Después de unas seis horas de espera, regresa a su hacienda, Natasha escucha la puerta y, corriendo se dirige a la sala principal. —¿Cómo está? —pregunta, al verle entrar por la puerta. Sanlés la mira, sus ojos se llenan de lágrimas, callado y pensativo en cómo puede explicar lo que sucedió decide hablar. —Yo… yo… Natasha, yo lo siento mucho —responde, dejando salir los pensamientos que contiene reprimidos en su cabeza. La cara de Natasha se vuelve de color blanco, esa frase se clava en su corazón como si de un puñal se tratase. Cae al suelo de rodillas y recuerda a Nicoletta, a Antonio, y ahora a Keyla malherida, agonizando por su vida en el avión, llorando por su hijo. —No puede ser verdad, ¿está loco verdad? ¿Dónde está Keyla? ¡Responda! —reclama enfurecida, apuntando con un

