Capítulo 18
Al día siguiente estaba completamente decidido a conseguir a mi padre, a fin de cunetas si alguien podía ayudarme en ese país, era él. Todo eso iba en contra de mis principios, me lo había jurado a mi mismo, nunca más buscaría a ese señor que tanto problemas nos causó en Cuba, pero les puedo hacer algo, el hambre y la necesidad, pueden hacerte cambiar de opinión de una manera tan rápida, que te sorprendería. Mauricio Restrefo, decidió que vendría conmigo, él decía que me perdería, era un viaje muy largo y necesitaría alguien que conociera la zona, sobre todo con esos grupos violentos sueltos por todo el país. El "Pulgoso"decidió que debía regresar a su país de origen, la familia del "Tuercas necesitaba saber lo que había pasado, de otra manera, lo esperarían eternamente y nunca entenderían porque no regresa. Nos despedimos de él, cómo si fuera el mejor amigo de nuestras vidas, cómo si lo conociéramos desde hace años, luego de eso, emprendimos camino en búsqueda se mi padre, hemos llegado a la parte de mi vida en la que más he caminado, en la que más he viajado, y conocido lugares inolvidables, esta parte de mi historia, la llamo "el viaje".
Mauricio Restrefo, era un mexicano típico, provenía de Monterrey en el estado de Nuevo León, todo un nacionalista de esos que sienten un orgullo inmenso por su país y su gente. Su cultura está palpada en su piel, ellos son arte que camina, gastronomía que no perece, amistad en toda su máxima expresión. Mauricio soñaba con ser un fotógrafo famoso, recorrer el mundo tomando fotografías increíbles para prestigiosas cadenas de periodismo internacional, a todos lados que iba lo acompañaba siempre una vieja cámara fotográfica Kodak Instamatic que le regaló su padre hace muchos años, para él, era un regalo invaluable, era el único recuerdo que tenía de su padre, el cuál había muerto mucho tiempo atrás, me contó que le costó muchísimo, pasar como coyote, la frontera entre México y Estados Unidos, yo no estaba muy familiarizado con los términos que pronunciaba pero intentaba comprender cuán difícil fue su viaje hasta acá, me contó qué, sus únicas pertenecías en todo el trayecto fueron esa vieja cámara y una fotografía, sacada por él mismo, de su esposa y sus dos hermosas hijas pequeñas, ellas, quienes lo esperaban pacientemente en una linda casa en la loma de una pladera cubierta de miles de flores, me gustaba mucho su forma de ver la vida, siempre trataba de ver el lado bueno de las cosas, pero al mismo tiempo tenía ambos pies sobre la tierra, era capaz de decirte las cosas tal y como eran, aunque eso causara tu molestia, era todo un personaje. También me hizo saber que a nosotros, los cubanos que llegamos a la florida como balseros, nos llamaban "Pies Mojados", para ser sincero, en ese momento me pareció la cosa más estúpida que escuché en mi vida, pero con el tiempo me iba a fundir con ese término, de una manera increíble.
Nuestro viaje comenzó caminando un largo trayecto a través de una autopista muy transitada, habrán sido unos tres kilómetros recorridos, puesto que ningún automóvil se detenía para darnos un aventón, supongo que por nuestro color de piel, o tal vez nuestras características latinas, pero no dejábamos que eso nos bajara el ánimo, nosotros continuamos el camino de manera alegre y sonriente. Recuerdo qué el aspecto que más me encantó de Miami, era ese gran sabor latino que se podía disfrutar en el ambiente de sus calles, conocí muchos amigos de diferentes países a lo largo de toda esa autopista, dominicanos, colombianos, panameños, muchos de ellos con puestos de comida rápida, otros simplemente disfrutando su vida, verdaderamente nunca me sentí tan libre, tan comprendido, esas personas habían venido a este país, buscando exactamente lo mismo que yo buscaba, un mejor destino, un futuro mejor qué el que podía ofrecerme la isla.
Mauricio fotografiaba absolutamente todo lo que veía, su talento era sorprendente, de no haber nacido en la pobreza, seguramente sus fotografías hubieran dado la vuelta al mundo, pero él siempre decía, nunca es tarde para triunfar, y a su 34 años de edad, aún soñaba con ser un gran fotógrafo, yo era apenas un niño, casi cumplía los 21 años de edad para aquel entonces, mía sueños y mis metas eran muy confusas, pero igualmente, no perdía las esperanzas de volverme una personas importante en algún momento.
