Tenía la mente casi colapsada. Ya llevaba poco más de un día encerrado en ese escondite nefasto. Una pequeña y fea casa parroquial bastante alejada del pueblo, en dónde no sabía que era peor, si la sensación de humedad en la fría noche o el calor agresivo del día desolado.
Lo único bueno del feo escondite era el humo del habano que en esos momentos flotaba en el aire… mas el whisky costoso que me había dejado mi hermano escondido en una alacena vieja.
Mateo sabia elegir esos placeres para mí. En eso no fallaba. Siempre había conocido bien mis gustos.
Además, me habia dejado una valija.
Repleta de dinero. Aún seguía siendo una opción huir al otro lado del mundo.
Aunque para mí, el plan ya estába hecho.
Las cosas estaban claras por motivos de orgullo. Mi cabeza tenia precio a nivel internacional. Y mi manada prácticamente estaba huyendo por mi culpa. Como líder de la manada sombra, me tocaría hacer lo que un Alpha respetable estaba obligado a ejecutar en esos casos. La cobardía no era una opción aunque ahora estuviera actuando en esa onda nefasta.
"Debía entregarme."
Lo pense con más vehemencia, mientras me rascaba la cabeza y de paso fui caminando hasta la ventana, la cual lucia asquerosa, llena de un mugroso polvo.
Mis días de libertad estaban contados. Eso lo sabía. Era casi inevitable que tuviera que llamar a mi abogado en cualquier momento y programar mi entrega. Más no era ese hecho lo que realmente me estaba carcomiendo por dentro.
Era ella. La jodida corderita regordeta.
No podia sacarla de mi cabeza. La deseaba cada vez más, más después de casi follarmela. Aunque sea por unos días... aunque sea por una sola noche la deseaba conmigo.
—Necesito tenerla.—Escupi con rudeza, luego de que mi garganta se abriera con un sorbo sustancioso del fino licor —después me entregaré... después de marcarla. Claro. —Agregue como una confirmación para mí mismo y mi lobo Escorpio, quien estaba sufriendo más que yo la agonia de la ausencia de nuestra mate.
No sabia como reaccionaria cuando ya desapareciera. Quizá antes de eso debía decirle la verdad, obligarla a esperarme. Todo eso me daba vueltas, más después de encontrarme solo y reconocer lo que significaba haber encontrado mi luna, aunque fuera una débil humana... que se veía más que ingenua, algo tonta.
Apreté el puño y le di golpe bru la pared, haciendo que cayera una polvareda de la pintura que empezaba a deshacerse.
—¡Todo es una mierda! —grite frustrado. Al no sentir ninguna presencia acercarse.
Ante la desesperación, retrocedí unos pasos, alejando mi vista de la ventana y fui directo a tomar mi móvil que reposaba sobre la superficie de una mesa. De una busque el contacto de mi hermano.
—Mas te vale no fallarme, Mateo… —susurre, mientras esperaba que este contestara —¿será qué no le dijiste nada? No puedes fallarme.— Añadí entre dientes, agitado por la espera sin respuesta.
Después de fracasar en mi intento de comunicarme volví a dejar el teléfono sobre la mesa y me fui a dar una ducha. Una larga y relajante. En el espacio menos detestable de esa casa. Al menos el agua estaba caliente y el olor a humedad no estaba tan presente. Más bien la fragancia a menta fresca del gel de baño hacia parte de la atmósfera y hasta se había colado en la habitación.
Olfateé ligeramente una vez salí del baño, para confirmarlo.
—Al menos esto luce decente.
La cama era enorme, confortable. Las sábanas limpias de algodón eran las de mi preferencia. Se notaba que en esa parte de la casa Mateo había puesto sus esfuerzos, aunque no le restaba importancia que lo de más fuera un asco.
Después de mirarme en espejo y ver que mi imponente figura musculosa seguía intacta, me ajuste la toalla a la cintura y salí de la habitación con intención de servirme otro trago de Whisky.
También aproveche el momento para revisar la pantalla de mi celular, esperando ver si mi hermano había tenido la decencia de devolverme la llamada.
«¡Grrr!». El gruñido agitado de mi lobo puso en alerta mis sentidos. Levanté la vista ipso facto para clavar mis ojos en el ventanal más amplio. « La puedo sentir, es la mate humana. »
Me acerque con rapidez a la ventana, con el olor y la presencia caliente que se acercaba... mi corazón se empezó a agitar.
—¡Sí! acércate corderita. —Exprese con excitación, cada vez su esencia me llegaba con mayor intensidad.
Tuve que actuar con disimulo, a pesar que mi cordura estaba al límite. La deseaba bastante, pero tampoco podía dejarle ver mi juego. La trampa puesta de forma calculada para atraparla. Menos que fuera a sospechar sobre mi identidad. Aunque dudaba que ella llegara a determinar que Mateo y yo éramos personas diferentes. La chiquilla era tonta.
Me saborie al reconocer que eso me beneficiaria en esa oportunidad, intuía que ella sería muy fácil de cazar, dominar y manipular... una presa fácil. Cuando su olor fue casi desquiciante, gracias a la cercanía me asome a la ventana. Despeje la vieja cortina mamarracha para que desde fuera ella tuviera la posibilidad de observarme.
Lo demás fue disimulo; fingir no ser consciente de su presencia ni la forma torpe que en que cayó sobre la tierra apenas me vió. Ni hablar de la forma juguetona en que se escondió detrás de un viejo árbol.
—Es una fresca. Parece que disfrutas ver la v***a que pronto te meteré hasta el fondo. —Murmure extaciado. Tocandome con vigor mientras era consciente de que la chica me espiaba.
«Peligrosamente fresca.» Dijo Escorpio en complicidad, disfrutando al igual que yo la observación descarada de la corderita detrás del árbol.
Esa tarde en especial, me frene... no quise imponer mi propio deseo, solo me enfoque en darme placer con sus ojos clavados en mi cuerpo. Claro, tuve la esperanza de que se acercara a chuparmela o a terminar lo que habíamos iniciado días atrás... pero la dejé escapar, justo cuando mi semilla cayó derramada sobre el piso de madera y tanto mi lobo como yo, nos retorcimos gracias a la sensación placentera.