CAPÍTULO 19
Todo empezó seis meses antes de que mi padre zarpara rumbo a Estados Unidos, en mi época estudiantil cuando aún creía que era feliz, que todo en mi vida era perfecto, supongo que la felicidad depende mucho de la ignorancia de la realidad, o por lo menos en mi caso así lo era. Sin saberlo, un fuerte golpe del destino cambiaba mi vida para siempr, algo venía gestándose en nuestras narices, en nuestra misma casa, en la misma cama dónde papá dormía con mamá, esto sucedía desde hace mucho tiempo , pero nadie lo había notado. Hasta ese fatídico día.
Por aquellos años mamá aún no sufría de ninguna dolencia, de hecho era un buena época para ella, se encontraba totalmente activa y trabajando, laboraba cómo costurera a domicilio, iba a las casa de las personas para reparar telas dañadas, de esa forma ganaba dinero o simplemente le pagaban con alimentos directamente, ese día mi madre tenía una cita en la casa de una señora que vivía bastante alejada de nuestra casa, así que seguramente tardaría varias horas fuera del pueblo, por mi parte, yo me encontraba estudiando, mi padre quedaría en casa con su mejor amigo Andrés. El problema se suscitó, cuando la señora se vió en la obligación de salir repentinamente debido a una emergencia, así que no tuvo de otra, qué cancelar la cita con mi madre, fue de esa manera que obviamente regresó con muchas horas de anticipación a nuestro hogar.
Al llegar a casa, el cansancio acumulado en sus hombros la hacían desear una buena siesta para reponer energías. La puerta estaba abierta así que no se preocupó para nada al momento de entrar, unos ruidos extraños se dejaban escuchar viviendo desde su habitación, mi madre automáticamente se alertó, era la voz de mi padre, se quejaba como si estuviera recibiendo algún daño, corrió rápidamente para descifrar de que se trataba, pero rápidamente iba a desear no haber entrado a ese cuarto jamás. Andrés, el hombre que lo acompañaba a todos lados, se encontraba cabalgando sexualmente al señor Emilio Chapman, el hombre más mujeriego de toda la Habana, aquel que era sinónimo de machismo, y masculinidad, se encontraba gimiendo de placer mientras su mejor mejor amigo le hacía el amor. La preferencia s****l de cada persona debe ser respetada, pero en el caso de mi padre, se trataba de un sujeto hipócrita que siempre intentó ocultar su verdadera vocación s****l fingiendo ser alguien que en realidad no era, aparentando ser machista, rudo y masculino. E incluso golpeando a mi madre en medio de su frustración.
Fue entonces allí cuando todo se me fue revelado, fue en ese preciso momento cuando finalmente entendí todo lo que había ocurrido. Mi madre descubrió el amorío de mi padre con su mejor amigo Andrés, fue entonces cuando ella lo echó de la casa, por esa razón él decidió irse a los Estados Unidos en un principio, por eso fue que ese día cuando papá llegó a casa para despedirse, ella no quiso siquiera verlo, ella siempre supo la verdad, siempre estuvo al tanto que papá nunca iba a regresar, que se iría a vivir su una aventura romántica con su amante. Eso explica porque su salud se deterioró severamente en tan poco tiempo. Ahora todo tenía sentido para mí, ahora más que nunca, sentía lástima por mi padre, no porque fuera homosexual, sino por el hecho de que fue tan cobarde, qué tuvo que abandonar a su familia para poder revelar sus verdaderos sentimientos, familia, qué jamás debió tener en un principio.
Mi compañero Mauricio Restrefo me miraba tratando de disimular su vergüenza, cómo todo buen amigo, se mantuvo allí a mi lado, apoyándome en todo momento, pero era obvio que se sentía muy incómodo en ese lugar, al igual que yo. Con una simple seña le hice saber que era hora de marcharnos, no tenía sentido que estuviéramos en ese lugar, de igual manera no íbamos a conseguir nada, me alegró saber que mi padre estaba vivo y qué era feliz, pero también entendí que no hacía falta en su vida. Fue entonces cuando decidí salir de ella, como él hace años decidió salir de la mía.
Y de esa manera, una vez más, nos marchamos. Rumbo hacía un futuro incierto, pero ya eso no me preocupaba, era bastante claro qué no tenía sentido luchar contra el destino y sus caprichosas jugadas. Esa noche la pasamos en un albergue, esa no era para nada, la manera como esperábamos terminar ese día, pero estábamos contentos de estar vivos, pero más que nada, nos alegraba no estar solos en ese mundo tan hostil. Siempre agradecí en Mauricio, el hecho de que no se haya burlado de lo ocurrido con mi padre, en todo momento se mostró muy respetuoso acerca del tema. En el albergue en el que pasamos esa noche, se hallaban, ancianos, vagabundos, enfermos sin hogar y nosotros, las únicas personas que pareciamos no pertenecer a ese lugar, era un edificio bastante acogedor, con un servicio excelente, las personas que lo atendían eran muy amables con Mauricio y conmigo, el único problema estaba en el hecho de no poder repertir noches en ese albergue, si pasabas una noche en sus instalaciones, debías esperar dos noches fuera de él para poder volver a recibir el servicio, debido a la gran cantidad de personas que necesitaban un techo sobre sus cabezas. Pero para nosotros no había problema con eso, puesto que ya estábamos decididos a irnos cómo trotamundos de pueblo e pueblo hasta encontrar un sitio perfecto en dónde pudiéramos trabajar ambos y salir adelante. Llegó la hora de cerrar los ojos para descansar, mañana sería, otro día muy difícil.
