Capítulo 20
Una vez más despertaba sin ella, con mis manos vacías anhelando la gloria, era cómo si el final del cuenta resultara inconcluso, me sentía tocando una canción sin sentido en un piano sin teclas. El arrepentimiento es un cazador furtivo que te ataca en la selva de la soledad, cuando estás más vulnerable, dejando en tu cuerpo, heridas de melancolía que abiertas reflejan el inmenso sentimiento de tristeza impregnado en tus carnes, y de esas heridas brotan lágrimas que están hechas de dudas, puesto que el peor castigo para tu mente es preguntarte ¿dónde están? , ¿estarán bien? , ¿les habrá pasado algo?. El mundo real es asfixiante, es por eso que prefiero vivir en mis pesadillas, porque al menos, en ellas puedo verla.
Las personas encargadas del albergue dónde habíamos pasado la noche, desalojaban a todos los huéspedes efímeros que se encontraban en las habitaciones, algunos salían calladamente y con tranquilidad, otros, trataban de hacerse los listos, peleando para que no los sacaran de esas habitaciones. Y no los culpos, realmente daba mucho miedo volver a las calles, sabiendo que esos grupos de violencia racial se encontraban sueltos por ahí, haciendo de las suyas, pero esos eran los riesgos que enfrentabamos, por buscar el sueño americano en aquella época. Para mi compañero Mauricio y para mí, el susto era aún peor, porque nosotros habíamos sido testigo de su maldad, de lo que eran capaces de hacer, pero no dimos ningún problema en el albergue, cumplimos nuestro desalojo con toda la tranquilidad y pasividad del mundo, a fin de cuentas, estamos enormemente agradecidos con la admirable labor que ejercían esas personas de manera voluntaria, sin recibir un sólo centavo a cambio. Y una de las cosas que he aprendido en mi vida, es que nunca sabes cuando volverás a necesitar de una persona.
Mi madre regresa luego de pasar todo el día trabajando en unas cortinas y alfombras de una familia al otro lado del pueblo. Se encontraba exhausta y sólo deseaba tomar una buena ducha, para luego descansar con una merecida siesta. Habían pasado tres semanas desde que papá se marchó con su amante, para ese momento, ya mi madre comenzaba a sufrir esos dolores, que con los años la dejarían postrada en una cama, hasta el día de hoy, jamás imaginé que su enfermedad, fuera provocada por la decepción amorosa que se llevó con mi padre, el señor Emilio Chapman. Pero, tendría que viajar miles de kilómetros para entender la triste realidad, el amor es un arma de doble filo, que puede darte los mejores momentos de tu vida, así cómo ese breve instante en el malecón de la Habana, cuando Virginia me dio el si, les juro qué será un recuerdo que !e acompañará hasta el último día de mi existencia, pero también, puede ser un veneno, que consume tu alma intoxicándole con amargos recuerdos, cortando tu piel con tristes realidades, cómo le había sucedido a mi madre.
Esa tarde al llegar a casa, jamás esperó encontrarse con mi padre sentado en la silla de la cocina, con una botella de ron y con signos claros de que había llorado. Mi madre por un momento, sintió la necesidad de echarlo de la casa, obligarlo a que se marchara cómo un sucio animal que causa repugnancia, pero , sin embargo, su buen corazón no le permitió hacer tal cosa, solamente lo miró en silencio, la cara de mi madre no expresaba sentimiento alguno, simplemente lo observaba de igual manera que se observa a una pared, sin ningún tipo de interés en particular, ella tomó una silla, las misma que mi padre alguna vez elaboró con sus propias manos utilizando leños secos encontrados entre los matorrales, y se sentó frente a él.
- ¿qué haces aquí? , ¡pensé escucharte decir que ya no nos necesitabas y qué . . . (voz quebrada) que ese hombre te hacia mucho más feliz que nosotros . - dijo mi madre tomando un profundo suspiro y limpiando sus lágrimas, claramente estaba muy afectado, pero no quería demostrar eso a mi padre, ella deseaba hacerle saber que su decisión no nos iba a causar ningún daño, y no la culpo, ella sólo pretendía defenderme, yo era sólo un niño, seguramente no estaba preparado para una noticia de ese calibre.
- ¡necesito hablar con alguien, y la única persona que sabe lomque está pasando eres tú, por favor, no me eches sin al menos escucharme! . - dijo mi padre con un rostro muy serio pero sin poder evitar que una lágrima brotara de su ojo derecho y se deslizara por toda su mejilla.
- ¡ya estás aquí chico, ¿que más me queda?. ¡habla, te escucho! , ¿que sucede? . - preguntó mi madre quitándose los zapatos para refrescar sus pies.
- ¡se trata de . . . es qué . . . - dijo mi padre mirando a todos lados con mucha vergüenza y sin el valor suficiente para ver a mi madre a los ojos.
- ¿es sobre Andrés verdad? , ¡oye chico, pero que descaro tan grande el tuyo! , ¡venir a la casa de la familia que hiciste añicos, sin importante nada, a pedir consejos amorosos! , ¿es que acaso, tu sionismo no conoce límites? . - preguntó mi madre con mucha decepción.
