Capítulo 19

1523 Palabras
Pasan los días, Backery se encuentra acostada junto a sus padres para ver una película, la cual dejan que ella escoja, por lo que deciden ver una de romance juvenil. Estando los tres acurrucados en la cama, junto a un tazón enorme de cotufas, no son más de ellas tres de la tercer cuando el teléfono celular de Michael suena, este decide ignorarlo y disfrutar del momento en familia. Pero 3l celular continua repicando una y otra vez, hasta que Michael se levanta de la cama y lo contesta. —Si, dígame, ¿Quien habla? —pregunta Michael.—dice —Soy yo, el doctor Williams ¿Es usted el padre de Backery Thompson? —Si, soy yo —dice su padre extrañado por la llamada, pero este decide salir de la habitación para que Backery y Alisa no escuchen la conversación. —Señor Thompson le estoy llamando, porque necesito hablar personalmente con ustedes, ya recibí los exámenes de Backery, por lo que es sumamente importante que hablemos —dice el doctor con un tono de voz muy serio. —Pero ¿Pasa algo con Backery? —pregunta Michael preocupado —Lo mejor será que venga, y aquí les explico —responde el doctor. —Esta bien doctor, ¡Vamos de inmediato! —Si, por supuesto, los estaré esperando. Michael cuelga el teléfono, y su corazón se detiene por un instante, una sensación fría y desolada recorre su cuerpo, pues por alguna razón sabe que no son buenas noticias la que el médico tiene para ellos. Este camina de regreso a la habitación, pero siente que sus piernas no dejan de temblar. Se detienen por un momento y respira profundo, pues debe mantener la calma para que Backery no se de cuenta de lo que está pasando. —¡Alisa! —dice Michael, casi susurrando tocando el hombro de su esposa, quién se encuentra abrazando a Backery, la cual está dormida —necesito que vengas un momento— se da la vuelta y sale de la habitación. Alisa sale de la habitación, aún somnolienta, y mientras bosteza dice. —¿Qué pasó? ¿Por qué tanto misterio? —pregunta mientras estira sus manos. —El doctor Williams me llamó, necesita que vayamos a su consultorio, ya tiene los exámenes de Backery —dice con un tono de voz apagado. —¿Ya tiene los exámenes? ¿Por qué no te dijo de una vez como estaba? —pregunta la madre extrañada por la llamada. —Dijo que debíamos ir, al parecer no son buenas noticias —dice tomando l mano de Alisa, y bajando su mirada. Alisa voltea a ver a Backery desde lejos, y tapa su boca, está de pronto siente un vacío en su pecho que baja hasta su estómago, haciendo que su corazón se paralice por un instante. —Pero debemos ir ya, el nos está esperando —añade Michael. —Si, está bien, déjame llamar a la señora Martina —es una vecina que siempre está a la orden de todos, está los ayudo a cuidar de la casa mientras Backery estaba hispitalizada— para que acompañe a Backery mientras nosotros venimos. Luego. De hablar con su vecina, quién le ha dicho que si puede acompañar a Backery, está entra a la habitación con mucho cuidado de no despertarla a Backery, y se cambia de ropa, mientras en su interior ruega porque no sea nada grave. «¡Por favor Dios mío, no me la quites!» es lo único que se repite en su mente una y otra vez. Estos se montan en su auto y salen directo al hospital, sus rostros denotan preocupación, y una gran incertidumbre por un diagnóstico que temen sea el que les tenga el doctor. Al llegar, suben hasta el tercer piso, y allí se acercan al área de recepción. —Disculpe señorita —dice Alisa a una enfermera que está de espaldas a ella. —Si, dígame señora —le responde la enfermera, volteándose hacia ella. —El doctor Williams dijo que nos estaba esperando. —Si, ¿Ustedes son los Thompson? —pregunta viendo una lista en su mano. —¡Si! Somos nosotros —le responde tomando la mano de Michael. —¡Claro! El se encuentra en su oficina, si quieren los puedo llevar. —No, tranquila, sabemos dónde es, ¡Gracias! ¡Muy amable! —le responde Alisa, quién no suelta la mano de Michael, la cual está helada. Al llegar frente a la oficina, está toca dos veces. —¡Si, pase por favor! —grita una voz grave desde adentro. Por un instante