Virginia Agreste, la mujer de mi vida, mi esposa. Esa otra parte de mi ser que me hacía sentir el hombre mas feliz del mundo, mi musa. La flor mas hermosa en el campo de la vida que me tocó vivir, allí estaba ella, sentada esperándome como siempre, como ya era costumbre para nosotros, vernos debajo del muelle de la Habana al caer el sol, ella se escapa de sus padre para poder darle sentido a esos encuentros clandestinos para amarnos con locura y pasión derrochando toda esa lujiria provocada por el deseo que ambos sentíamos mutuamente. No podía creerlo, una vez más me encontraba al lado de Virginia, podía sentir la textura de su suave cabello cuando le acariciaba lentamente con mi mano, también el dulce sabor de sus labios al besarla con una intensidad inmensurable que nacía a partir de ese amor tan profundo que sentía por ella, luego de hacerle el amor con todas las ganas acumuladas en este tiempo sin verla, caí exhausto sobre su pecho, tomando un respiro mínimo para continuar con la acción, es increíble como el deseo y las ganas por esa persona que amas, jamás se acaban, es cómo un vicio que sin importar las veces que consumas su cuerpo, siempre quieres más, mucho más. Virginia era cómo la droga más adictiva, cómo el vicio más insuperable, cómo el oxígeno que no eres capaz de dejar de consumir, eso y mucho más era Virginia Agreste, mi esposa.
Yacía rendido en sobre su pecho jugando con sus perfectos pezones mientras ella acariciaba mi cabello, la luz de la luna nos acompañaba como única testigo de el pecado tan bonito que estábamos cometiendo, porque yo era celoso de el aire que rozaba sus mejillas, envidioso de la almohada que tenía la dicha de pasar toda la noche junto a ella, asesino del tiempo que se consumía tan rápidamente cuando estaba a su y violador de las reglas humanas al amarla con una fuerza antinatural que era científicamente imposible ante nos ojos del hombre. Nunca dos personas se amaron de esa manera, nunca antes dos seres vivos sintieron tan atracción, nunca en el pasado la vida presenció tanta sinceridad al gritar un amor a los cuatros vientos, eso fuimos Virginia y yo, eso seriamos para siempre en un eternos ciclo que al convertirse en infinito estallaba con fervor en miles de luces de colores iluminando con su esplendor las partes más oscuras que las tinieblas de la tristezas había cubierto con su melancolía indeseable, y algún día cuando se cuente nuestra historia, las personas no tendrán otra opción que decir, que es la historia de amor más bonita jamás contada.
Me aferraba fuertemente a su cuerpo, era obvio que no quería alejarme de ella ni por un instante, el olor de su piel tenía un efecto tranquilizante en mí, me calmaba y hacía que mi cuerpo de relajara hasta sentir que todo en el mundo estaba bien, que nada podría salir mal, siempre y cuando estuviéramos juntos, el latido de su corazón era la mejor terapia del mundo para curar mi estrés, era hermoso sentir cómo ambas pulsaciones se coordinaban para sonar de manera unísona, para galopar al mismo tiempo, al mismo ritmo y al mismo son, gracias a Dios, Virginia había creado un mundo perfecto en el cuál podía vivir, me daba miedo morir en el mundo de locos que mi cerebro había creado.
- ¿que miras al cuando te asomas en mis ojos? . - preguntó bajo el resplandor la de la luna mirándome fijamente a los ojos.
- ¡miró el interior de tu alma, el interior de tu corazón y el interior de tus sentimientos.lo más bonito es que en cada uno de ellos, me encuentro yo grabado . - respondí enamorado mirando mi reflejo en sus ojos color café.
- ¡Aramis, ya debes volver! . - me dijo mientras que veía lágrimas brotar de sus ojos.
- ¡no me quiero ir, me quiero quedar aquí contigo, sólo así seré feliz. Por favor, no me obligues a volver . - le dije secando sus lágrimas suavemente.
- ¡lo siento Aramis, así deben de ser las cosas! . - dijo mi esposa Virginia Agreste antes de que una potente ola se la llevara de mi vida lado de manera abrupta, haciendo que despertara inmediatamente.