Capítulo 27 Las pesadillas con Virginia y mi madre como protagonistas, se volvían cada vez más frecuentes, cada vez se sentían más reales, podía jurar que sentía el agua del mar golpeando mi cuerpo mientras ellas se hundían en el fondo del océano sin que yo pudiera hacer nada, solamente observar como desaparecían de mi vida, quizás, para siempre. La mente muchas veces puede ser nuestra peor enemiga, torturando el alma con sueños y pensamientos, que son cómo una daga que se clava lentamente sin dejar de dolor ni siquiera un instante, ya había pasado más de dos meses desde el naufragio, todas las mañanas sin falta iba hasta la estación policial para preguntar si había surgido información nueva, incluso los agentes ya me conocían con tan solo verme, pero nadie era capaz de darme una

