. - Es por eso que no pienso dársela a Dietrich. - susurro con un gesto de odio. - ¿Puedes creer que otra vez me mando a llamar para que se la vendiera? - rodo los ojos. - Sé que es tu prometido ¿puedes hacerme un favor? Dile que no me moleste mas. - bufo.
Bevery soltó una carcajada y apoyo su mano en el hombro contrario.
-Cuenta conmigo, Margary. - paso por su lado, recibiendo una última reverencia. - Oh, y... - se dio media vuelta, para decir unas últimas palabras. - Yo puedo ser tu amiga a partir de ahora. - compartieron una sonrisa y cada una siguió con su camino.
Bevery finalmente se encontraba frente a la oficina de Dietrich, tomo una gran bocada de aire y levanto su mano para dar dos toques a la puerta.
-Adelante. - escucho desde adentro. En cuanto el príncipe vio a la princesa, se levantó de su gran escritorio. - Bevery. - soltó y la invito a sentarse. - No esperaba verte aquí. - reconoció.
La rubia tomo asiento frente a él y sonrió.
-Bueno, últimamente ni siquiera podemos congeniar para cenar juntos, así que creí que lo mejor sería que viniera directamente hasta aquí. -
Dietrich asintió.
-Okay, dime que es lo que esta molestándote. - termino de decir y fue interrumpido por un pequeño estornudo.
-Salud. - susurro Bevery.
- ¿Estuviste con tu bestia hoy, ¿no? - pregunto con una sonrisa mientras que se llevaba un pañuelo a la nariz.
-No me digas que eres alérgico a una criaturita tan indefensa como mi Bomi. - cuestiono.
-Tranquila, el medico real ya me ha dado unas pastillas, puedes estar tranquila. - la tranquilizo.
Bevery asintió y busco las palabras correctas por las cuales debería empezar.
Había muchas cosas que necesitaba saber y escuchar sus respectivas explicaciones.
-Estos días he estado recorriendo el pueblo…- empezó.
Dietrich la observaba atentamente.
- ¿Y qué te pareció? Hay unas casas muy hermosas alrededor del castillo. - sonaba orgulloso.
Bevery sonrió tímidamente.
-Sí, las casas de los nobles son muy bonitas. - reconoció. - pero…- esa palabra alarmo al príncipe. - Quería hablarte sobre lo que hay más allá de las casas de los nobles. - soltó.
Dietrich frunció el ceño.
-No termino de entenderte, Very. - frunció el ceño.
La princesa tomo aire y acomodo su cabello.
- ¿No crees que descuidaste un poco a la gente trabajadora del pueblo? Hablo de los que viven más allá del castillo…- explico.
Dietrich alzo las cejas, pestañando lentamente.
-No lo creo así. - negó rotundamente.
Bevery suspiro.
-He hablado estos días con mucha gente del pueblo y créeme, han quedado algo apartados por la corona. - respondió. - Si es que no confías en mí, puedes darle tú mismo una mirada a las pobres casas de los pueblerinos. - soltó.
El príncipe dejo escapar una pequeña carcajada.
-Entonces, ¿estás diciendo que conoces mejor a mi pueblo en unos pocos días que yo en años? - cuestiono. - Very, enserio, tengo todo bajo control. No tienes por qué preocuparte.
Bevery volvió a bufar.
-Solo estoy tratando de ayudar. - exclamo.
Dietrich puso su mano sobre la de ella.
-Y lo estás haciendo, enserio. - sonrió. - Mira, esta semana te prometo que iré a visitar al pueblo, hablare con ellos y escuchare cada uno de sus problemas. Te mantendré al tanto. - guiño un ojo.
Bevery asintió, aunque sea algo había logrado.
Al parecer si quería que algo cambiara en el reino, iba a tener que hacerlo ella misma.
Se levantó del asiento y le regalo una última sonrisa a Dietrich, quien estaba demasiado ocupado nuevamente en sus asuntos.
-Iré a mi entrenamiento entonces. - informo.
El príncipe asintió.
-Que tengas suerte, Very. - sonrió. - Ah, en tres días será nuestra fiesta de compromiso, las damas te esperan en tu cuarto para probar tu vestido real. - informo. - ¿Te parece bien?
Bevery asintió.
-Gracias por estar encargándote de todo esto, sé que debió haber sido difícil para ti manejar todo lo del compromiso, más los asuntos del reino. - suspiro. - Es por eso que quiero que confíes un poco más en mi al momento de tomar decisiones ¿sí? Después de todo, dentro de un tiempo este también será mi reino. - mantuvo su mentón alto. - También seré reina y cuando lo sea, quiero que todo el reino tenga lo que se merece. - sonrió sin mostrar los dientes.
-Y sé que serás una reina increíble. - Dietrich se paró de su lugar para caminar hacia ella. -La realeza corre por tu sangre y cada cosa que tú digas, será la correcta. Sé que puedes encargarte de todos los reinos si así lo quisieras, es por eso que te respeto y te admiro muchísimo, aunque no lo creas. - elevo su mano para rozar el rostro contrario. - Confiare ciegamente en ti a partir de ahora, lo que digas… Lo hare. - respondió.
Bevery recibió con gusto el abrazo del muchacho, sintiendo aquel peculiar aroma que la tenía flechada desde que ambos eran solo niños.
-Bien, iré a probarme los vestidos. - suspiro. - Ah, y una cosa más…- se detuvo antes de dejar la oficina. - Sobre el tema de Gawain…- estiro.
La solo mención del chico prendió una alarma en el cerebro del príncipe.
- ¿Que sucede? - aunque estaba algo cabreado con la mención, intento poner una sonrisa en su rostro.
-No vuelvas a intentar despedirlo. - ordeno. - Arreglen sus problemas como quieran, pero no puedes echar a mi guardia real.
Bevery mantenía fija su mirada en aquellos oscuros ojos.
-Very, es solo un soldado. - rio. - Puedes encontrar a muchos mejores.
-Creo que tu más que nadie sabe de las increíbles capacidades que tiene Gawain. -
Bevery recordó todas las veces en las que Dietrich fue vencido por el espadachín.
Dietrich la observo enojado.
- ¿Es por eso? O es que… ¿acaso él te gusta?
Bevery dio un paso atrás de la cercanía del chico, horrorizada con la sola idea de que ella sintiera algo por Gawain.
- ¿Qué demonios dices? - exclamo alterada. - No me gusta él, solo quiero mantenerlo a mi lado como mi fiel soldado así que no vuelvas a intentar despedirlo. - lo señalo y rápidamente abandono el lugar.
Se apoyó contra la puerta y soltó un fuerte suspiro.
¿Ella? ¿Sintiendo cosas por Gawain? ¡Imposible!