Capítulo II: La invitación

3135 Palabras
Cristiana no lo podía creer. El sobrino de la licenciada Juliana se encontraba, en el lugar. —Joven, es un gusto verle de nuevo. Raquel pudo notar el nerviosismo de su amiga, eso hizo que su curiosidad fuera en aumentos. —Amiga, ¿No nos piensas presentar con el apuesto caballero? —Bueno, él es el sobrino de la licenciada Juliana —dijo Cristina un poco nerviosa. —¿Y su nombre es? —preguntó Raquel. —Me llamó Roberto —le respondió él rápidamente— Disculpa, cuando llegue a la oficina hoy en la tarde, me encontraba un poco apresurado y no me presente adecuadamente contigo. —No tengo nada que disculpar, comprendo que tenías asuntos de trabajo que atender. Tampoco me pude presentar formalmente contigo, mi nombre es Cristina —le dijo ella extendiendo su mano. Él tomó la mano de ella. Cristina no podía creer lo que estaba sucediendo, el chico guapo que había conocido durante la tarde, se encontraba tomándolo de la mano, ella se emocionó tanto que se le había olvidado soltarle la mano. —Amiga, creo que el joven necesitará su mano para comer —le dijo Sandra. —Disculpa —le dijo Cristina un poco apenada. —¿Quieres sentarte junto con nosotras? —le preguntó Tatiana. —Encantado, aunque imagino tienen cosas de chicas que platicar y yo las estaré limitando en sus conversaciones. —No tienes nada de que preocuparte, nuestras pláticas son de lo más aburridas —le dijo Raquel. Roberto aceptó quedarse junto con ellas. Cuando él ya se encontraba sentado a la mesa, decidieron llamar al mesero para qué le tomará su orden. Todas habían notado que Roberto y Cristina se gustaban. Ellas se encontraban haciendo todo lo posible para que ellos dos se conozcan mejor. Luego de la cena, todas salieron hacia sus respectivos hogares. —Amiga, mi carro tenía problemas y yo necesito ir a hacer unos mandados antes de ir a mi casa, no me gustaría molestarte, ya que tú debes de trabajar mañana ¿Me puedes prestar tu carro? Estoy segura de que cualquiera de los aquí presentes, estarán encantados de llevarte hacia tu casa. —Yo podría llevarla, para que ninguna se tenga que movilizar más de la cuenta —dijo Roberto. —No tienes que molestarte, estoy segura de que cualquiera de ellas me podrá llevar sin ningún problema a mi casa. —Para mí no es ninguna molestia, además me queda de paso. —¿Cómo sabes eso, si aún no te digo donde vivo? Roberto se comenzó a poner colorado de la pena. —Es pura intuición —le respondió. Luego de eso, todas se despidieron y cada una salió hacia su casa. Cristina conoce muy bien a su amiga Raquel, ella está segura de que su amiga, no tiene ningún compromiso que atender y dijo eso, solo para conseguir que ella se fuera junto a Roberto. Mientras iban en el vehículo, ellos dos comenzaron a platicar un poco acerca de las cosas que les gustan, se dieron cuenta de que son muy parecidos en varios aspectos. Ella se encontraba emocionada, debido a que sentía que esta noche ellos dos se habían vuelto cercanos. Al llegar a la casa de ella, Roberto le pidió que esperará un momento dentro del vehículo. Ella le hizo caso, luego de eso, él se bajó y camino hasta llegar a la puerta del copiloto. —Señorita, hemos llegado a su destino —le dijo estirando la mano, para ayudarla a bajar. —Es usted muy amable —le dijo ella, antes de bajar del vehículo. Cuando se encontraba bajando, se tropezó un poco. Calló en los brazos de él. Al tenerla tan cerca, él no se pudo resistir, y le dio un apasionado beso. Luego se apartó abruptamente. —Discúlpame, no suelo ser una persona impulsiva, pero el tenerte entre mis brazos, me hizo sentir una fuerte necesidad de besarte. —No tengo nada que disculparte, la realidad es que yo también quería besarte, es por esa razón que no te aparte. —No debí hacer eso. Luego de decir aquellas palabras, Roberto se subió al vehículo y partió del lugar, dejando a Cristina con muchas dudas. Cristina ingreso a su casa. Su amiga Raquel le envió un texto para decirle que se iría a quedar con ella, para dormir juntas. Cristina, estaba agradecida con su amiga, pero al mismo tiempo se encontraba muy decepcionada por cómo habían terminado las cosas con Roberto. Una Semana Después Luego de aquella salida, Cristina no ha visto de nuevo a Roberto y eso la tiene un poco triste. Cristina se muere de las ganas por volver a ver a Roberto. Cristina espera con ansias que sea fin de mes