Capítulo III: Desilusión

1958 Palabras
—Demos un fuerte aplauso a los futuros esposo —dijo el maestro de ceremonia. Cristina no pudo creer el descaro de ese hombre, él la había besado, teniendo novia, y más aún luego de pedirle que sea su esposa, se sentía tan decepcionada, estaba segura de que él se debió haber divertido mucho a costillas de ella. Lo peor de todo, es que en este momento que tan devastada se siente, no puede salir corriendo de aquel lugar. La licenciada Juliana, noto la expresión que tenía Cristina en el rostro, esto hizo que se acercará un poco para preguntarle de cerca, que es lo que le sucede. —¿Te encuentras bien? —Sí, me siento bien, es solo que este tipo de eventos me emocionan, me da tanto gusto de ver como las parejas logran ser felices. —Eres muy bella. Todos en la familia esperamos que mi sobrino pueda ser feliz en esta nueva etapa de su vida. Luego de que la pareja fue presentada frente a todas las amistades, tomaron asiento y comenzaron a repartir el banquete. Cristina se sentía desesperada, sentía la necesidad de encontrar un pequeño espacio para salir del salón y tomar un poco de aire. Ella no es capaz de confesar la verdad a la licenciada Juliana, pero sentía la terrible necesidad de huir de aquel lugar. Luego de comer, y cuando todos se estaban comenzando a levantar para dirigirse hacia la pista de baile, Cristina aprovecho, para levantarse a despejarse un poco. —Licenciada, iré un momento al baño, ya regreso. La licenciada Juliana asintió con una sonrisa. Luego de eso, Cristina se retiró hacia el baño. A lo lejos, Roberto se sorprendió, al ver a una chica parecida a Cristina caminando hacia los baños. Su corazón comenzó a latir aceleradamente, no quiso quedarse con la duda, es por eso que le indico a su prometida que regresaba en un momento. Ella estaba emocionada platicando con sus futuros suegros sobre los planes que tiene para el gran día. Así que no le tomo mucha importancia al hecho de que él se levantará de la mesa. En el baño Cristina lloró un poco. >, se repetía un y otra vez en su mente. Cuando por fin logró tranquilizarse, salió del baño y se limpió la cara, luego saco de su cartera su estuche de maquillaje y se dio un retoque antes de regresar hacia la mesa junto con la licenciada Juliana. Cuando salió del baño se topó con Roberto, quien de inmediato le corto el paso. —Tú y yo necesitamos hablar. —Nosotros no tenemos nada de que hablar, en lugar de perder el tiempo hablando conmigo, deberías de estar atendiendo a tus invitados, además no me gustaría que alguien nos viera hablando junto y malinterpretará la situación. Luego de escucharla pronunciando aquellas palabras se le ocurrió que lo mejor sería hablar en un lugar privado, es por eso que la tomo del brazo y la metió hacia una bodega, donde guardan los elementos de limpieza. —Te he dicho que tú y yo no tenemos nada de que hablar, no entiendo por qué me traes hacia este lugar. —Aunque tú digas que no tenemos nada de que hablar, yo sí tengo algunas cosas que decirte. Cristina quería que el momento terminara lo más pronto posible, es por eso que decidió dejarlo hablar. —Está bien, dime ¿Qué es lo que me quieres decir? —En primer lugar, quiero pedirte una disculpa por el beso que te di la vez pasada. Siento que en este momento ante tus ojos me he de ver como un gran patán, pero la realidad es que me gustas mucho. —Siendo sincera, no creo que de verdad te guste o tal vez si te sientas atraído por mí y pensaste que sería bueno pasar un tiempo divirtiéndote antes de convertirte en un hombre casado. —Mi intención jamás fue divertirme contigo. Tú me gustas de verdad, lo que sucede es que… Roberto no tuvo tiempo de terminar de darle su explicación a Cristina debido a que se escucharon pasos viniendo hacia ellos. Ella se asomó por la puerta entreabierta y vio que era la prometida de él quién se dirigía hacia el lugar. Su corazón comenzó a latir aceleradamente y se tranquilizó cuando vio que ella ingresó al baño de mujeres. En eso ella aprovechó para terminar de abrir la puerta y salir de aquel lugar, aunque Roberto intento impedirle que se fuera. —Necesito que terminemos de hablar. —Este no es el lugar ni el momento para que nosotros hablemos. Así que te pido que me sueltes. —No te dejaré ir hasta que me asegures que podremos platicar en otro lugar y en otro momento. Ella se encontraba demasiado nerviosa y lo único que haría en ese momento era ir de qué lugar es por eso que aceptó la propuesta de Roberto deberse más adelante para platicar. Luego de escuchar la respuesta afirmativa de ella, él la soltó. Cristina regreso rápidamente hacia la mesa junto con la licenciada Juliana. Al llegar, ella la vio muy nerviosa y se preocupó. —¿Está todo bien? Te tardaste mucho en el baño ¿Te sientes enferma? —le pregunto realmente preocupada. —Me disculpo por eso, no es nada grave, no se preocupe, lo que sucedió es que luego de que salí del baño, recibí una llamada de mi amiga Raquel para invitarme a salir el día de mañana, y bueno, nos pusimos a platicar de más eso es todo —le dijo con una amplia sonrisa, a Cristina no le gusta mentir, pero en este momento sintió que no tenía otra opción debía de hacerlo, no podía decirle que está enamorada de su sobrino el cual esta noche sé a comprometiendo. —Puedo entenderte a la perfección, las amigas son las mejores distractoras en esta vida, me alegra que solo haya sido eso y no