El cielo gris hacía de aquella mañana una aún más pesada. De a poco llegaron los personajes más importantes para despedir a Domingo y desearle un buen viaje hacia la eternidad. Sofía se mantenía sentada en una silla en el rincón del salón. No lloraba pero tampoco prestaba atención a lo que sucedía a su alrededor. Todos se acercaban a darle el pésame pero ella apenas si movía su cabeza a modo de aceptación. A Vicente le picaban las manos por ir hasta ella y sostenerla entre sus brazos, pero juzgaba de inoportuno hacer aquello. Juan Pedro sí hizo aquel acto que él tanto deseaba y notó como la muchacha se aferraba con fuerza al pecho de su amigo. Envidió a aquel sujeto pero no era momento de estúpidas escenas de celos. Él también estaba dolido porque Domingo había sido como un padre, lo había