nuevamente, para que él llegue por las facturas, aunque hay una gran probabilidad de que ella no lo vea, debido a que Isabela, regresará pronto de sus vacaciones. A diferencia de lo sucedido la semana pasada, esta semana comenzó con muchas actividades para realizar. Cristiana paso el día tan ocupada, que ni siquiera tuvo tiempo en pensar en Roberto. El día paso de manera tan pronta, que cuando menos acordó Cristina ya era su hora de salida. Mientras se encontraba terminando de apagar el equipo de la recepción, llegó un mensajero a dejar un paquete para la licenciada Juliana. Cristina se encargó de recibir el paquete, debido a que la licenciada no se encontraba en la oficina, y no regresaría hasta el día siguiente. Para poderle entregar el paquete que le llevaba, el mensajero hizo que Cristina le firmará una boleta, en donde quedaban los datos de ella, para constatar la entrega. Luego de que ella le firmo aquella boleta, el repartidor se retiró del lugar. Cristina tomo el sobre y lo colocó en la gaveta del escritorio de la recepción, para entregárselo al día siguiente a la licenciada Juliana. Después de dejar todo en su lugar, Cristina se retiró hacia su hogar. A la mañana siguiente Cristina llegó muy temprano a la oficina, desde que se encuentra de recepcionista, llega media hora antes que la licenciada Juliana, para que cuando ella llegue ya todo se encuentre listo. Cristina se llevó una gran sorpresa al encontrarse con la licenciada Juliana en la oficina. Ella siempre llega a las nueve de la mañana, pero el día de hoy llegó un poco antes. —¡Buenos días, señora Juliana! —¡Buenos días, Cristina! Puedo imaginar que te tengo un poco sorprendida, debido a que el día de hoy llegue más temprano de lo acostumbrado. —Tengo que admitir que me encuentro un poco sorprendida debido a eso, pero usted es la dueña del lugar, puede llegar e irse a la hora que usted quiera. —Aun así, tengo que cumplir con mi horario de entrada, para dar el ejemplo a mis empleados y retirarme a la hora de salida o hasta que haya finalizado con todos los compromisos del día. Cristina sintió mucha admiración por lo que ella estaba diciendo, era consciente de que la licenciada era una mujer muy recta. Ambas ingresaron a la oficina, la licenciada se dirigió hacia su despacho, ya que debía de arreglar algunos documentos antes de salir hacia una cita en el juzgado. Cristina, por su parte, se dirigió hacia el escritorio de la recepción para sacar el paquete que le había llegado a la licenciada Juliana. —Licenciada, disculpe. —Sí, dime. —El día de ayer le trajeron este sobre —dijo colocando el sobre en el escritorio. —Te agradezco. Luego de eso, Cristina se retiró hacia su oficina, para ir encendiendo el equipo y comenzar a trabajar. Luego de dejar listos los documentos que tenía pendientes, salió hacia el escritorio en recepción. Al cabo de una hora, la licenciada Juliana salió de su oficina. Se encontraba lista para partir hacia la cita que tiene en el juzgado, antes de irse se acercó al escritorio para hablar con Cristina. —Luego de la cita en el juzgado regresaré, para revisar la correspondencia y preparar unos documentos que tengo pendientes, te encargo el despacho, cualquier cosa me llamas al celular, si no respondo es que estoy dentro del juzgado te pido me dejes un mensaje de texto y al salir te responderé. —Comprendo, no sé preocupe, yo me encargaré de que todo marche como se debe en este lugar, usted puede irse tranquila. La licenciada Juliana le regalo una sonrisa y salió del lugar. Las horas iban pasando rápidamente. Cristina se encontraba un poco cansada, pero al mismo tiempo muy feliz, por el día de trabajo tan productivo que estaba teniendo. A eso de las once y media, la licenciada Juliana regreso al despacho con una amplia sonrisa en el rostro. —Por su sonrisa, puedo asumir que todo salió bien en el juzgado. —Tengo que admitir el hecho de que fue complicado, pero al final ganamos —dijo con una expresión de satisfacción en el rostro— Vengo muy feliz, eso me trae con buen apetito ¿Te gustaría almorzar conmigo? —Por supuesto que me gustaría, el problema es que si salgo con usted tendríamos que cerrar el despacho, debido a que no hay nadie que se quede cuidando la recepción. —Por eso no te preocupes, podemos pedir algo para comer aquí en la oficina. Lo que quiero es compartir este momento contigo, mientras tú