Reunión con Vicenzo Rossellini Julieta Caminaba junto a Romeo por los pasillos de Cavendish-Harrington Corp, sintiendo todas las miradas dirigidas hacia nosotros. Dios, ¿es que nunca se cansan de mirarnos?, pensé, conteniendo el impulso de sacarles la lengua como una niña de cinco años. Pero, debo admitir, que la imagen que presentábamos era bastante imponente. Romeo, con su traje de tres piezas gris claro y su corbata negra, emanaba un aire de sofisticación que me hacía sentir como una campesina en medio de la corte real. Y sus gafas de sol, sumadas a ese cabello ridículamente perfecto, lo convertían en una especie de estrella de cine. ¿Cómo es posible que parezca tan atractivo incluso cuando está a punto de hundirse en la peor crisis existencial de su vida?, me pregunté, sintiendo

