Capítulo 24

3212 Palabras

Vicente sentía que el aire no ingresaba a sus pulmones. Las manos le sudaban y su mandíbula estaba tan apretada que ya le dolía el costado de su rostro. Aquel sujeto tomaba tan íntimamente la mano de Sofía, de su Sofía, como si tuviese derecho alguno. Charlotte notó su malestar y se encargó de guiar la conversación a la que él poca atención le prestaba. Tuvo que ver como la mujer que tanto amaba se marchaba del brazo de aquel hombre y luego desaparecía en la multitud. Ni siquiera la historia de Tomás sobre una muchacha que lo dejó embobado, y con la que apenas pudo bailar un vals, lo ayudó a concentrarse en el presente. — ¿Alguien me puede decir en dónde se aloja el señor Rodriguez? — preguntó de repente Vicente a sus interlocutores. — El hombre viene de Mendoza pero se queda en la casa

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