9: Molestias

1794 Palabras

Mordí mi labio inferior y en el momento que Adair se puso cerca de mi rostro fue que me di cuenta que había hablado en voz alta. — Quién hubiese dicho que la señorita Reyesley iba a ser tan atrevida. ¿Así que te gusta lo que ves? — ¡Demonios! Vamonos, es la anestesia que me tiene idiota — sentí mis mejillas como dos carbones ardiendo — estoy pendeja. Adair rió y se subió en la moto, puse mis manos en sus hombros para apoyarme y luego de eso me subí. Sin pensarlo mucho recoste la parte buena de mi rostro en su piel. — Estás helado, espero que no te enfermes por mi culpa. — No te preocupes, ahora sujétate de mi cintura que no quiero traerte descalabrada al hospital, suficiente con esa cortada que tienes en tu mejilla. Mis brazos sujetaron la cintura de Adair y él arrancó con bastante c

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