— ¡Esperen! — Grito molesta Camila entrando a la habitación con un vestido de encajes dorados y azules que hacen que sus ojos se vean más profundos.
— ¿Qué pasó amor? — Se acerca preocupado George.
— ¿Cómo que Qué me Pasa? ¿Ustedes creen que mi hijo es un títere al que le pueden imponer lo que se les antoje?
— No; claro que no amor sólo...
— ¡Sólo nada! El sera libre de hacer lo que el quiera. Una cosa es que a ustedes les gusten esos deportes y otra muy diferente es que se lo impongan al niño. ¿Les quedó claro?
— Si; esta bien — Respondieron todos con frustración marcada en sus rostros.
Así pasaron un rato hablando de planes académicos para el futuro heredero cuando Camila exclama:
— ¡George es hora!
— ¿Hora de que amor? No tengo nada planeado.
— ¡No seas estúpido! Se me rompió la fuente.
— ¿Qué? ¿Ya? Dios mio ¿Ahora que hago?
— ¿Qué más? — Dice Patricia Livingstone tomando el control de la situación — George ve por la maleta; Michael ve por el chofer y Alexander Ayúdame a cargarla Hasta el auto.
— Entendido.
Cada uno va a hacer lo que se le pidió con emoción y nervios visibles. Alexander carga y baja con Camila en sus brazos. Ya cuando han terminado de bajar las escaleras esta Michael con el chofer llamado Lucius Brown; un joven de veinte años blanco, cabello castaño, ojos negros profundos. Este joven empezó a trabajar con la familia Livingstone a los dieciocho años. Viene de una familia humilde que vivía en los suburbios. Gracias a su trabajo y a la ayuda de los Livingstone compraron una nueva casa en el centro de la ciudad. Gracias a ello Lucius trabaja con gratitud sincera con ellos.
Llegaron rápidamente al hospital Barts en ingresaron a Camila a la sala de partos. Al cabo de cinco minutos sale un Doctor de apellido Smith y dice:
— ¿El esposo de la señora Livingstone?
— Soy yo doctor. Dígame —Responde George de inmediato — ¿Qué pasa? ¿Le paso algo a mi esposa?
— No, no señor Livingstone, no se preocupe — Expresa el doctor tratando de calmarlo — Es que su esposa expresó su deseo de que usted la acompañe en el parto.
— ¿Yo? ¿Y si me desmayo? — Replica nervioso.
— Jajaja; no se preocupe señor Livingstone — Dice en un tono burlón — Ella lo que quiere es que usted la acompañe.
— Bueno, está bien.
Se dirigen a la sala de partos.
* * * ASTHEROT * * *
Por fin. Ya es hora de nacer. Fue insoportable este tiempo de espera. He aprendido de como manejar este cuerpo. Le he sugestionado un patrón de conducta. Sera temerario; lujurioso; pero esa lujuria se mantendrá oculta al mundo; serás deportista. Todo caerá en su orden. Le he dotado de una inteligencia suprema, no permitirás ninguna humillación. Si alguien lo quiere humillar, ahí entraré yo. Por los momentos me comunicare con el en sueños. Bueno ya está naciendo. Prepárate mundo. ¡ASTHEROT HA RENACIDO!