Michael y Alisa se miran a los ojos, ambos sienten miedo de lo que pudiera pasar allí, pero Alisa toma el picaporte de la puerta y la abre. —¡Hola doctor! Buenas tardes, vinimos lo más rápido que pudimos —dice Alisa al entrar. Mientras Michael cierra la puerta. —¡Por favor! Pasen y siéntense, lo que les tengo que decir es muy delicado. Michael retira una de las sillas para que Alisa se siente en ella, y luego el se sienta a su lado. Pero antes de que el doctor empiece hablar, Alisa vuelve a tomar la mano de Michael. —Como ya le había dicho al señor Thompson —dice el doctor Williams colocando varias hojas en su escritorio— aquí tengo los exámenes de Backery, me temo que no tengo buenas noticias para ustedes —ve con una mirada sería ambos. —Digamos doctor, que pasa con mi nena —dice Alisa. El doctor respira profundo y baja su mirada por un instante. Alisa se aferra de la mano de Michael, como si su vida dependiera de eso. —Lamento informarles que las quimioterapias no están haciendo efecto, por lo que el cáncer que un momento pensamos podría detenerse, ha llegado a otras estructuras importantes de su cuerpo. —¿Qué me está queriendo decir doctor? ¿Qué mi Backery está más enferma que antes? —pregunta Michael, con el corazón en la boca. —Si, me temo que ya no podremos hacer nada más por ella —le responde viéndolo a la cara. —Osea que ¿Ya este es el fin? —pregunta Alisa con los ojos húmedos. —Me gustaría poder decirles que continuemos con otros tratamientos, pero no, ya no hay nada que hacer, estructuras muy importantes están comprometidas. La mente de Michael se pierde en sus pensamientos, las imágenes de Backery pequeña llegan como si fuera una película, de pronto aquello que están viviendo pareciera una película, algo fuera de la realidad. Este piensa cuando vio por primera vez a Backery, una niña tan pequeña, y frágil en sus manos, a la cual le juro nunca pasaría nada, y ahora no hay nada que pueda hacer para salvarla, el sentimiento de frustración y culpa se adueña de el, apretando fuertemente sus manos. Siente un nudo en su garganta, como si el corazón se le fuera a salir en cualquier momento. —¡No doctor! ¡Usted no me puede decir eso! ¡Me niego a escuchar eso! —se levanta Alisa gritando del asiento— ¡usted dijo que la salvaría! ¡Qué no la soltaría! ¡Debe haber algo que se pueda hacer! ¡Opérela! Funcionó cuando era pequeña. —Discúlpeme señora pero no serviría de nada, el cáncer ya a avanzado mucho, y someter a Backery a más quimioterapia, o radiación, incluso operación, sería hacerle daño. —¡Pero no! ¡Debe haber algo! Mi Backery no puede morir —Alisa empieza a llorar desconsoladamente, Michael se levanta de la silla y la abraza con fuerza —¡Michael mi niña! ¡Michael! —dice una y otra vez Alisa en medio de las lágrimas. Pues su mundo se ha derrumbado en un segundo. Después de un rato, Alisa se encuentra sentada, con los ojos mojados por las letrinas, con un vaso de agua en sus manos. Michael, quién ha mantenido la calma por su esposa le pregunta al doctor. —Y ¿Cuánto tiempo nos queda con ella? —No podría decirle el tiempo exacto, pero puede ser un mes, o un par de semanas, todo va a depender de Backery y como se vaya sintiendo a medida de que pase el tiempo. El corazón de Michael se pone chiquito, pero este solo respira profundo, tratándose contener las lágrimas que luchan por salir. Una vez terminada la consulta con el médico, este le dice que le mandara unas inyecciones a Backery para los dolores y los malestares, para que sus últimos días sean más llevaderos. Sus padres suben al auto derrotados, como si les hubiesen quitado la vida en el hospital, pues su más apreciado tesoro dejará de existir en cualquier momento. Durante el camina, ninguno de los dos dice nada, hasta que llegan frente a la casa, dónde ese quedan por unos veinte minutos, sin poder salir del auto, sintiendo que si no salen de allí, nada de lo que le ha dicho el doctor se hará realidad, pues Backery está dentro durmiendo en su habitación, como un día cualquiera.
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