ordenas algo para que comamos, yo me iré hacia mi despacho a revisar los pendientes, luego podemos almorzar en la sala de juntas —le dijo ella. A Cristina le agrado la idea, así que se puso a ordenar la comida, en lo que la licenciada revisaba sus pendientes. Luego de una media hora la comida ya se encontraba en el despacho, Cristina se dirigió hacia la oficina de la licenciada, para avisarle. —Lleva la comida hacia la sala de juntas, en un momento estaré contigo —le dijo. Cristina hizo caso y se dirigió hacia la sala de juntas. Luego de abrir la correspondencia, la licenciada Juliana se dirigió hacia la sala de juntas para almorzar. Mientras se encontraban comiendo comenzaron a platicar un poco. Cristina le comenzó a contar todo lo que había tenido que pasar para lograr graduarse. La licenciada admiró su tenacidad y le aseguro que va a llegar lejos. En eso estaban cuando ella recordó el contenido del sobre que Cristina le había entregado más temprano. —¿Tienes planes para este domingo? —le preguntó. —Para este domingo no tengo ningún plan, a lo mucho pasar en mi casa viendo alguna serie o película —le respondió. —¿Te gustaría ir a una fiesta conmigo? No me gusta ir sola a eventos sociales y mi hijo Julián ha salido de la ciudad por asuntos de trabajo y regresará hasta el siguiente miércoles. —¡Claro que sí! Es un honor para mí que me tome en cuenta para acompañarla. —¡Perfecto! ¿Quieres que vaya a recogerte o te paso la dirección del lugar para que llegues? —Usted, misma, me dijo que no le gusta ir sola a esos eventos, es por eso que supongo, será mejor usted pase por mí. —Tienes toda la razón, siendo así pasaré por ti a eso de las siete de la noche. Cristina se sentía emocionada. Al salir de la oficina de la licenciada, Juliana le envió mensajes a su amiga Raquel para pedirle que la acompañara a comprar un outfit para la fiesta a la que asistirá junto a la licenciada. Su amiga muy feliz acepto acompañarla a hacer las compras. Luego de salir de la oficina. Cristina se dirigió hacia su casa para cambiarse y salir junto con su amiga al centro comercial. Cristina paso sacando a Raquel por su casa, ambas se encontraban muy emocionadas. —Amiga, yo considero que el destino está jugando a tu favor y quiere que termines siendo familia de tu jefa. Cristina sonrió ante este comentario, pero aun así quiso disimular su emoción ante el comentario de su amiga. —Solo es una casualidad, ella simplemente no quiere ir solo a un evento, no quiere decir que me vea como m*****o de su familia. Llegaron al centro comercial y se dirigieron hacia la tienda preferida de Cristina, ella quiere verse muy bien el día de la fiesta a la que asistirá junto con la licenciada Juliana. Luego de haber escogido el atuendo perfecto para la ocasión, se dirigieron hacia el restaurante preferido de Cristiana. Mientras iban caminando, Raquel se quedó sorprendida, y dijo en voz baja a su amiga. —No voltees, pero detrás de nosotras se encuentra el galán de Roberto. Creo que aún no nos ha visto, deberíamos detenernos en alguna tienda haciendo que estamos observando algún producto. Cristina se encontraba muy emocionada, así que termino aceptando la sugerencia de su amiga. En eso, Roberto se acercó hacia donde ellas se encontraban. —Es una grata sorpresa el verlas por aquí. Ellas se voltearon y fingieron encontrarse sorprendidas, por el encuentro. —Tal parece este es nuestro lugar de encuentro —dijo Raquel a Roberto. —Tal parece así es, me da mucho gusto verlas. Estuvieron platicando por un momento, ellas le comentaron que ya habían terminado con sus compras y que en ese momento se dirigían a comer. Él les dijo que se dirigía a lo mismo y las invito a cenar junto con él. Ellas aceptaron encantadas, así fue como los tres se dirigieron hacia el restaurante, que habían elegido las mujeres antes. Mientras se encontraban esperando que les sirvieran la comida, Raquel aprovecho para hacer una invitación a Roberto. —Este sábado celebraré mi fiesta de cumpleaños, me gustaría invitarte, estoy segura de que a mi amiga le dará mucho gusto que nos puedas acompañar. —Agradezco la invitación, sería un honor para mí el asistir, pero el domingo tengo un evento muy importante y por esa razón no podré acompañarlas, pero espero que se diviertan en mi nombre. A Cristina le decepciono un poco el saber que Roberto no iría a la fiesta de su amiga, pero