- ¡tienes razón, no debí haber venido, no sé en que diablos estaba pensando tú ve! , ¡será mejor que me vaya! . - dijo padre tomando su botella para levantarse de la silla, pero mi madre lo detuvo diciendo.
- ¿tienen problemas? . - preguntó ella con curiosidad.
- ¡me siento muy extraño hablando de esto contigo, pero, es él, se niega a decirle la verdad a sus padres, incluso me pidió que saliera de su vida. No es justo, yo lo perdí todo por él, mi familia, mi hogar, lo arriesgué todo hasta el final, sólo por . . . ser feliz, ahora siento que nada de eso valió la pena. - dijo mi padre mirando al horizonte.
- ¿y . . . lo amas? . - preguntó mi madre mirándolo con intriga, como si no quisiera escuchar la respuesta, pero al mismo tiempo se muriera por saber la verdad.
Mi padre, sólo empinó su botella para tomar un trago largo y profundo de ese ron barato que siempre bebía.
- ¿Emilio? , ¡responde mi pregunta! , ¿lo amas? . - insistió mi madre.
Pero mi padre seguía allí en silencio, sin responder, solamente empinando esa botella.
- ¡¡¡Emilio!!! . - gritó mi madre golpeando la mesa.
- ¡¡¡si!!! , ¡si lo amo! , ¿es lo que querías saber? . - explotó mi padre al responder finalmente.
- ¿cómo sucedió todo esto? , ¿cómo es que llegaste a este punto? , ¿cómo fuiste capaz de mentir tan perfectamente por tanto tiempo?. - preguntó mi madre entre lágrimas.
- ¡Siempre lo supe, desee niño sabía cuales eran mis gustos, que cosas me motivaban y cuales no. Pero aún así, duré años de vida luchando contra mi propio identidad, en una batalla constante por evitar que mi esencia lograra salir de mi cuerpo. Pero luego llegó Andrés, apareciendo en el radar, haciendo añicos todos mis intentos de luchar contra mis instintos más primitivos, y un día, simplemente, sucedió! . - respondió mi padre siendo finalmente, sincero consigo mismo. Aunque unos cuantos años demasiado tarde.
- ¿Siempre lo supiste? . . . ¿pero aún así decidiste formar una familia, traer al mundo a un niño producto de una mentira, de una simulación hecha por un cobarde que se negaba a moatrarse cómo realmente es? . . . ¿y todos los golpes Emilio? , ¿dónde quedan todos los golpes que me diste? . - preguntó mi madre indignada colocando sus manos en su pecho sin poder dejar de expulsar lágrimas.
- ¡Me sentía ahogado, en un mundo asfixiante, qué esperaba cosas muy exigentes de mí! . - respondió mi padre tratando de excusarse.
- ¡Pero no así Emilio . . . pero no así! . - Dijo mi madre levantándose de su asiento.
Sus manos temblaban, su garganta estaba irritada por todo el tiempo sosteniendo ese pesado nudo repleto de lágrimas, su moral se encontraba destruida y rota en miles de pedazos sobre el piso, pero aún así, fue lo suficientemente fuerte para hacer frente a ese hombre que destruyó su vida, su seguridad, su felicidad. Con ese egoísmo por pensar solamente em él, por cuidar su imagen delante de las demás personas. Lo había perdido todo, pero aún así, de alguna manera, ella salió mucho más fortalecida de esa incómoda situación. La rabia se convirtió en lastima, el asco pasó a ser simple desprecio, y las ganas de llorar evolucionaron para transformase en una indiferencia que refrescaba su alma. En ese momento se dió cuenta, qué verdaderamente, ya no lo necesitaba para nada.
- ¡Existe la posibilidad de irme con él a vivir a Estados Unidos, dónde sus padres no puedan saber de su homosexualidad. Pero al irme, significaría no volverlos a ver nunca más! . - Dijo mi padre con temor de la respuesta de mi madre.
- ¡Emilio, eres libre de luchar por tu felicidad. Aramis y yo, no seremos un obstáculo para que seas feliz, si amas a ese hombre, el mejor consejo que puedo darte, es que hagas lo posible por estar con él. Lo único que te pido, es qué, al menos, tengas corazón para venir a despedirte de Aramis, quiero que lo veas a la cara y le digas que te vas . - Respondió mi madre agachando la mirada aceptando su derrota.
- ¡Ahora, por favor, vete de mi casa y nunca más te atrevas a dirigirme nuevamente la palabra en lo que me reste de vida . - Dijo mi madre muy seriamente levantando su brazo para señalar la puerta.
- ¡Si de algo sirve, nunca quise que todo esto terminara de esta manera . - dijo mi padre mientras caminaba rumbo a la puerta para salir de la casa al mismo tiempo que mi madre miraba fijamente al vacío son ánimos de verle a la cara. Esa fue la última vez que vieron en esta vida.