Un Café con Sabor a Decisiones Romeo El aroma del café flotaba en el aire mientras observaba a Julieta frente a mí, sus dedos tamborileando impaciente sobre la mesa de la cafetería. El silencio entre nosotros se había vuelto tan denso que casi podía cortarlo con un bisturí. Dios mío, ¿cómo terminé en esta situación? Y precisamente con ella... con este pequeño demonio de ojos brillantes que parece disfrutar torturándome, pensé, pasándome una mano por el cabello perfectamente peinado. —Habla de una vez, Romeo —espetó Julieta, arqueando una ceja—. ¿O prefieres que adivine lo que pasa por tu privilegiada mente de niño mimado? ¿Por qué, entre todas las mujeres de esta ciudad, tenía que ser ella? Julieta, el ángel vengador vestido de demonio, la única persona inmune a mis encantos. Aspir

