Por un momento pensé que el calor abandonaría mi cuerpo, que me faltaría el aire o que iba a desmayarme, pero todo aquello desapareció al leer por quinta vez aquella carta, que para cualquiera se trataba de un anónimo, pero para mí no. Sabía perfectamente quien escribió esto con solo ver la letra y que lo escribió especialmente para que yo lo supiera, a pesar de las pocas palabras, se encargó a la perfección de que recibiera el mensaje, sabía quién estaba detrás de esto y una risa me contagió por completo, no podía dejar de reír bajo las miradas de preocupación y confusión de cada presente, aun con los latidos acelerados de mi corazón que no era más que de alegría y llena de esperanza. — Sarah, ¿qué pasa? ¿qué dice la carta? —Alexander, que estaba cerca de mí, me q

