PUNTO DE VISTA DE LINDA
Todo empezó cuando mis padres se mudaron a su tierra natal. Según ellos, era para que yo me criara con sus costumbres. Tenía tan solo 5 años cuando eso. Todo era bonito, hasta que ingresé al Instituto a mis 18 años. Yo era una joven muy común, medía 1.60 cm, mi contextura era, por decirlo de alguna manera, más rellenita que otras chicas. Mi pelo me llegaba hasta la mitad de la espalda, era ondulado, mis ojos eran de color miel, pero lo que más resaltaba de mi físico eran mis dos grandes piernas. Mis muslos eran preciosos, ya que jugaba fútbol y los tenía bien tonificados.
El primer día de Instituto me tocó en el mismo salón que mi mejor amiga, gracias al cielo. Nos sentamos juntas cuando empecé a escuchar un bullicio, y entraron los gemelos Rögers. (Los Rögers son los hijos del alcalde: chicos altos, guapos, con cuerpos esculturales, populares y muy inteligentes. Pero, sobre todo, tenían un pasatiempo: molestarme. Pero había pasado un año desde que no los veía y yo había cambiado. Me había desarrollado, y cuando posaron su vista en mí, ambos al mismo tiempo alzaron la misma ceja y una sonrisa maquiavélica se dibujó en sus caras. Yo, por mi parte, los ignoré y seguí hablando con Liliana, mi mejor amiga. Ella estaba tratando de convencerme de ir a una fiesta el viernes, y para calmarla tuve que aceptar. Las clases continuaron normales, pero sentía una mirada en mi espalda que, aunque me causaba curiosidad, mi racionamiento lógico me advirtió que lo mejor era no voltear. Y así duré hasta el viernes.
El viernes, llegó Liliana a mi casa emocionada, a alistarse conmigo para ir a la fiesta. Mis padres confiaban en mí y me daban permiso siempre que prometiera que no iba a hacer nada malo. En mi cuarto había elegido una camisa y un jean, pero Liliana casi me mata por mi elección. A cambio, me dio un vestido n***o que me llegaba a mitad de los muslos.
—Definitivamente no me voy a poner esto, estás loca —le dije a Liliana.
—Eso te va a quedar espectacular, y es el gemelo del mío, solo que el mío es rojo. No seas aguafiestas, vamos iguales, ¿sí? —Liliana me puso cara de cachorro, y odiaba que pusiera esa cara porque ella sabía que yo iba a ceder.
—Está bien, pero será la última vez, ¿entendido?
Liliana asintió y nos empezamos a vestir. Cuando terminamos, nos veíamos increíbles, no lo voy a negar, y el vestido resaltaba mis muslos, lo que hacía ver geniales mis piernas. Me dejé el pelo suelto y me puse un poco de maquillaje. Luego, nos dirigimos a la fiesta.
Cuando llegamos a la fiesta, casi salgo corriendo al darme cuenta de que la fiesta la habían organizado los gemelos.
—No, no y no, yo no voy a quedarme aquí, en la guarida del lobo.
—Tranquila, esta fiesta es demasiado grande para que te cruces con los gemelos. Es más, no creo que ni se den cuenta de que asistimos.
Y, como siempre, me dejé convencer por Liliana. Pero no habíamos demorado ni 5 minutos en esa casa cuando me choqué con un muro andante. Alzo la cabeza y veo a uno de los gemelos, y el otro detrás de él. Qué suerte la mía. Los gemelos me miraron de arriba abajo y una mirada de furia tenía en sus caras. Les pedí perdón y los rodeé, y fui con Liliana, con el corazón a mil.
—Muy grande para que ni se enteren —le reclamo a Liliana, a lo cual ella se ríe.
—Lo siento, cariño, pero tienes un imán en tu culo para atraerlos.
—A mí no me parece gracioso, Liliana.
Mientras estábamos hablando, y Liliana riéndose de mi suerte, un chico se acercó a mí y me invitó a bailar. Acepté, pero cuando nos acomodamos en la pista de baile y el DJ puso una canción movida, íbamos a empezar a bailar cuando alguien me agarró de la muñeca y literalmente me arrastró al segundo piso y me metió en una habitación. Cuando reaccioné y me di cuenta, de que no era una sola persona, sino dos.