Por fin llegaron a la finca. El aire puro y frío hacía doler los pulmones, pero la verdad que le reconfortaba el espíritu. Vicente la ayudó a bajar del carruaje. La muchacha estaba débil debido a la cantidad de peso que había perdido en el último tiempo y lo poco que se alimentaba. El hombre rogaba a Dios que el cambio de ambiente le ayudara a sanar. Sofía miró toda la casona, era extraño estar allí sin su padre a su lado, que siempre comentaba lo agotado que terminaba luego de el largo viaje. Contuvo el aliento y se concentró en caminar para evitar derramar las lágrimas que amenazaban con salir. Detrás de ella Vicente caminaba a paso tranquilo mientras le explicaba a una silenciosa Charlotte los detalles de su nuevo hogar. En la ciudad se había levantado el insistente rumor que la franc

