Sus ojos eran oscuros, tan profundos como una noche sin estrellas. Su cabello n***o caía cuidadosamente sobre su frente, su piel clara mostraba algunos tatuajes. Una barba ligeramente crecida le daba un aspecto de despreocupación, aunque su mirada atenta a todos los detalles mostraba una fascinación por el sitio, se notaba nostálgica. Nuestro padre, o, mejor dicho, mi padre, se encontraba nervioso. Sus manos mostraban la inquietud con un ligero temblor mientras las entrelazaba sobre la mesa. Era evidente que, a pesar de su apariencia tranquila, había una nube de tensión sobre su cabeza Eris, sentada a mi lado, observaba la escena con sus sentimientos a flor de piel. El hombre que creía que era su padre resultaba ser su tío, el hombre que ella recordaba, y admiraba estaba frente a ella. T