le emocionaba el hecho de encontrarse con él en el evento al cual acompañará a la licenciada Juliana. Luego de disfrutar la deliciosa cena, salieron hacia sus hogares. En el camino de regreso a casa, Raquel le fue comentando a su amiga, que se encuentra muy segura de que Roberto siente algo por ella, aunque Cristina se hacía la desentendida de esto, le emocionaba mucho el escuchar decir a su amiga aquellas palabras. Unos Días Después Después de una semana llena de trabajo, por fin llegó el día sábado, hoy es la fiesta de Raquel, eso tiene muy emocionada a Cristiana, ya que sabe lo importante que es esta fecha para su mejor amiga. La mañana paso demasiado rápida, Cristina se encontraba muy emocionada con este hecho. Cuando eran las doce, Cristiana apago los equipos tecnológicos y luego de despedirse de la licenciada Juliana se dirigió hacia su casa, para comenzarse a alistar. Cristina salió de su casa con dirección a la casa de su amiga, al llegar se encontró con conocidos que hace mucho no veía los saludo y luego de eso se dirigió a buscar a su amiga. Como cada año ha preparado una gran fiesta para su cumpleaños, con un gran bufete, música en vivo. Luego de una breve búsqueda, Cristina encontró a su amiga. —¡Buenas noches mi bella Raquel! ¿Cómo está la cumpleañera más hermosa de toda la ciudad? Raquel se emocionó al ver que su amiga llegar, se dieron un fuerte abrazo y comenzaron a disfrutar de la fiesta. La fiesta estuvo genial como siempre, bailaron hasta que les dolieron los pies, Cristina bebió un poco, ya que la verdad no es muy buena con las bebidas alcohólicas, no pasó de dos copas. A eso de la una de la madrugada se terminaron de ir los invitados, ya solo quedamos Raquel, Tatiana y Cristina. Se dirigieron hacia la sala y se pusieron a platicar un poco, puesto que era de madrugada Raquel las invitó a quedarse en su casa, ambas accedieron y pasaron la noche en casa de Raquel. Luego de tantas emociones, a Cristina le costó un poco el conciliar el sueño, es por eso que se fue quedando dormida casi al amanecer. Cristina se encontraba tan cansada que durmió toda la mañana, a eso del mediodía, Raquel subió hacia la habitación que le había asignado a su amiga para despertarla. Cristina se asustó mucho al descubrir que había dormido toda la mañana y que ya se le había ido gran parte del día. Raquel le sugirió que bajaran a comer algo y luego de eso la acompañaría a su casa para ayudarla alistarse y que estuviera arreglada cuando la licenciada Juliana pasará por ella esta tarde. —Amiga, te agradezco tanto, no sé qué haría sin ti —le dijo Cristina. —No tienes nada que agradecer, para eso estamos las amigas, para apoyarnos. Luego de eso, ambas mujeres bajaron hacia el comedor y degustar una deliciosa comida que había sido preparada para ellas. Cuándo terminaron de comer se dirigieron ambas hacia la casa de Cristina. Al llegar a casa de Cristina subieron casi corriendo hacia la habitación de esta, mientras Cristina se daba una ducha su amiga se quedó preparando todo para ayudarla a peinarse y maquillarse. Con la ayuda de Raquel, Cristina terminó de arreglarse muy temprano. Cuándo se acercaba la hora para que la licenciada Julia nada pasara por Cristina, Raquel pidió un taxi para regresarse hacia su casa. —Amiga, agradezco tanto la ayuda que me has dado el día de hoy. —No tienes nada que agradecer, sabes que lo he hecho con el mayor de los gustos, espero que te diviertas mucho en la fiesta, tienes que bailar con Roberto —le dijo de manera pícara. En eso llego el taxi, se parqueó frente a la casa de Cristina y Raquel salió de ahí. A los pocos minutos la licenciada Juliana llegó por Cristina y salieron hacia el lugar donde sería la fiesta. Al llegar al lugar, Cristina quedo sorprendida con toda la elegancia que había en el mismo. Ella acompañó a la licenciada hacia la mesa que le fue asignada, ella comenzó a presentarla con las personas que se encontraban ahí, eso la hizo sentir un poco más cómoda. Todos se encontraban muy emocionados por la celebración, en eso el maestro de ceremonia dio la entrada a las estrellas de la fiesta. —Quiero que nos pongamos de pie y le demos la bienvenida a los futuros esposos, el joven Roberto Sandoval y la señorita Mariana Acosta. El corazón de Cristina se derrumbó en mil pedazos al escuchar aquel nombre.
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