Esa noche la pasamos en compañía de muchos amigos latinos, es increíble cómo nos encanta festejar a cada momento, y esa noche no sería la excepción, recuerdo que nos encontrábamos en una pequeña plaza en algún lugar de Miami rodeados de personas muy alegres, la mezcla de culturas, colores y bailes tradicionales, era todo un festín para la vista, toda una locura para los sentidos, mi compañero Mauricio retrataba cada cosa que se moviera mientras yo sólo sonreía sentado en una banca, la estaba pasando bien, pero a cada momento el recuerdo de Virginia y mi madre golpeaba mi mente de manera repentina haciendo que la sonrisa se borrara automáticamente de mis labios, era realmente frustrante no saber dónde estaban, o sin siquiera saber si continuaban vivas, de nuevo la melancolía se apoderaba de mí, de nuevo la tristeza y el dolor hacían de mi vida un basurero.
La mañana siguiente continuamos el camino rumbo hasta la dirección que mi padre me dió algunos años atrás, no sabíamos si estaba allí, quizás, era posible que nunca haya estado en ese lugar, pero esa esperanza era lo único que tenía, y en ese momento, para mí era suficiente razón para continuar con vida, para seguir adelante. Finalmente un señor en una camioneta se apiadó de nosotros y decidió llevarnos en la parte trasera de su vehículo, tuvimos que viajar sobre un monto de pacas de heno, pero nosotros aceptamos el aventón con mucho gusto, en ese momento, por un segundo, con el viento golpeando fuertemente mi cara, la vista increíble de la playa a un costado, y recorriendo esa autopista rumbo a un destino incierto, nuevamente pude sentirme vivo, algo en mi interior resaltaba de manera placentera, por un instante olvidé todos mis problemas, fue entonces allí cuando disfruté el milagro de estar con vida a pesar de todo.
Nos llevó tres largos días llegar hasta el lugar dónde mi padre aseguró que estaría, la casa número 63 de la calle san marino, en Miami. Un pequeño suburbio urbano conformado en su mayoría por latinos, no sé porque que razón me sentí tan familiarizado, era cómo si estuviera en casa. La música a todo volumen adornando la zona con alegría y sazón, las personas bailando despreocupadas mientras disfrutaban de una buena cerveza o un excelente asado, las mujeres hermosas que te saludaban al pasar con el coqueteo característico de la mujeres latinas. No había duda, acababa de encontrar mi lugar en el mundo, sólo necesitaba hallar a mi madre y esposa para que todo fuera perfecto, pero para eso necesitaba la ayuda de mi padre.
Las casas enumeradas desde la número 00 empezaban a largo de una enorme caserio, Mauricio me acompañaba en todo momento, mirando en todas direcciones, buscando la casa indicada.
- ¡me puedes recordar nuevamente que número es el que estamos buscando! .- preguntó mi compañero Mauricio Restrefo haciendo gestos de estar exhausto.
- ¡63 Mauricio, chico buscamos la casa número 63 de la calle San Marino, cosa ma' grande tú ve, te lo he dicho un cuatrillón de veces hombre . - dije un poco frustrado.
- ¡22, 23 , 24 . . .eso quiere decir que esa cada está al final de calle wey! . - dijo Mauricio Restrefo quejándose pero sin dejar de caminar.
- ¡Mauricio! , hemos caminado por tres días. ¿no puedes caminar trecientos metros más? ¡chico pero llorón! . - le dije a Mauricio para que dejara de quejarse.
Finalmente llegamos a la casa, era muy bonita, se veía bastante cómoda y acogedora. Era increíble pensar todo lo que había tenido que pasar para lograr estar parado frente a esa vivienda. Pero inesperadamente, un miedo paralizante se apoderó de mí, las piernas me temblaba a tal modo que no era capaz de dar un paso.
- ¡vamos Aramis! , ¿que esperas? , ¡toca la puerta cabrón, me mueronde sed! . - dijo Mauricio sin entender lo que me pasaba.
- ¡no puedo Mauricio, no puedo, mejor vámonos! . - le dije a Mauricio e intenté volver.
- ¡ah bueno pero es que . . . ¿eres menso o te falta un tornillo, tanto que hemos caminado para llegar hasta aquí y se te va a enfriar el chocolate en la puerta? , ¿que te pasa Aramis? . - preguntó Mauricio Restrefo caminando rápidamente para colocarse frente a mí y detenerme con sus manos.
- ¡oye chico, pero entiendeme hombre, es que no puedo entrar a esa casa. - le respondí tratando de continúa mi camino de regreso.
- ¿pero porqué Aramis, a que le tienes miedo? , ¿porqué sigues haciéndote daño a ti mismo? . - preguntó con mucho énfasis Mauricio halando mi camisa.
- ¡¡¡ tengo miedo !!! ¿está bien? .¡tengo miedo entrar allí y descubrir que mi padre tiene otra familia, quizás varios hijos, incluso le tengo miedo a que ni siquiera me recuerde o reconozca! , ¿que tal si le causo un problema con su posible nueva esposa?, ¡son muchas cosas que tú no serías capaz de entender! . - le dije apartando sus manos de mí y caminando de regreso.