algo grave como que te sintieras mal de salud. —Si solo fue eso, en verdad muchas gracias por preocuparse por mí. —Sabes que te aprecio mucho, y lo hago de todo corazón. —Sí, lo sé, muchas gracias. Cristina se encuentra convencida, que es mejor mantener a la licenciada Juliana, en total ignorancia de todo lo sucedido con su sobrino, en este momento ella prefiere que crea esa mentira a que se entere de lo que realmente pasó, de lo que realmente está pasando con ella. De que se encuentra terriblemente mal debido a todo lo que está pasando esta noche, es algo que la verdad ni ella logra comprender exactamente como ese hombre causa tantas emociones en ella, emociones que antes no conocía. En eso el animador pidió a todos los presentes que le regalaran un poco de atención y anuncio que en ese momento, la pareja de enamorados pasaría a la pista para presentar un baile sorpresa que tenían preparado para todos sus invitados. El corazón de Cristina comenzó a apachurrarse de nuevo, ella ya no sabía si iba a poder seguir fingiendo que todo está bien con ella. A pesar de lo mal que se sentía en ese momento, logro mantener la calma y no derramar ninguna lágrima, ante aquella escena. La licenciada Juliana pensó que Cristina se encontraba un poco aburrida en la fiesta debido a que no tenía nadie conocido con quien salir a bailar. —Cristina, siento que no te estás divirtiendo mucho en esta fiesta Lamento tanto que mi hijo tuviera que salir por trabajo y no se encuentre aquí, estoy segura de que hubiera estado encantado de sacarte a bailar. —No se preocupe licenciada Juliana, tengo dos pies izquierdos, así que es ningún problema para mí quedarme sentada. Estoy bien solo observando a los demás bailar Ambas comenzaron a hablar sobre eso, la licenciada Juliana, no le podía creer el hecho de que ella no supiera bailar. En eso estaban cuando se acercó un caballero hacia la mesa donde ellas se encontraban para invitar a bailar a la licenciada Juliana. —Juliana, ¿Me concedes esta pieza? —Me encantaría, pero no quiero dejar sola a mi acompañante —le dijo. En eso Cristina le indico que ella no tenía ningún inconveniente con el hecho de que fuera a bailar. —Debería aceptar bailar con el caballero. Por mi parte me sentiría muy mal si supiera de qué no disfruto la fiesta como debía solo por quedarse conmigo. Yo aquí me quedaré, no iré a ningún lugar. Luego de escuchar aquellas palabras provenientes de Cristina, la licenciada Juliana se sintió mucho más tranquila y acepto bailar con quién apuesto caballero. Por su parte, Cristina comenzó a revisar los mensajes de texto que le habían llegado a su celular. Era su amiga Raquel quien se encontraba muy preocupada por ella. Antes de que las lágrimas comenzaran a derramarse por sus mejillas, ella se levantó y se dirigió nuevamente hacia los baños. Mientras encontrado en el baño escucho como entraron dos mujeres, ambos se encontraban platicando sobre compromiso de Roberto con Mariana. Cristina jamás ha sido una mujer chismosa, pero la verdad sintió mucha curiosidad por saber lo que es, las mujeres estaban hablando, así que se quedó unos minutos más dentro del baño. —No puedo creer que Mariana se ha quedado con el bombón de Roberto. Ella ni siquiera es tan bonita, lo único que tienes el dinero de su papi —comento una de las mujeres. —Eso es todo lo que necesito para qué le dieron su anillo de compromiso en esta gran fiesta. Conociendo a Roberto, él no debe de estar contento con este matrimonio estoy segura de que sus padres lo deben de estar obligando a casarse con ella, para incrementar su fortuna. —Aunque debemos de admitir que él tampoco es una persona que no pueda tomar sus propias decisiones, es un profesional y tiene su propio negocio. —Lo que sucede es que la mayoría de sus clientes, son los socios de su padre, si por algún motivo se llagará a poner en contra de él, hablaría con ellos para que lo dejen sin trabajo. Cristina no podía creer todo lo que estaba escuchando, no podía dejar de pensar en el hecho de que Roberto realmente no quiere aquella mujer con la que se ha comprometido esta noche. Por un momento sintió que aún tenía una oportunidad con él, pero rápidamente alejo sus pensamientos de su mente, ella está convencida de que si se llega a quedar con él sus padres les harían la vida imposible debido a que ella jamás va a ofrecer la fortuna de su padre para conseguirse unas cosas. Cuando escucho que las mujeres ya se habían marchado del lugar, dijo a salir del baño, pero antes de que ella lograra salir, se abrió la puerta que se encontraba al lado y unos sollozos que se comenzaron a escuchar, luego ya salió y se dio cuenta de que la persona que estaba llorando era Mariana. A Cristina su corazón se le volvió pequeño al verla de esa manera, si ella se encontraba sorprendida por lo que había escuchado, no podía ni imaginarse como se sentiría Mariana en ese momento, luego de todo lo que aquellas mujeres habían estado hablando sobre su matrino. —Discúlpame, ¿Te puedo ayudar en algo? —No puedes ayudarme en nada, estoy segura de que tú escuchaste todo lo que esas mujeres dijeron y debido a que estás invitada en la fiesta. También sé de qué sabes quién soy. Al ver aquella mujer tan vulnerable y triste, Cristina se convenció de que ella no debía de entrometerse en su relación con Roberto, sea o no un matrimonio arreglado.
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