Linda apretó los puños, frustrada. —¿Cómo carajos se supone que les demuestre eso? —espetó, fulminándolos con la mirada. Lucas y Lucio intercambiaron una sonrisa cargada de diversión. —Fácil —murmuró Lucio, jugando con la lencería entre sus dedos—. Póntela y quédate frente a nosotros sin reaccionar. Sin estremecerte, sin ruborizarte, sin que tu cuerpo nos delate. Lucas se inclinó un poco más, acercando sus labios a su oído. —Si de verdad no quieres nada con nosotros, muñeca… eso no debería ser un problema, ¿o sí? Linda sintió cómo un escalofrío recorría su espalda. Sabía exactamente lo que estaban haciendo: estaban empujándola al límite, provocándola, esperando que cayera en su juego. Y lo peor de todo era que su maldito cuerpo ya estaba reaccionando sin su permiso. Apretó los dien

