La voz grave de Juan todavía resonaba en los oídos de Jimena. "Me alegra saber que te volviste a encontrar con Tiago Alejandro"… Ese nombre, ese tono… y esa coincidencia tan improbable… le sacudieron algo en el pecho. El murmullo del salón se volvió un eco lejano. Las luces cálidas, que momentos antes la envolvían con una sensación de triunfo y glamour, ahora parecían demasiado brillantes, casi incómodas. El aire se le hizo espeso. Parpadeó, intentando mantener la compostura, pero el rostro de Juan frente a ella se difuminó, cediendo lugar a otro escenario. Recuerdo La mansión del profesor Juan. Una construcción imponente en medio de un jardín de rosales. El aroma: dulce y punzante, mezclado con el olor a madera encerada que impregnaba los pasillos. Tenía 22 años, los nervios a flo