- ¡está bien, tienes razón . . . no tengo ni puta idea de las cosas que estás sintiendo, pero te aseguro que daría lo que fuera por ver una vez más a mi padre, él era un ebrio, nunca estuvo para mí en los momentos importantes de mi vida, pero aún así, lo extraño cada segundo de mi existencia. Tú tienes la oportunidad que muchas personas en el mundo desean, una segunda chance de ver a un ser querido. Y sí, tal vez el podrá denegar de tí, decir lo que quiera, pero ese lazo sanguíneo jamás podrá eliminarlo. Mira Aramis, no tengo la menos idea de que nos espera detrás de esa puerta, pero te juro que si te vas sin averiguarlo, algún día vas arrepentir mi cuate . - dijo Mauricio con mucho sentimiento en sus palabras.
- ¡debiste ser actor o algo así!, ¿sabías?. - le dije.
- ¡no importa lo que pase mi bien, te prometo que lo enfrentaremos juntos! . - dijo Mauricio extendiendo su mano manteniéndola suspendida para estrechar la mía.
- ¡eres exactamente el amigo que me hace falta! . - le dije con una sonrisa estrechando su mano.
Fuimos directo hasta la casa, tocamos el timbre en varias ocasiones, la tarde caía y la noche comenzaba a haberse presente, luego de un rato sin que nadie saliera de casa, empecé a temer lo peor, tal vez papá jamás llegó, quizás perdió la vida en el estrecho de la florida. Mauricio trataba de mantener mi esperanza viva diciendo cosas como qué tal vez se había mudado, o simplemente no se encontraba en casa.
Finalmente después de un rato, la señora de la casa de al lado salió para ver quienes éramos nosotros y a quien buscábamos.
- ¡buenas tardes muchachos , en que puedo ayudarlos? . - preguntó esa señora con acento español.
- ¡si, si, buenas tardes señora, buscamos al señor Emilio, Emilio Chapman! , ¿no sabe si vive aquí? . - pregunté con mucho interés.
- ¡si, esa es su casa, la de el señor Andrés también. Ellos viven allí! ¿pero puedo saber para que lo buscan? . - preguntó esa señora española algo preocupada.
- ¡no se preocupe doña, nosotros somos chicos buenos, que sólo buscamos a mi padre, yo soy Aramis Chapman y él es mi padre, el señor Emilio Chapman . - respondí rápidamente para evitar sospechas de algún mal entendido.
- ¿¡¡su hijo!!? , la gloria de Dios bendito, bueno ellos no se encuentran allí, creo que necesitas hablar con el urgentemente, lo puedes encontrar en el club "Libertad" a tres cuadras de este lugar bajando por esa avenida. - dijo la señora española sin dejar de mirarme de pies a cabeza.
- ¡mucha gracias mi doña, es usted muy amable! . - le agradecí muy cortésmente y continuamos nuestro camino.
- ¡oye chaval! . . . ¡suerte! . - dijo la señora española sonando muy sarcástica soltando una carcajada y luego regresando al interior de su casa.
Me pareció un gesto bastante extraño, pero aún así no le dimos importancia y continuamos el camino directo hasta el club dónde se suponía, estaría mi padre, no puedo negarles que sentía una enorme felicidad por saber que mi padre había logrado llegar con bien, a partir de ese momento dejé de sentirme sólo. El club "Libertad" era un sitio bastante colorido, con muchas luces de neón que hacían que lugar interesante y llamativo, no podía controlar la ansiedad por ver a mi padre. Llegamos a la entrada principal del club, dónde por suerte la entrada era completamente gratis.
- ¿vienen juntos? . - preguntó el portero señalándonos a Mauricio y a mí.
- ¡si claro, estamos juntos! . - respondí entusiasmado.
- ¡bonita pareja, pasen! . - dijo el portero quitando el listón color rojo de la entrada para que ambos ingresaramos al lugar.
Una vez más decidimos no prestar mucha atención a pesar de lo extraño que nos pareció ese comentario. Al entrar al club inmediatamente nos sentimos bastante a gustos, música disco retumbando todo el lugar, muchos sujetos pasándola bien, bastante apegado a la moda de aquella época. Todo iba perfectamente, hasta que notamos algo muy raro en la tarima, dos hombres semi desnudos se besaban lujuriosamente. Rápidamente miramos en todas direcciones para terminar de entender que nos encontrabamos en un bar gay. Pero lo peor de todo fue cuando al mirar a un costado, pude ver a mi padre besándose apasionadamente con su mejor amigo Andrés en la barra del bar.