Cuando todo sale mal Julieta ¡GRRRRR! Mi estómago ruge por millonésima vez en el día, y juro que suena como un T-Rex hambriento. Gracias, mamá, por ese almuerzo experimental que me hizo huir despavorida. Ahora estoy aquí, a las... “¡Santo cielo! ¿Ya son las nueve de la noche?” La oficina está prácticamente desierta, solo iluminada por mi lámpara de escritorio y el resplandor de Londres a través de los ventanales. Toco el frasco de pastillas en mi bolsillo, mis "amigas más fieles" como las llamo en mi mente. “Al menos ustedes nunca me fallan.” —Solo unos documentos más —murmuro para mí misma mientras me dirijo al archivo con mi comida china recién llegada en una mano y carpetas en la otra. El aroma del pollo agridulce me está torturando, pero primero el deber y después el placer.

